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Una lección de periodismo y sobre todo de dignidad profesional, de la que ni se han enterado los ‘groupies‘ que atestan las ruedas de prensa de Podemos.
El ambiente venía caldeado. Hubo medios de comunicación y periodistas que ya dejaron visible su enfado con el líder podemita, Pablo Iglesias, por dejarles literalmente plantados este 7 de abril de 2016 tras dar una ridícula espantada una vez finalizada la reunión a tres junto a PSOE y Ciudadanos–La prensa trina con Iglesias por el plante tras la reunión a tres: «Es insólito, debemos responderle igual»–.
En la mañana de este viernes tenía por fin lugar la comparecencia de Pablo Iglesias y representantes de las diferentes confluencias con Podemos.
Pero no contento con lo ya perpetrado la víspera, en esta ocasión decidió retrasarse media hora.
Porque le dio la gana, sin que la masa de redactores, buena parte de ellos ‘admiradores‘ de Coleta Morada y sus cuates, emitiera un suspiro.
No todos están en eso, como se ha visto en las redes, pero las excepciones son tan escasas como notables:
El comentario anterior, viene precisamente a cuento da excepción más llamativa.
El veterano Miguel Ángel Aguilar, contertulio de varios programas de debate político, ex director de Diario 16, analista eminente y figura importante en la Transición española y durante buena parte de nuestra democracia, se hartó.
En defensa de todos los que se entregan inermes y no entienden todavía la grandeza de esta profesión, regaló un libro a Pablo Iglesias -titulado ‘El arte de ponerse la corbata’– minutos antes de marcharse de la rueda de prensa como protesta por el retraso de la misma.
Pablo Iglesias comenzó la comparecencia agradeciendo, ignorando los motivos, el obsequio que se le había realizado y contento de haber puesto de moda regalar libros.
Tuvo que explicarle otro veterano y prestigioso periodista lo ocurrido:
«El libro que se le ha dejado ahí, es de Miguel Ángel Aguilar en señal de enfado claro al retraso en la llegada a la rueda de prensa».
Los redactores presentes, en sintonía con la cara de cordero degollado que ponía Iglesias, se limitaban a mirar al techo y el de Podemos, como si no fuera con él, porque no se enteraba:
«Ruego me disculpen por el retraso, me disculpe al señor Aguilar y me disculpen todos».
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