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El protagonista indiscutible de los espacios de opinión de la prensa de papel de Madrid (la de Barcelona va a su aire en esta ocasión) el 11 de septiembre de 2014 es Emilio Botín. Se multiplican en las diferentes cabeceras capitalinas los artículos de elogio al que fuera el banquero por excelencia, el presidente del Grupo Santander. Los textos no sólo tienen por autores a periodistas, abundan los firmados (que lo hayan escrito ellos es cosa más difícil de saber) políticos (sobre todo del PP), empresarios y altos directivos del sistema financiero español.
Lo interesante viene a la hora de ver qué periódicos son los elegidos por los políticos del partido y, sobre todo, del Ejecutivo del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante para elogiar a Botín. Sin duda alguna el favorito es El País, siempre tan mimado por el PP marianista, con un ministro al frente de una de las carteras más importantes y un conocido secretario de Estado.
La Razón se tiene que conformar con una breve aportación de una ministra. El Mundo y ABC no tienen cuota ministerial, aunque el periódico ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo se puede consolar con la firma de la secretaria general del PP y presidenta de Castilla-La Mancha. El diario madrileño de Vocento, ni eso.
Hacemos sonar, como cada día, nuestra armónica de afilador y pasados a dar cumplida cuenta de todo ello.
Arrancamos en El País, donde el mismísimo Juan Luis Cebrián se ha dignado a escribir, algo que reserva para las grandes ocasiones. Titula El paraguas del banquero.
No son estos tiempos, desde luego, los más apropiados para hacer el elogio de la banca que, por la naturaleza de su propia actividad, concita con frecuencia la expresión de iras y agravios, muchas veces agitados por el populismo político. Pero asumiendo los excesos e injusticias derivados del funcionamiento del sistema financiero, y por mucho que pese a sus detractores, la figura de Emilio Botín reluce con brillo propio entre quienes han contribuido de forma activa al mejoramiento de la sociedad española, al prestigio de nuestro país en el mundo y al desarrollo de nuestros estándares económicos e intelectuales.
Es un largo texto de elogio, que concluye:
España y América Latina le deben mucho más de lo que aparece en los balances de sus bancos. Y esa sí es, desde luego, una deuda del todo impagable, por mucho que mejore la coyuntura.
Ya puestos, este humilde lector de columnas cree que Cebrián podría haber añadido que el Grupo PRISA también le debe mucho a la ayuda del Santander, que le refinación en términos muy generosos. Por cierto, que El Mundo no ha perdido la oportunidad de recordarlo en una noticia publicada esta misma jornada —Prisa y Vocento, dos grupos de medios ligados al Santander–.
El ministro encargado de elogiar a Botín en El País es ni más ni menos que el responsable de Economía, Luis de Guindos, que se refiere a él como Un banquero sin fronteras.
En estos casi tres años como ministro de Economía, he tenido una relación con don Emilio sincera y cordial por ambas partes. Y tuvo su mérito sobre todo en la primera parte de la legislatura. Tiempos difíciles en los que el primer banquero de España me demostró que la finura y la elegancia no están reñidas con la campechanía que solía demostrar en público.

No puede evitar la tentación de lanzar un mensaje en elogio al Ejecutivo del que forma parte, aunque trate de venderlo de otra manera.
Hoy estamos saliendo de la crisis, con el esfuerzo de toda la sociedad española. Que un banquero como Botín supiera estar a la altura de las circunstancias es algo que todos le debemos agradecer.
Y cerca de De Guindos encontramos al incombustible secretario de Estado de Cultura y articulista relativamente habitual de El País, José María Lassalle. Dedica al banquero muerto la columna titulada Un mecenas.
El espíritu de aquellos capitalistas que, según Mann, querían humanizar el dinero a través de la cultura, fue hecho propio por el financiero que transformó el banco familiar en uno de los mayores del planeta. Nunca se jactaba de ello y prefería mantenerse a la sombra de su mujer, Paloma O’Shea. Sin embargo, iniciativas como la Fundación Santander, Universia, la Sala de Arte de la Ciudad Financiera de Boadilla o el Centro de Arte Botín dejan una huella particular en la geografía cultural de toda España e, incluso, de América Latina. No cabe duda de que se duele su muerte en las Bolsas de todo el mundo, pero también, aunque de manera más discreta y humana, en los espacios que habita la cultura y la belleza, a las que ayudó a sobrevivir como mecenas.
Lo más relevante de este artículo no es su contenido, sino que sea un refuerzo a la presencia de De Guindos en las páginas de El País.
Pasamos a El Mundo. Como decíamos más arriba, la presencia del círculo político de Rajoy se limita a María Dolores de Cospedal, cuya firma acompaña un texto titulado El arte de las finanzas.
Él, que siempre tuvo como libro de referencia ‘El Arte de la Guerra’ para tomar sus decisiones, nos enseñó el arte de las finanzas.
Sin duda, Emilio Botín es una demostración de éxito, de alguien que no se conformó con lo que ya tenía, sino que creyó que siempre se puede mejorar y que nuestras vidas pueden avanzar más allá de los obstáculos y las barreras.
Muchas gracias.
Tampoco es que diga mucho la presidenta de Castilla-La Mancha, la verdad.
Y sin salir del diario de Unidad Editorial nos topamos con el artículo polémico, por puro provocador, del día. A nadie le sorprenderá que su autor sea Salvador Sostres. Se titula Muere Emilio. Arranca con fuerza:
Que muera un pobre es importante para los familiares pero que muera un rico es trágico para España. Lo fundamental en un país son sus ricos y la turba es intercambiable. Lo que da identidad, elegancia y distinción a un Estado son sus millonarios.
