Miguel Arias Cañete se reunió con el sempiterno experto electoral del PP, Pedro Arriola, para preparar el debate y, como ocurre desde hace más de 20 años, todo debate en el que el candidato del PP se somete a las directrices y los consejos de Arriola lo gana el candidato socialista, aunque éste sea la chica que se enamoró de Jesucristo Superstar. El popular se encastilla en los datos, mientras que el socialista recurre a los sentimientos y la negación de la realidad, y, claro, gana el segundo.
Para mí la conclusión del debate es que Arriola cobra del PP y trabaja para el PSOE.
Debido a la hora a que se celebró, apenas hay columnas sobre el duelo bipartidista. Las que he visto están casi todosas en Internet, y aquí se rompe la aparente ecuanimidad que gobierna la prensa de papel. Mientras ésta (con alguna excepción más risible que admirable) sentencia que el partido concluyó con un empate, los columnistas de los digitales afirman que ganó Valenciano.
De este nuevo golpe de la prensa digital a la de papel está ausente Libertad Digital que sólo aporta un editorial, y queda a la altura de El Imparcial de Anson y Vila.
El único que se atreve a defender la victoria, ¡y por goleada! de Arias Cañete es el inefable Francisco Marhuenda (La Razón). Empecemos con él. ‘La derrota de Valenciano’ titula su columna.
La candidata socialista optó por un discurso radical con unos tópicos más propios de IU y otras formaciones que no tienen ninguna posibilidad de gobernar. Desde el primer momento dibujó una Europa gobernada por la derecha sin recordar lo que sucedió cuando gobernaba el PSOE: una crisis que no supieron gestionar y el escenario catastrófico que afrontaba España en 2012. Todo lo que decía Valenciano conducía a la pregunta de por qué no lo hicieron cuando gobernaban.
La experiencia y la formación del candidato popular le permitieron una clara ventaja sobre los tópicos que se iban sucediendo en la argumentación de su rival. No es sorprendente que una nerviosa Valenciano intentara permanentemente interrumpir a Arias Cañete cuando desmontaba con argumentos la estrategia radical y populista de los socialistas. Fue una clara derrota de Valenciano.
A CAÑETE LE ENTERRARON LOS PAPELES
Pablo Sebastián (Republica.com) titula su columna a la inversa que Marhuenda ‘Valenciano ganó el debate’.
lo cierto es que Elena Valenciano derrotó a Miguel Arias Cañete en el mano a mano en TVE, donde ambos candidatos -y la inexistente moderadora- ignoraron cuestiones de actualidad como son el desafío catalán, la corrupción o la crisis del bipartidismo y en consecuencia la gran coalición entre ambos partidos propuesta por Felipe González, unos días atrás
Más política, más social, más taimada y agresiva e incluso más elegante en formas y maneras -sin leer como hacía Cañete- Elena Valenciano ha resultado ganadora del debate electoral televisado al que se resistía el PP y con razón, porque los ‘populares’ tenían más que perder con semejante encuentro, el que Valenciano sin duda aprovechó en su favor. Sobre todo cuando Cañete cometió el error de calificar de ‘maravilloso’ el rescate de la banca española -luego lo llamó ‘ejemplar’.-, pero era tarde porque Valenciano, alertada durante el descanso por su equipo, le recriminó semejante calificación, y con razón.
Rosa Belmonte reconoce en ABC que Valenciano se sintió más a gusto con su adversario político que con los votantes que el otro día le abuchearon.
Después del «ambiente no muy favorable» sufrido por Elena Valenciano en un mercadillo de Torrejón, enfrentarse a Miguel Arias Cañete es estar a cubierto, estar entre amigos, estar protegida. Casi como para ponerse a cantar el «Me siento seguro» de Mocedades, aunque ella sea más de Nacha Pop. Visto lo visto (oído lo oído) en esa visita, el enemigo es el votante que te llama ladrón, no el contrincante que saca gráficos.
Nada más empezar, el minipunto fue para Valenciano, que, con mucho encogimiento de hombros, esperaba convencer de la importancia de las elecciones, que dijo que los socialistas se proponían cambiar Europa y cambiar España. Cañete se quitó las gafas… Y empezó a leer. En ese momento daba igual lo que dijera. Él estaba leyendo su introducción y Valenciano no lo había hecho.
El debate siguió como un ruido (el de los papeles de Cañete) y una enciclopedia de clichés por ambas partes. Al final te obligan a tirar de W.C. Fields: «Demonios, yo nunca voto por nadie, voto en contra de alguien».
