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OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

El broncazo de Aznar a Ussía por criticar a Blesa: «Te equivocas con él, es una persona honorabilísima»

Para Losantos la edición en catalán de El País es un pacto con CiU para seguir haciendo negocios en Cataluña

06 Oct 2014 - 07:54 CET
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Reconozco que a mí la crónica social me aburre. Será porque ya no hay señoras como Grace Kelly ni Jackie Kennedy, sino gente del nivel de Belén Esteban y Lady Gaga, que no saben usar los cubiertos de pescado. También influye en mi gusto que Jesús Mariñas no es precisamente César González Ruano.  

Por eso me resultan indiferentes las columnas de Alfonso Ussía en La Razón en las que cuenta sus cenas, sus veladas, sus almuerzos, sus partidos de tenis y sus bailes con el conde Barcelona en Estoril o con gráciles marquesitas en Santander. Sin embargo, este 6 de octubre de 2014, Ussía recuerda uno de esos saraos en que fue abroncado por Aznar debido a sus ataques a Miguel Blesa. (Me pregunto cuántas veces habrá abroncado González o Zapatero a los columnistas de izquierdas, como Millás o Rivas).

Durante el aperitivo, Aznar me hizo un gesto de cercanía imperativa. No me moví de mi grupo porque don José María, al que tuve y tengo un hondo respeto, era un igual, como yo, y no tenía sentido su frenesí por llevarme hasta su lado. Yo había escrito, aquí en La Razón, unos artículos muy desagradables -y acertados, que el tiempo la razón otorga-, con Miguel Blesa de protagonista. 

Y Aznar, que es muy inteligente pero nada listo, que no conoce a las personas, cuando entrábamos en el gran comedor para sentarnos en la misma mesa, me apartó del grupo para regañarme. -Te estás equivocando gravemente, y has llegado al límite de la calumnia con Miguel Blesa. Blesa es una persona honorabilísima-. Le manifesté mi educada discrepancia y nos sentamos a comer

Ussía concluye recomendando a Aznar que se disculpe por haber promovido a Blesa a la presidencia de Caja Madrid.

El gran problema que tiene el PP es que nunca ha sabido elegir a las personas adecuadas para cada menester. Y no lo ha hecho porque aquellos que lo deciden no conocen a las personas. No descarto que Arriola haya sido el gran apoyo de Blesa, ese fatuo, prepotente y minúsculo ciudadano al que Aznar consideraba una «persona honorabilísima». Ante las evidencias, es muy recomendable reconocer los errores, don José María.

Raúl del Pozo (El Mundo) asegura que las tarjetas opacas de Caja Madrid (que me han dicho que existían en otras cajas de ahorros, incluso en las localizadas en las llamadas ‘nacionalidades históricas’) colocan a Podemos en el carril que conduce a los palacios del Poder.

Ahora han regalado a Podemos el mejor spot electoral con la gran redada en la que han caído ex ministros, compañeros de pupitre, políticos de los tres partidos nacionales, sindicalistas, izquierda-derecho-centro, empresarios. 

¿Habrá tantos rateros? ¿No se encontrarían los diez justos que buscó Abraham en Sodoma? Dios le dijo al patriarca: no los hay.

Y ya que hablamos de Podemos, Almudena Grandes (El País), pasito a pasito, se aleja de Cayo Lara y Gaspar Llamazares y se acerca a Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero.

Cada día resulta más difícil mirarse en el espejo. Cada día cuesta más desayunar con los escándalos de las ocho de la mañana. Pero lo más duro es escuchar a esos dirigentes que afirman con una sonrisa que esto ha pasado siempre, que pasa en todas partes, que lo sabe todo el mundo. Esos dirigentes que repiten como loritos el cuento de nuestra admirable Transición, de nuestra maravillosa Constitución, de nuestra heroica entereza y, más difícil todavía, de nuestra formidable capacidad para salir juntos, unidos aunque diferentes, de cualquier cosa.

