Mucho internet, mucho multimedia… y poco papel en los periódicos y poca opinión. Nuestros columnistas y opinadores más famosos, como Iñaki Gabilondo, Federico Jiménez Losantos, Nacho Escolar y Alfonso Ussía, han desaparecido. Quizás sea mejor así y podamos disfrutar de unos minutos de silencio y meditación, incluso descubrir otros artículos y otras firmas que se nos habrían pasado de largo en días normales.
Este 18 de abril de 2014, Viernes Santo, me permito agrupar varias columnas bajo el tema común del periodismo, la esencia de esta profesión y su futuro.

David Gistau (ABC) empieza la suya con una declaración de respeto a Esther Palomera, despedida por Francisco Marhuenda de La Razón.
Imaginen un panel de corcho como los de las películas policiales en los que el FBI tiene pinchados con chinchetas los rostros de los criminales que persigue y marca con una equis roja aquellos que ya han caído. A veces creo que en La Moncloa tienen un panel así, pero con rostros de periodistas críticos -frente y perfil-, muchos de los cuales han pasado por el rotulador rojo esta legislatura. Por ejemplo, ya no puedo mirar a mi amiga Esther Palomera sin imaginarle una equis estampada en la cara. Como deje correr la imaginación, la veré vestida de naranja y con grilletes en los tobillos.
Y concluye que en el ataque a la libertad de prensa Rajoy es peor que Zapatero.
Jamás vi un periodismo más agredido por el poder político. Más obsesivamente vigilado, no ya en el nivel de los grandes directores y editores y de los movimientos empresariales urdidos para desactivar una voz, sino en el de la opinión expresada por el más humilde tertuliano. Zapatero, que fue un presidente infame, tenía sin embargo un respeto por la libertad y la diversidad de prensa que iba más allá del pronunciamiento retórico. Fabricó sus medios clientelares, por supuesto, con los visitadores del basket, pero siempre encajó el contrapeso.
Siempre he pensado que, para el individuo, la verdadera libertad no es posible sin independencia económica. Lo mismo ocurre con los medios de comunicación que, al carecer de independencia económica, ni se plantean la libertad. Así las cosas, ni siquiera hace falta que el Gobierno use la emergencia de la crisis para imponer a los periodistas un sentido de la responsabilidad patriótica mendazmente inspirado en el de la Transición. Que lo hace.
Fernando Vallespín canta a Snowden, bueno, a los periódicos que publicaron las filtraciones de Snowden y que acaban de recibir el Pulitzer: The Guardian y The Washington Post. Para mí lo justo habría sido dárselo al espía traidor, ¿no?
La muerte del periodismo de calidad será también el fin de la democracia. Porque es imprescindible que el debate no caiga en un mero intercambio de ideas entre quienes piensan lo mismo; porque la crítica no se puede convertir en una actividad perseguida y sospechosa. Pero, sobre todo, y el caso Snowden es una prueba irrefutable de ello, porque hoy el poder ya no se recubre de sus habituales mantos institucionales. Ahora ha mutado hacia otros espacios, se ha hecho más opaco e invisible, «descontrolado». Snowden nos permitió perder nuestra candidez a este respecto. Aunque no hubiera sido nadie de no poseer un mensajero valiente, esos intermediarios que han recibido el premio.
¿Es periodismo de calidad dar un vídeo falso sacado de Youtube como una secuencia de una operación a Hugo Chávez?, ¿o dar los resultados de las elecciones en Quebec un día más tarde que el resto de la prensa española?, ¿o prohibir réplicas de aludidos?, ¿o censurar a sus columnistas? A algunos se les nota demasiado las ganas de alabarse alabando los periódicos que los acogen.
Para Tertsch el asunto de Snowden no es tan edificante como pretende Vallespín. El periodista recuerda que Snowden se prestó a preguntar a Putin si los servicios de información rusos espían a sus ciudadanos como los occidentales y éste dijo rotundo que no.
Pero las cuatro horas con Putin no habrían sido completas sin un elemento que destacara la ridícula debilidad occidental. Y ahí estaba Snowden para servir. Preguntó a Putin si también Rusia vigila obsesivamente a sus ciudadanos. Y Papá Putin le dijo a su criatura que jamás. Y es cierto. Rusia también es superior porque sus Snowden acaban todos convertidos en cadáver con olor a polonio.
Persecución a un periodista por la UGT de Asturias
¿Y qué ocurre en España, donde damos lecciones de justicia universal y buenos sentimientos a todo el mundo?, ¿se premia a los periodistas que denuncian corrupciones y escándalos?