ZARZALEJOS DESTACA EL DESPRECIO DEL PP A LA COMUNICACIÓN
José Antonio Zarzalejos (ElConfidencial.com) da en el clavo para explicar el fracaso del candidato del PP:
Arias Cañete en este debate, como la ausencia de Arenas en el de las elecciones andaluzas en la televisión pública, es tributario del enorme desprecio del PP a la comunicación
Sobre el debate de ayer, Zarzalejos escribe lo siguiente:
El debate en TVE no lo ganó Elena Valenciano, pero sí lo perdió clamorosamente el exministro de Agricultura y cabeza de lista del PP, Miguel Arias Cañete. Su desplome se produjo -y se comenzaba a barruntar- cuando calificó de «maravilloso» el llamado rescate financiero dadas las condiciones en que fue concedido a España: diez años de carencia y el 0,5% de interés. Luego, el popular lo trató de enmendar -«positivo», dijo- pero ya era tarde; demasiado, porque Arias Cañete leyó, no debatió, estuvo a la defensiva, se remitió a Zapatero con insistencia, apareció nervioso y a veces confuso. No preparó el popular un debate que creyó ganado. No le acompañó ni la corbata; ni su apariencia -congestiva-; ni su vocalización, que resultó cerrada y obtusa. Se limitó a defenderse, a evitar que la socialista le rebasase. Pero lo hizo.
Valenciano hizo los deberes; se preparó a base de bien, en datos y mensajes, se fue arriba cuando caló que su adversario venía demasiado suelto y en exceso confiado. Miro a la cámara, utilizó recursos emotivos -«soy madre…»- no cometió errores y estuvo suelta, desenfadada y agresiva.
En la izquierda socialista, José María Calleja (Eldiario.es) no oculta su alegría y recurre a los mismos tópicos que Valenciano.
Cañete se quedó a vivir, leer, con la herencia supuestamente recibida de ZP, y Valenciano le castigó los flancos de la carcundia ley del aborto, con el recorte de las libertades y con los derechos de las personas con discapacidad. Cuando Cañete hablaba de estar con los «discapacitados», su nivel de credibilidad era menos que cero.
Valenciano insistió en los millones de mujeres maltratadas en Europa, 13, en medio de la indiferencia granítica de Cañete. Le contó que los modelos de Rajoy, Valencia y Baleares, no tenían un pase, que el PP se cargaba la educación y la sanidad públicas, mientras Cañete, dale que te pego leyendo, le daba en la mandíbula con la herencia y el recorte de las pensiones.
Cañete perdió, no solo por leer, Valenciano salió airosa, aunque al principio el micrófono hacía ruido y quizás porque el flequillo le dejaba libre el ojo izquierdo.
PESE A TODO, PP Y PSOE ESTÁN SATISFECHOS
A José Alejandro Vara (VozPópuli.com) le asqueó el discurso de Valenciano, pero reconoce que superó a Arias.
La candidata del PSOE se ofreció mucho más agresiva, casi tertuliana, con interrupciones constantes, clichés, eslóganes, frases hechas y tópicos manoseados desde una izquierda que perdió su rumbo cuando cayó Muro. El aborto, la desigualdad, la pobreza, las mujeres, los recortes, fueron sus constantes argumentales. Tanto, que incluso cuando el guión señalaba a Bruselas ella se agarraba a Irak como una posesa.
En el turno de las políticas sociales ganó por puntos la socialista, muy cómoda y resulta en su desparpajo cuasi peronista sobre niños pobres, familias que sufren, muches perseguidas, recorte de libertades. Y el aborto, un pasaje que Cañete trajo mal aprendido y que Valenciano esgrimió como la piedra filosofal. Llegó al punto del delirio al afirmar que «ustedes quieren meter en la cárcel a los ginecólogos y pner en libertad a los narcotraficantes». Sal gorda, palabrería de trinchera.
Sin embargo, Vara cree que los gerifaltes de los PP y del PSOE están satisfechos.
Cañete buscaba animar a los suyos, conseguir la anuencia el votante mayor de 50 años, conservador, tranquilo, irritado con el zapaterismo y lo que significó. Valenciano apostó por las mujeres y los jóvenes. Un reparto razonable pero seguramente ineficaz. La sesión de anoche no logrará mover ni un punto la tendencia de voto. En los cuarteles generales del PP y PSOE, anoche se respiraba con satisfacción. Prueba superada.
Un pulso insípido, anodino, en el que Valenciano se mostró estomagante, pero más incipiente y resuelta. O sea, que visto lo visto, que vuelva Zapatero para salvarnos.

Enric Juliana (La Vanguardia) habla de conspiración entre PP y PSOE para acaparar el mayor porcentaje de voto y para no mencionar a la pobre Cataluña.
El bipartidismo ha de mostrarse enérgico con el adversario para que cada uno de los dos partidos más beneficiados por la ley d’Hondt puede mantenerse por encima del 30% del voto emitido. Una suma superior al 60%, ese es el umbral de seguridad para que el régimen político pactado y refrendado en 1977-78 resista la erosión estructural derivada de una crisis sin antecedentes.
Me da risa ver a Juliana, escribano de La Vanguardia, que pidió el sí en el referéndum constitucional, y de CiU, que tuvo a Miquel Roca en la ponencia constitucional, quien consiguió introducir el término nacionalidades, acusar al actual régimen constitucional de estar manchado con el pecado original del pacto bipartidista.
Golpes duros, más de uno. Valenciano, muy batalladora, preguntó a Cañete por las transferencias de dinero del PP a Suiza -«un país que no pertenece a la Unión Europea y que no parece necesitar un rescate», y el exministro de Agricultura, sólido y quizá con demasiados apuntes, repitió dos veces que PSOE es igual a catástrofe económica.