Ese bla, bla, bla es el peor insulto, la ofensa más grave entre las muchas que recibimos a diario. Si se pararan a pensar en lo que dicen serían, en el mejor de los casos, unos ineptos, y en el peor, unos cínicos. No llegan ni a eso, porque hablan sin pensar, recitando de carrerilla una lección falsa, anticuada en su falsedad. Incapaces de solucionar nuestros problemas, ni siquiera se dan cuenta de que ellos mismos se han convertido en el peor de todos. 

LA PRENSA, PARTE DEL CONSENSO QUE SE CAE

Federico Jiménez Losantos es muy duro con la presentación de la edición en catalán de El País. El escritor se pregunta en El Mundo si Cebrián está exhibiendo un pacto con Artur Mas para seguir haciendo negocio en una Cataluña independiente.

Cebrián presentará en Barcelona elpais.cat, alternativa a elpais.es que, en medio de la rebelión separatista contra la legalidad constitucional, se hace muy necesario y que contará las cosas según la visión prisaica con una novedad que no es sólo la del idioma, sino la orientación de lo contado. Sí, a partir de ahora, según la propia empresa, todo lo que suceda se contará «clar i catalá». Seguramente porque hasta ahora todo se contaba oscuro y, probablemente, porque existía la remota posibilidad de contarlo en español.

¿A qué viene, pues, elpais.cat? No hace falta mucha imaginación para verlo como un acto de acatamiento de la ilegalidad en que se ha instalado Mas y de legitimación de una Cataluña independiente en la que empresas como la de Cebrián seguirán ganando tanto dinero como ahora o más. Si Godó prueba de que la vieja derecha catalana puede ser separatista, Cebrián probará que los medios de Madrit serán respetados si se rinden.

En la práctica, dado que El País es el diario de cabecera de Rajoy y la SER su emisora favorita, el digital prisaico podía llamarse moncloa.rip. Se entendería igual.

Pedro G. Cuartango (El Mundo) se apunta a la regeneración total de la vida pública española, pero salva de ella por omisión a los periodistas de siempre, a los que llevan en la prensa desde que aprendimos a leer.

Si en los años posteriores a la Transición, España se convirtió en un modelo de éxito, ahora es lo contrario: un fracaso estrepitoso de las instituciones y los políticos. Ha llegado la hora de una profunda regeneración que sólo podrán acometer quienes han estado al margen de la podredumbre que ha corroído un edificio a punto de derrumbarse.

Si debe cumplirse la receta de Cuartango, esa renovación debe afectar también a los periodistas, ¿no? Porque, ¿qué crédito tienen los periodistas que llevan cuarenta años en las columnas y las radios y en esas décadas nos han bombardeado con ese «modelo de éxito» que era la Transición? Según Cuartango, deben cambiar los políticos, los empresarios, los reyes… ¿y no los periodistas? 

Seguimos con la columna de Pablo Sebastián (Republica.com) en que describe el desprecio que Rajoy tiene a los periodistas y que éstos le están devolviendo.

En diciembre de 2011 y recién nombrado presidente Mariano Rajoy convocó a los medios en La Moncloa para presentarles a su nuevo equipo de Gobierno. La sala de prensa estaba llena, el presidente llegó, leyó la lista de ministros y se marchó sin dejar hacer una sola pregunta anta la lógica indignación de los presentes. Era la venganza de Rajoy contra los medios y un alarde de su pretendida ‘independencia’. El pasado lunes, a su regreso de China, Rajoy convocó a los medios en Moncloa para una declaración institucional con la que daría respuesta a la convocatoria del referéndum del 9N hecha por Artur Mas, pero la sala de prensa del palacio presidencial no se llenó ni siquiera a la mitad. Y hundida está en la mediocridad informativa RTVE, mientras otras cadenas se llevan el mérito y la influencia en la información y el debate político, como perdidos están el Gobierno y el PP en las redes sociales y en los medios de Internet.

QUÉ ES UNIÓ EXPLICADO A LOS DE ‘MADRIT’

El partido democristiano catalán Unió Democrática se ha comportado de una manera muy gallega en la reunión celebrada el pasado fin de semana. Sobre las dos preguntas del referéndum ilegal de Mas, la ejecutiva de Unió ha dicho sí al Estado propio (primera pregunta) y libertad de voto en la segunda pregunta. 