Gregorio Morán dedica su largo artículo de La Vanguardia a su colega, amigo y paisano el periodista Xuan Cándano, sancionado en su trabajo por revelar la corrupción de la UGT asturiana en la revista Atlántida XXII.
En el número de septiembre de 2013 la revista había dedicado la portada de su número 28 a una institución que en Asturias -y en casi toda España- constituye cada día con mayor anhelo lo más similar a una organización mafiosa, la UGT, antiguamente conocida como Unión General de Trabajadores. La portada del número no dejaba lugar a dudas y precisaba el carácter de asociación inclinada al chanchullo: «UGT Sociedad Anónima, un Sindicato Empresarial». Con el título genérico de «UGT-Asturias: negocios, mentiras y cintas de audio», se relataba aquello que Vito Corleone dejó dicho para el bronce: «no es nada personal, sólo son negocios».
No se reta a los herederos del padrino en vano. Exactamente ocho días después de la aparición del reportaje denunciador de UGT en Atlántica XXII, y caso insólito en la historia de un sindicato, los directivos de UGT que copan la televisión en Asturias, ya sea la estatal o la autonómica, castigaron al autor del informe, Xuan Cándano, con 20 días de empleo y sueldo en su condición de periodista de tropa en TVE-Asturias. Apelaron a una antigua productora, abandonada hace 18 años pero no borrada del registro. Lo gracioso de la historia, si es que tiene alguna gracia, es que la relación de militantes del PSOE o de UGT o simpatizantes de la cazuela que tienen productoras y trabajan a pleno rendimiento resulta abrumadora e impune.
Esto a Vallespín no le interesa porque no es nada ‘fashion’ lo que ocurre en una ciudad de provincias como Oviedo. ¡Donde estén la CIA, Nueva York y el Pulitzer que se quiten todos los casos de corrupción con boina o gaita!
Como contrapeso a esta columna arisca, una en el mismo periódico que explica la decadencia de la prensa. Fernando Ónega demuestra que está dispuesto a tragar carros y carretas con tal de seguir escribiendo (y cobrando) en La Vanguardia como el periodista de cuota castellanoparlante. Así comienza su peculiar crónica de la final de la Copa del Rey.
A un lado estaban las huestes culés, con sus camisetas y sus banderas. Las banderas eran senyeres y bastantes estelades, dispuestas a hacer del partido un acto de afirmación nacional. Un par de ellas aparecen en las fotos a un metro del rey Juan Carlos. Hubieran sido una hermosa imagen de integración de enseñas bajo la Corona, pero en este caso eran más bien de desafío.
¿Cómo se puede integrar bajo la Corona a los españoles que quieren romper España? Sorprende que uno de Letras no comprenda que en política también se aplica el principio de contradicción de la filosofía: lo que no puede ser, no puede ser. Equidistancia, sentimiento, consenso, paz, amor y buenos alimentos.
Menuda semanita para la gran esperanza blanca del PSOE
Pasemos a un asunto ya cotidiano: la corrupción en Andalucía. El día 14, Ignacio Camacho publicó el mejor análisis que leí en la prensa nacional sobre la bronca entre Susana Díaz y sus aliados de IU a cuenta de los ‘okupas’ de la corrala Utopía. Hoy Carlos Herrera (ABC) se ocupa del significado del nuevo caso de corrupción para los andaluces.
Conviene olvidarse de privilegios de otras regiones, de deudas históricas o de supuestos abandonos existenciales de los trabajadores andaluces: la tragedia andaluza hay que adjudicársela al régimen socialista y a su práctica ineficaz y desahogada de los fondos públicos. Hay que reprochárselo a quienes han gestionado irresponsablemente el carrusel de ayudas y fondos europeos llovidos sobre la región en estos últimos veinte años. Hay que atribuirlo al cortijo en el que se ha priorizado permanentemente a los propios en detrimento del interés general.
Puede argumentar la Junta lo que considere oportuno en defensa de su ejecutoria, pero no puede afirmar alegremente que todo este asunto es un atropello a los andaluces. La única responsabilidad que puede atribuírseles a estos es, en cualquier caso, su pertinaz tradición en el voto a quienes protagonizan su adversidad colectiva.
Esta ha sido una semana de desmontaje del periodo feliz de Susana Díaz.
El justo perfecto habría sido crucificado en cualquier época
Un par de columnas sobre la muerte de Cristo, que tienen la virtud de hablarnos sobre el amor, la redención y el sacrifico.