Sorpresa. Ninguna referencia a Cataluña en el debate del bipartidismo español. La mecánica y el temario estaban estrictamente acordados, La cuestión de Cataluña (y de Escocia) si estuvo presente en el debate europeo, con alusiones de todos los candidatos, incluido el izquierdista griego Alexis Tsipras, alérgico al nacionalismo. En España, silencio. Pactos de Gran Coalición.
LA DERECHA, NÚMEROS. LA IZQUIERDA, MASTURBACIONES
Dos cronistas muestran las carencias intelectuales de cada sector político.
Decía al principio que el PP se aferra a los datos como el soldado se encasqueta su casco durante un bombardeo enemigo. Luis Ventoso (ABC) ilustra este defecto de la derecha de confiar su suerte a la economía.
Al final lo importante son las ideas. Merkel no es a priori la mejor comunicadora del orbe, pero ha alcanzado la comunión ideológica con su pueblo, que le compra sus recetas rigoristas. Hoy las ideas se llaman mayormente «economía». ¿Qué lagunas tiene usted? Le preguntó en 2012 a Valenciano su periódico de cabecera, recién elegida vicesecretaria del PSOE. Ella fue honesta y respondió con la verdad: «Una muy grande es la economía». Desfilar hoy por la arena europea sin conocimientos económicos es como pretender correr el Tour sin saber andar en bici. Carente de recetas en la cuestión medular, a Valenciano solo le quedaba anoche tirar de eslóganes manidos, oficiar añejos conjuros contra luciferina derechota y rasgarse las vestiduras por la terrible opresión que al parecer sufre hoy la mujer en España, por lo visto equiparable a la de Afganistán.
¿Pero qué sabía Zapatero de economía y pese a ello ha sido el presidente más votado por los españoles? Ni Julio César, ni los Reyes Católicos, ni Napoleón, ni Lenin, ni Reagan obtuvieron sus triunfos políticos hablando de sextercios, escudos, luises, rublos y dólares.
Antonio Caño encargó a Juan José Millás una crónica del debate para El País, y como ya conocemos las obsesiones sexuales de Juanjo (reconoció que le excitaba muchísimo imaginar a una mujer en un hotel de Buenos Aires leyendo las aventuras del asesino Raskolnikof) a éste le ha salido un artículo con sus sueños húmedos.
El público asistente, suponemos que irresoluto, rebañaba en el interior de su alma los restos de ingenuidad política de que aún disponía para no parecer cínico delante de los hijos, que exigían el cambio de canal bajo la amenaza de retirarse a su habitación (es un suponer) a masturbarse. Bueno, algo de onanismo desfallecido había también en las intervenciones ordenadas y mortalmente aburridas de los contendientes.
LA ESCISIÓN DE LA DERROTADA ETA: IBIL
Los últimos párrafos, para una selección de columnas y tribunas sobre otros asuntos.
Jiménez Losantos (El Mundo) prosigue su campaña contra Fernández Díaz, aderezada con su experiencia en asesinatos adquirida en la lectura de novela negra.
Pero, vamos, ni el señor Twitter ni el señor Facebook ni la señora Instagram mataron a nadie. Eso está bastante claro. O bastante turbio, dado el empeño de Interior en desviar hacia el vandalismo de las redes sociales la gravedad del caso.
No está bastante claro por qué la Policía no impidió el crimen más anunciado y fallido de la Historia. ¿Y por qué no han interrogado al policía -marido y padre de la víctima- por su relación con el caso? Eso sí que está oscuro.

Santiago González (El Mundo) se ocupa de la apairición de una escisión de ETA, ésa que ya estaba vencida, derrota y humillada por el Estado democrático, de nombre Ibil (Foros Revolucionarios).
Es verdad que de momento no son más de medio centenar, pero se muestran muy vocacionales. En las últimas elecciones legislativas reclamaron la abstención contra las candidaturas de Amaiur.
No sabemos si esto se resolverá con nuevas concesiones a la izquierda abertzales para que no sigan a los radicales. En fin, es lo que hay.
Ignacio Sotelo (El País) ha renunciado a convencer a los catalanes separatistas de que deben abandonar su proyecto antiespañol y racista y opta por reñir al Gobierno nacional, al que considera dominado ¡por el «nacionalismo español»!.
Confieso que no veo salida, como no sea una trágica, al enfrentamiento de las aspiraciones secesionistas de una parte del pueblo catalán que se crece con las dificultades, y la cerrazón del nacionalismo español, embutido, como todos los nacionalismos, en supuestos metafísicos, que los convierten en principios irrenunciables, que hacen imposible cualquier negociación basada en consideraciones racionales, o por lo menos, razonables.
En democracia, nada es sagrado y todo es discutible y negociable incluso el orden jurídico que incluye a la Constitución en en la cima. Pero algo tan elemental ¿podrá cuajar en una democracia harto imperfecta, que está a punto de derrumbarse, barrida por la ineptitud y la corrupción?
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