En el billete de Màrius Carol (La Vanguardia) se encuentra muy bien explicado qué es Unió. A ver si lo leen en La Moncloa.

El partido como tal defiende el confederalismo, pero la sesión de su órgano de gobierno demostró que en UDC no hay dos almas, pero sí dos sensibilidades nacionales. 

Al final, hubo un acuerdo por unanimidad que supone que los democristianos están a favor de un Estado propio y respaldan el sí a la primera pregunta, pero dejan a criterio de sus militantes la respuesta a la segunda. Una cosa es estar a favor de la plena soberanía y otra apostar por la secesión.

Al concluir el acalorado debate, un militante recordó una anécdota del pedagogo Pau Romeva, uno de los fundadores de UDC, que fue diputado en 1932, contada por su hija Mercè. Según su testimonio, en los inicios de la guerra, un militante anarquista llamó a la puerta de su casa para preguntarle si era blanco o rojo, porque por algunas cosas que decía parecía ser de derechas, y por otras, de izquierda. Romeva, irónico, respondió: «Ni una cosa ni otra, soy a cuadritos». Ayer UDC demostró su compleja personalidad (a cuadros) en la votación de su consejo nacional.

Lo que tanto gusta al cortesano Carol, esa capacidad para estar en misa y repicando, molesta a José García Domínguez (Libertaddigital.com). Éste se pronuncia a favor de que Duran Lleida y su panda se vayan de España, pero no de que dicten a los demás españoles las condiciones en que se quedarían. 

Contra lo que se rumorea en Buenos Aires, no creo que Dios sea argentino. En cambio, cada día acumulo más pruebas de que Cantinflas era catalán. Repárese, si no, en el espectáculo que ofrecen a estas horas dos de los cinco grupos domésticos que integran el que se dice bloque soberanista. Y es que, igualito que los paleocomunistas vintage de Iniciativa, resulta que en Unió tampoco saben qué quieren ser de mayores. En muy surrealista consecuencia, el Comité de Gobierno de lo suyo acaba de dejar claro ante las asociaciones de psiquiatras del mundo entero que el partido ni está a favor de la independencia de Cataluña ni en contra, sino todo lo contrario. Que cada militante proceda como mejor le plazca acaba de prescribir el alto mando. Llevan un siglo, cien años mareando con la cantinela, pero, por lo visto, les daba lo mismo. De aurora boreal.

Si Duran se quiere ir, que se vaya (yo no se lo impediría). Pero si quiere quedarse, no va a ser él quien nos dicte cómo será o dejará de ser España. Lo decidiremos todos. Faltaría más. Fraude, en fin, político y sentimental el del otro porque, salvo la carne de cañón día y noche excitada por los agitadores profesionales de TV3, en la Cataluña con dos dedos de frente ya nadie se toma en serio el asunto del referéndum. Y el primero, huelga decirlo, el mentado Duran.

Antoni Puigverd (La Vanguardia) sostiene que quizás el Tribunal Constitucional nos dé a todos una sorpresa y ponga la mesa para que Rajoy y Mas/Junqueras se sienten a elaborar un pacto.

Hay quien cree que España es un muro glorioso, contra el que se estrellará el catalanismo, que quedará reducido a cenizas. Hay quien cree que el muro de España no aguantará la presión de las calles barcelonesas y que el mundo espera la república catalana con los brazos abiertos. Pues bien, hay quien cree, como yo, que no son pocos los que con discreción buscan un resquicio de luz bajo la que escribir un nuevo pacto. Sin ninguna información privilegiada, pero observando con atención la lógica del TC, no se puede descartar que algo de luz llegue de este tribunal tan criticado. Quizás el TC abrirá un resquicio legal que permitirá continuar haciendo política para resolver el conflicto. La política, hoy: el arte de buscar una salida al laberinto.