José María Marco (La Razón) se centra en la sorpresa de María Magdalena.
El gesto por el que María Magdalena intenta mostrar de nuevo su amor a Cristo recibe por parte de este una respuesta muy debatida, pero que la «Vulgata» y la pintura europea han fijado en tres palabras: «Noli me tangere», «No me toques».
Jesús sabe que María Magdalena, la más fiel de todos los discípulos, la primera que contará la Resurrección, no necesita pruebas. Al desprenderse del intento de abrazo, también hace de ella el primero de los cristianos a los que se les pide, o se les concede, la fe después de la irrupción del Señor en el tiempo humano. María Magdalena, como entendió bien una larga tradición católica, recibe el mandato de ser el modelo del cristiano por venir, consciente, precisamente porque tiene que superar su propio apego al Señor hecho hombre, de lo que la Resurrección significa en la historia de la humanidad.
Ignacio Ruiz Quintano (ABC) medita sobre el sacrificio de Cristo:
En el segundo libro de su «Jesús de Nazaret» saca Ratzinger a colación la hipótesis teórica de Platón, que en su obra sobre el Estado trata de imaginarse cuál hubiera sido el destino del justo perfecto en este mundo, llegando a la conclusión de que habría sido crucificado.
Precisamente en el escarnio, dice Ratzinger, el misterio de Jesucristo se demuestra verdadero. Es el gran relato de la historia de la humanidad. Y quienes así lo creen (el sufrimiento de Jesús, su agonía, perdura hasta el fin del mundo, tiene escrito Pascal) son los creadores de la cultura más elevada que se conoce.
David Trueba llora por el garrote vil y se olvida de la guillotina francesa
Gran columna de Ferrer Molina en El Mundo, desde el mismo título: ‘Contra el consenso’. «Oh, ah, será indecente», pensarán las Raholas y los Mayor Zaragoza de guardia. El autor comienza hablando de Ucrania y termina con… ¡Exacto! Lo ha adivinado, amigo lector.
Se ha aceptado como un dogma que el consenso es la mejor forma de solucionar los problemas, seguramente como consecuencia de la inclinación que existe en las sociedades avanzadas a orillar los conflictos, a esquivar el enfrentamiento. Esa predisposición, fruto del pensamiento relativista posmoderno, robustece a quienes no creen en el pluralismo. A la postre, son los intransigentes, los sectarios, los fanáticos, quienes utilizan la tolerancia general para allanar el camino a sus propósitos particulares. Si ya de entrada estoy dispuesto a aceptar que mi interlocutor tiene parte de razón y que podremos llegar a un entendimiento, la solución siempre se escorará hacia el otro, por estrafalario que sea su punto de partida.
Es en ocasiones así cuando se ve el error de haber sacralizado la idea del consenso o la patraña del hablando se entiende la gente. Ni la virtud está en el término medio ni el consenso es un valor en sí mismo. Hay bienes que no están en almoneda, bienes que deben protegerse siempre. En Ucrania como en España.

David Trueba es ya un habitual en esta sección de la columna ridícula de la jornada.
David (convertido en Davis, con ese, en El País) aporta el enésimo ejemplo de cómo la izquierda española une en sí el desprecio a su país (salvo para cobrar subvenciones) y la ignorancia de la historia. El cineasta perora sobre la película de Berlanga ‘El verdugo’, que se ha reestrenado en París, y una lámina de Gustavo Doré de la ejecución a garrote de un asesino en Barcelona.
Pero entre las mejores viñetas de sus viajes por España hay una espléndida lamina que presenta la ejecución de un asesino en Barcelona. Ahí es donde Doré y Berlanga se dan la mano con 100 años de distancia. Un mismo París y un mismo garrote vil, ejercido con una gris rutina, a los ojos de un pueblo desencantado e indiferente. Esas dos estampas goyescas se dan la mano y presentan una curiosa afinidad, que más allá del tema, nos habla sobre la capacidad de síntesis del arte y su trascendencia a lo largo del tiempo, su poder para ilustrar las páginas de la historia y visualizar el carácter de un país.
David, ¿y qué piensas de las ejecuciones con guillotina en Francia en plazas públicas?, ¿sabes acaso que la guillotina se usó hasta los años 70 del siglo XX?, ¿qué te parece el carácter del pueblo francés que asistía a las ejecuciones públicas?, ¿son preguntas demasiado complicadas para tu cabeza progresista?
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