La muerte del banquero Botín es una gran pérdida para España.
Sostiene:
Botín fue mejor que cualquiera que se quejó de un banco. Botín aportó más bienestar e hizo más caridades de lo que jamás han hecho por los demás los de la denigrante infamia de ir a buscar a las personas a sus casas. Los puestos de trabajo que Botín creó han sido más importantes que la lamentable acción de cualquier sindicato.
Si todavía tienes algún derecho, oh quejica de cada pancarta, es porque Botín te lo paga. ¿Quién crees que mantiene la socialdemocracia? ¿Quién crees que financia las conquistas sociales? ¿Quién la sanidad de tu hijo, su escuela, tu subsidio? ¿Los sindicatos?
En esto razón no le falta. Y concluye:
Él cumplió con su misión y la vida de mucha gente fue mejor gracias a su paso por el mundo. ¿Qué has hecho tú, pequeña bestia vegetariana? Pues anda, cállate.
El problema del artículo no es el fondo, que al afilador de columnas le parece bastante acertado, sino unas formas un tanto brutas. También es cierto, no nos engañemos, que si Sostres no fuera tan provocador igual no publicaba en El Mundo. De todos modos se pueden decir algo parecido con mayor elegancia. Un ejemplo es el texto de Ignacio Camacho en ABC, titulado El ‘tyccon’.
Malos tiempos son éstos en que mucha gente se alegra de que muera un banquero. En la España de la crisis se ha instalado un creciente miserabilismo que funciona con el combustible del resentimiento.
Un buen ejemplo de esto que denuncia Camacho es la colección de burradas que han soltado en Twitter personajes como Beatriz Talegón, Willy Toledo, Sor Lucía Caram, Ada Colau, Tania Sáchez o Alberto Garzón —La progresía desbarra en Twitter con la muerte de Botín: «Pasa de presidir un banco a regentar una caja»–.
Camacho dice de Botín:
Dirigía un banco, no una ONG, pero su contribución al llamado capitalismo popular y a la prosperidad de la clase media es irrefutable. El éxito lo convirtió en un magnate internacional, un tycoon, una de esas piezas que sostienen como arbotantes la bóveda del sistema. Mandaba, y mucho, con más influencia que poder; mandaba incluso hasta dar nombre a una doctrina jurídica exculpatoria que no proporcionará lustre al derecho hispano. Y mandó más cuando todo empezó a desplomarse y él resistía no sólo incólume sino agigantado. En la hora de pagar los errores del sueño de la razón salió bien librado porque había cometido menos que la mayoría de sus colegas.
Una buena explicación. Y terminamos con la aportación, más bien triste, de el Gobierno a las páginas de La Razón. La encargada de firmar en las páginas del periódico de la ‘disciPPlina’ es la ministra de Fomento, Ana Pastor. Su artículo se titula Un talento que hace historia.
Desde estas líneas quiero enviar, como ya he transmitido personalmente a su familia, mi más sentido pésame, y hacerlo extensivo a todos sus seres queridos y a todos los profesionales que integran el Banco Santander.
Botín fue un hombre emprendedor, dinámico, con un gran talento empresarial, que convirtió al Banco Santander en una de las compañías más importantes del mundo. Todo un importante referente internacional.
No busque usted, estimado lector, algo más profundo o interesante en el texto de Ana Pastor. No lo va a encontrar. Y nosotros nos preguntamos, ¿tan malos son sus asesores de escribirle los discursos y los artículos o es que este lo ha redactado ella y no da para más?
Y en este repaso de columnas no podemos dejar pasar esta ‘perla’ de Maruja Torres en Eldiario.es y que deja bien a las claras en ‘Último adiós de los ‘sinbanco’ que la progresía no está por la labor de hacer loas a la obra de Emilio Botín:
«Lo dije este miércoles en un tuit, y lo repito aquí. Las gentes del Partido Popular -me gusta llamarles «gentes», al estilo Julio Iglesias, creo que corresponde a su grandeza- no deben desolarse, ni siquiera los más acérrimos, ante la desaparición de Ana Botella en el panorama de sus alcaldables».
Añade que:
«Lo que a mí me pone tensa hoy es haber descubierto mi alma negra. Y es que ante la muerte de un banquero no he sido capaz de tenderme en el suelo y orar, y eso que Emilio Botín era -y sus herederos siguen siéndolo- acreedor devenido en accionista del diario en el que antaño pernocté. Pero es que no estoy acostumbrada a que los banqueros traspasen».
«Habituada a recordar a los prescindibles, a los desechados por estas gentes, ignoro en qué consiste la loa a esos hombres que supieron construir un imperio y llevar el nombre de España más allá de nuestras fronteras -Suiza, por ejemplo- y que, no contentos con ello, siempre echaron una mano a los medios de comunicación endeudados, a los exmandatarios que iban por ahí dándose cabezazos como topos, en busca de una puerta giratoria, a ese hoy doliente don Isidoro de El Corte Inglés, al que compró nuestras tarjetas de compra a crédito para que no se viera en la miseria».
Y concluye que:
«¿Qué podemos hacer nosotros, los sinbanco, en homenaje a este hombre que repartía su generosidad a bolsas llenas, y que nunca pedía nada a cambio, posiblemente ni morirse? ¿Comprarle una corona colectiva? Poco me parece.
Andad, hijos míos, coged la Visa y acercaos a un cajero automático del Santander. En la medida de lo posible, dedicadle una comisión póstuma.
Seguro que eso sí lo agradece».
Siga en Twitter al autor de esta revista de prensa. El usuario es @chinchetru.
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