CARRASCAL CONSIDERA A SÁNCHEZ PEOR INCLUSO QUE ZAPATERO

Sobre Pedro Sánchez hay dos opiniones diferentes en ABC. José María Carrascal le cree peor incluso que Zapatero. El veterano corresponsal describe primero a Sánchez y su generación de camaradas políticos, a los que niega todo mérito.

Pedro Sánchez pertenece a una generación de españoles a los que todo fue fácil, al crecer en un país que se creía rico sin serlo y el dinero público no era de nadie según una ministra. A diferencia de los jóvenes actuales, sin empleo, ilusiones ni esperanzas, a esos cuarentones les bastó afiliarse a un partido y obedecer las órdenes que recibían para tener la vida resuelta. Podían viajar al extranjero y gozar de los privilegios de una clase política endogámica, sin casi mover un dedo más que para pedir algo. Si, encima, tenían buena planta, podían llegar a la cúspide sin haber demostrado que poseían las cualidades para ello.

Y a continuación la explicación de por qué es peor que Zapatero:

Aunque a mí me aterra especialmente su insistencia en el «federalismo» como remedio de todos los males de España, como si no supiera que el cantonalismo suizo nada tiene que ver con el federalismo norteamericano o alemán. Zapatero, al menos, era consciente de su cortedad. Sánchez parece no darse cuenta. Y puede incluso llegar a la Moncloa.

Sin embargo, Pilar Cernuda cree que las memeces proferidas por Sánchez en los últimos días están consiguiendo detener las fugas de votantes del PSOE, aunque las encuestas lo niegan. 

Se puede discutir si acertó con su polémica llamada a Jorge Javier Vázquez, pero la gente sensata de su partido se ha llevado las manos a la cabeza con su idea de suprimir el Ministerio de Defensa, o sobre los funerales de Estado para las mujeres víctimas de violencia, y sus decisiones sobre los nombramientos en la Comisión Europea, por recordar solo algunas de sus iniciativas.

Pero ojo con arremeter contra el actual líder de la oposición: hace apenas dos meses, PP y PSOE manejaban datos que indicaban que Podemos era segunda fuerza, se había comido a Izquierda Unida y mordía generosamente por el ala izquierda al PSOE, que perdía además a gran parte de su voto joven.

Sánchez provoca desazón en sus votantes de centro… pero con su llamadas «ocurrencias» -por utilizar el lenguaje del actual presidente- está empezando a llamar la atención de los seguidores de Pablo Iglesias. ¿Estrategia política o inmadurez? Es lo que hay que preguntarse.

David Gistau (ABC) ha abrazado la tesis de los viejos del Régimen de que hay que apoyar al PSOE para concluir en la Gran Coalición, y por eso sostiene que a Sánchez hay que darle una ducha fría para que recobre el sentido común.

El porvenir español necesita que Pedro Sánchez sofoque cuanto antes a esa Miss en certamen que lleva dentro y que ansía gustar. La que concibe un mundo en el que ningún animal depreda a otro, en el que las clases sociales han sido abolidas, en el que las naciones no necesitan confiar su seguridad a esos hombres ( y mujeres) duros que, según Orwell, son los que nos permiten ir a dormir cada día con la certeza al menos relativa de que nada nos sucederá durante la noche. Es necesario que Pedro Sánchez bascule por fin hacia el estadista sensato que a veces en él se esboza porque dentro de algo más de un año la mayoría absoluta de Rajoy estará liquidada entre onomatopeyas del fracaso, el PP sólo podrá maniobrar para construir una coalición excepcional con una sólida vocación de resistencia a diversas agresiones internas, y la composición del Parlamento reclamará un PSOE al menos parecido al de sus mejores tiempos al que no le quedará ya margen para experimentar con errores adolescentes. 

El partido político que más años ha gobernado en democracia y que más ha participado en la transformación española posterior a la Transición no puede permitirse tener de guardia un equipo que parece la píldora del día después porque se dedica a emitir comunicados para reparar las majaderías con las que su secretario general se descuelga en cuanto alguien pone un micrófono en «On». Y luego venga todos a reírse de Mariló, como decía Ruiz Quintano. 

