Évole: "No me sorprendería nada que Pujol ganase otra vez las elecciones si volviera a presentarse"
El fin de semana le ha sentado bien a los columnistas de los periódicos de papel españoles. Este 8 de septiembre de 2014 encontramos en los espacios de opinión de los diarios impresos algo poco común: mucha variedad de temas. Por supuesto, no falta alguna dosis del doble catalán del Maestro Yoda e incluso una denuncia de que la televisión pública de Cataluña está al servicio del gobierno de la Generalitat. Desde hace algunos días, los columnistas de la prensa de la Ciudad Condal parecen haberse dado cuenta de algo que otros llevan denunciando desde hace años, bienvenido sea.
Nos topamos con otros asuntos referidos a corruptelas varias, como la de los ERE andaluces o las del Señor de las Peineta. También tiene hueco, saliendo de choriceos pero no de política, los asuntos internos de una UPyD que ha mostrado una gran disciplina al servicio de Rosa Díez.
Hacemos sonar una vez más nuestra armónica de afilador y nos ponemos a la labor de comentar todo ello.
Empezamos en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’. Ramón de España publica en El Periódico una columna titulada TV-3, más de lo mismo.
Que TV-3 es una televisión financiada por todos los catalanes, aunque solo se dirija a una parte de ellos, se ha dicho tantas veces que ya es un lugar común. El problema es que a quien debería llegar ese mensaje le entra por una oreja y le sale por otra. El director, Eugeni Sallent, cobra para hacer felices a los buenos catalanes -es decir, los votantes de CiU y ERC-, y a los malos que les den morcilla. Los empleados a veces se sublevan, pero nunca es para protestar por la vida inmoral a la que les condena la empresa, sino para impedir que les bajen el sueldo.
Para ser un lugar común es algo que casi nadie se atrevía a escribir o decir en los medios de comunicación, tanto públicos como privados, catalanes. Igual si los articulistas de El Periódico y La Vanguardia hubieran denunciado antes que la TV3 está al servicio del nacionalismo las cosas hubieran podido cambiar. Claro que eso suponía poner en peligro las subvenciones que reciben los dueños de esos y otros medios privados.

En el mismo periódico, Jordi Évole publica Yo votaría a Pujol, un título provocador que se explica en el interior.
Pues como en los países normales, como España y Catalunya, somos así, no me sorprendería nada que Pujol ganase otra vez las elecciones si volviera a presentarse. Yo le votaría, cómo no. Porque sería una apuesta segura. Por el contrario, si votas a otros líderes es mucho más difícil saber si están delinquiendo mientras te están tomando el pelo. Con Pujol, en cambio, esto lo tienes garantizado. Que aquí de lo que se trata es de no complicarnos la vida. Ni tan siquiera de salir a la calle para intentar mejorarla.
A este humilde lector de columnas le resulta significativo que siga empeñado en señalar a Cataluña y España como países diferentes. Pero, al margen de eso algo de razón no le falta. Por desgracia, como hemos visto en demasiados casos con todos los partidos importantes, la corrupción no resta votos en España.
Tomamos el puente aéreo y nada más aterrizar en Madrid nos asomamos a ABC. Ignacio Camacho escribe sobre El cortocircuito. Se refiere a la situación política de Susana Díaz con el caso de los ERE.
Si la jueza Alaya lograse -y hay motivos para sospechar que va a intentarlo- encontrar el punto de conexión entre la estafa de los EREs y el desfalco de los fondos de formación laboral, el contacto de los cables pelados del entramado clientelista fundirá el cuadro de mandos de San Telmo y hará arder todo lo que haya dentro. El susanismo resistió el primer escándalo emergiendo de él como una solución renovadora pero ahora ya no tiene parapetos ni refugios si se incendia su propia estructura. Y Sánchez, cuya supervivencia pasa por mostrarse implacable con la corrupción, difícilmente dejaría pasar la oportunidad de sacudirse a su principal rival interno. El estado de gracia de la flamante vestal socialdemócrata pende de un hilo. Sólo que se trata de un hilo eléctrico.
Nos tememos que Camacho peca de optimismo. Si en algún lugar ha quedado claro la nula influencia de la corrupción en los resultados electorales es precisamente en Andalucía.

De ahí saltamos a El Mundo. Federico Jiménez Losantos parece cada vez más desencantado con una Rosa Díez y un UPyD a los que ha mostrado su apoyo durante los últimos años. En esta ocasión titula UPyD no pacta con UPyD.
Si el Poder no volviera locos, malos y tontos a tantos humanos que, fuera de la acción política, son listos, cuerdos y buenos, cabría pensar que el juicio contra Sosa Wagner en el Consejo (soviet) de UPyD y las cuatro condiciones aprobadas para pactar con otras fuerzas políticas -que todos los medios interpretan como un veto a cualquier acuerdo con Ciudadanos- han sido ideadas por un lerdo suicida. O por alguien empeñado en dejar en ridículo a Rosa Díez y su, su, su partido.
Tras analizar varios de los puntos que reclama UPyD a otros partidos para pactar con ellos, concluye:
Lo de la transparencia -olvidando sicav ocultas y acusaciones de corrupción de quita y pon- es casi tan grotesco como lo de la democracia interna. Ocho horas, en turnos de cuatro, pasó el soviet de Díez acusando a Sosa de mentir y dañar al partido. Medio centenar de fiscalitos se turnaron en la injuria al estilo Vichinski, aguardando Díez al final del proceso para apuntillar al reo. El reo es la democracia interna de UPyD. Si las famosas condiciones puestas por Díez a Rivera fueran ciertas, UPyD quedaría fuera de UPyD. Entonces querría entrar en Ciudadanos. Que, a lo peor, la vetaba.

Terminamos con Raúl del Pozo, que vuelve a transmitir los mensajes de Luis Bárcenas para el Gobierno de Rajoy. Lo hace con el título de Bárcenas en ‘Villa Paquita’. Trata de que nos compadezcamos del Señor de las Peinetas’:
¿Cómo se siente Luis Bárcenas? Como un muñeco engañado y aporreado, un trofeo de caza colocado en las paredes de Génova, por compañeros que tanto le deben. A pesar de ello no quiere que esa víbora que liba el corazón de los presos le impulse a la venganza.
Acto seguido presenta la oferta:
Ya no quiere que se le pregunte -él, en todo caso no contestará- por nuevos elementos incriminatorios o comprometedores contra el PP. Encuentra incomprensible la actitud de Mariano Rajoy hacia él, y desearía que el juicio se hiciera ya, pero se teme que se escenificará después de las elecciones generales. No por rendición, sino por cansancio, está dispuesto a olvidar las grabaciones del piolet, los talones de los empresarios y los recibís de cheques. Ha aportado a la justicia unos papeles que el juez ha considerado auténticos en un 90%. ¿Quién ha dado más?
Al afilador de columnas le ha quedado bien claro. Bácernas ofrece su silencio a cambio de salir de prisión.
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