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Los delirantes equilibrios en el alambre para reducir de diez a solo dos los años de inhabilitación a Mas y exculparle del delito de prevaricación que ha hecho el TSJC son comparables a los que hace este 14 de marzo 2017 la prensa monclovita para decir que la condena a Artur Mas es ‘benévola’ y, al mismo tiempo, afirmar que ‘la Justicia en España funciona’.
En el caso de ABC podemos imaginar las contorsiones que ha hecho su director para decir en portada una cosa, ‘El 9N le sale más caro a los restos de Convergencia que a Artur Mas’, y otra en editorial:
«La decisión judicial vale más por lo que representa de cara al futuro que por el efecto punitivo en Mas y sus cooperadoras necesarias. Ya todos los dirigentes separatistas están advertidos».

Oh, los separatistas tienen un miedo que no te cuento. Dos años de inhabilitación y una multita de 36.000 euros.
Los columnistas de ABC no tragan con la jeroglífica portada de su director y no dudan en calificar la sentencia «más propia de Pilatos que de Salomón», como afirma Ignacio Camacho.
«Una sentencia de una magistratura territorial catalana, cuyo fiscal no encontró aquel 9 de noviembre motivo para actuar de oficio. Una sentencia, en fin, que más allá del automático resorte victimista de tirarse al suelo y pedir penalty -en el Camp Nou lo suelen pitar- produce en el entorno de los condenados un oculto alivio»
Manuel Marín tampoco está de acuerdo con la sentencia: «La generosidad de un Tribunal con un magistrado nombrado a propuesta nacionalista del Parlamento catalán ha sido evidente. Pero Mas se ha ganado los galones de víctima. Es lo que pretendía».
La Razón parece haber recibido el mismo argumentario que ABC. La clave está la ‘carga simbólica’. Atentos: «A la espera de que la Fiscalía decida o no apelar la benévola interpretación del TSJC sobre el delito de prevaricación -ejemplo canónico del «in dubio pro reo»-, hay que reconocer la fuerte carga simbólica de las condenas».
El Mundo se desmarca de la prensa ‘marianista’ y no duda en afirmar que «el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha sentado un peligroso precedente con su sentencia sobre la organización de la consulta independentista del 9 de noviembre de 2014».
Para el diario de Cuartango se trata de una sentencia muy generosa para con los acusados teniendo en cuenta la gravedad de los hechos probados en la sentencia.
Arcadi Espada, indignado, pega donde más duele:
«La sentencia no es más que el último episodio de la actitud grisácea, gaseosa, indolente, de bajo perfil y de baja gramática que el Estado ha aplicado al abierto desafío del Gobierno de Cataluña. Una actitud que, por otro lado, es la que mantuvo durante 40 años de negociación ininterrumpida con el siempre gaseoso catalanismo político».
El País parece estar de acuerdo con la sentencia. La tachan de ‘ponderada’ sin entrar en detalles. ¿Cómo se traducirá ‘ponderada’ en la edición de elpaisi.cat de Soaraya?:
«Más allá de lo estrictamente judicial, puede preverse que los efectos políticos de la resolución sean notorios. Por un lado, el recordatorio de que las leyes deben ser obedecidas -y los tribunales, acatados- no es ocioso en una sociedad como la catalana en la que algunos elogian la desobediencia. Por otro, al rechazar el delito de prevaricación (castigado con penas más largas) el tribunal revela una mayor ponderación de la que le atribuyen -a él y a todo el sistema judicial «del Estado»- los secesionistas».
¿Y La Vanguardia? El diario de Godó, que como contamos en PD le ha pedido a Mas que abandone la política, no cree que pueda hablarse de una condena benévola o benigna. —Sorprendente giro en La Vanguardia: ahora le suplica a Mas que abandone la política–
Pero este párrafo, en el má puro estilo julianesco, no aclara nada:
«La inhabilitación durante un periodo de dos años del presidente del principal partido de la coalición de gobierno en Catalunya, por una iniciativa que fue desautorizada por el Tribunal Constitucional, pero que a efectos prácticos fue permitida por el Gobierno español, no es una circunstancia menor en el actual momento político que vive el país. No lo es».
La llama victimista seguirá ahí. Cataluña ya tiene a su Mandela.
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