José Oneto aprovecha su columna en Republica.com para mandar un mensaje a Sánchez:

Mensaje para Pedro Sánchez que tan bien parado sale este domingo en la encuesta de ‘El País’: No se sabe qué papel cumple un tal Luis Arroyo, a sueldo del partido y principal asesor tuyo. La verdad es que si tiene algo que ver con la polémica del programa «Salvados» y las dos últimas rectificaciones sobre que las mujeres que mueren víctimas de la violencia de género deben tener funerales de Estado y esa otra genialidad de que hay que prescindir del Ministerio de Defensa porque sobra, os lo tenéis que hacer mirar los dos. Dos rectificaciones en dos días son muchas…. Saludos.

SAN SEBASTIÁN PIDE HIJOS PARA NO CONVERTIRNOS EN «UN GERIÁTRICO»

Descansemos un poco de la política cotidiana.

Fernando Sánchez Dragó (El Mundo) recuerda con nostalgia la TVE donde él trabajó y cuenta un episodio que ocurrió en uno de sus programas en 1977, cuando él y el escritor al que entrevistaba,  Carlos Moya, aparecieron un poco desequilibrados por haber fumado alguna sustancia que no era tabaco. Concluye de esta manera.

Cultura, educación, información… Esos son los tres únicos pilares que deben y pueden sostener la bóveda de la tele pública. De no ser así, mejor que la cierren.

Pondré un solo ejemplo… RTVE mantiene un programa que se llama Corazón. ¿Por qué?

Cuando los desahucios han desaparecido de la prensa, Juan Manuel de Prada (ABC) explica la ley hipotecaria a la luz de la doctrina social de la Iglesia católica.

Muchas de las decenas de miles de familias que han sido desahuciadas durante los últimos años lo han sido de manera injusta. Toda ley hipotecaria que quiera ser justa debe establecer un límite a la cantidad que el deudor puede destinar a la amortización del préstamo hipotecario, en proporción a sus ingresos; cantidad que en ningún caso debería exceder una tercera parte de tales ingresos, pues los otros dos tercios deben quedar reservados para el mantenimiento familiar. Una ley hipotecaria que permite que, para amortizar un préstamo hipotecario, una familia deba empeñar la mitad, y mucho más de la mitad, de sus ingresos, es injusta; como también lo es una ley que no atiende las circunstancias económicas sobrevenidas, ante las cuales las posiciones acreedoras deben declinar su fuerza, como establece la doctrina católica sobre el estado de necesidad.

Isabel San Sebastián (ABC) reprocha a la empresaria Mónica Oriol sus declaraciones sobre la preferencia por contratar a mujeres que no tengan hijos y grita que sin hijos España se convertirá en «un geriátrico».

Necesitamos mujeres que demuestren la misma capacidad que cualquier hombre sin para ello adoptar roles masculinos obsoletos incluso para ellos. Mujeres capaces de romper moldes a fin de racionalizar costumbres y horarios demenciales. Mujeres inteligentes que apoyen a otras de talento en vez de seguir poniéndoles bastones entre las ruedas. Mujeres versátiles para un mundo en constante cambio. Ejecutivas, ingenieras, arquitectas, abogadas dispuestas a llenar de niños esta España abocada, si no, al geriátrico.

Gabriel Albiac sigue empeñado en contar a sus lectores cómo le ha decepcionado a él el mundo entero y qué viejo se siente. En anteriores artículos suyos, hemos leído elogios a los Beatles y al editor de Historia de O, y hoy, petulancia: lee a Ovidio (no sé si en francés) y no vota. 

Aquel chaval de diecisiete, que leía a Ovidio en el campus de la Complutense, tiene ahora sesenta y cuatro. Aquel al que arrastraba, en vísperas del 68, el viento mitológico de Vietnam y China y la quimera de un mundo que en nada se pareciera a la dictadura de sacristía en la que creyó asfixiarse, es ahora un hombre lo bastante viejo, lo bastante cansado, como para saber que no hay política que no extermine. Nunca vota. Nunca cree una palabra que salga de los labios de un político. Atrincherado en sólo libros y papeles, abre los ojos. 

 

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