A menos de 48 horas del cierre de campaña en Aragón (elecciones este domingo 8-F), el PSOE se hunde en su propio fango.
Paco Salazar, el ex alto cargo de Moncloa y Ferraz denunciado por acoso sexual y actitudes machistas repugnantes, ha estado colaborando en secreto con la candidata socialista Pilar Alegría, según cuenta Joan Guirado en el diario ‘ABC‘.
El «guarrete» de Sánchez ha viajado varias veces a Zaragoza para asesorar estratégicamente a Alegría, convirtiéndose en uno de los cerebros ocultos de su campaña pese a su apartamiento oficial del partido.
El escándalo estalló con fuerza tras la comparecencia de Salazar en la mañana del 5 de febrero de 2026 en la comisión del ‘caso Koldo‘ en el Senado.
Allí, el exdirigente no solo negó las acusaciones de acoso, sino que confirmó viajes y contactos con Alegría que van más allá de la famosa comida de noviembre de 2025 en Madrid.
Fuentes cercanas al entorno socialista revelan que Alegría pidió personalmente su ayuda para la campaña, y que Salazar ha estado asesorando desde las sombras: estrategias, encuestas y decisiones clave. Todo a espaldas del PSOE oficial y, sobre todo, de las mujeres aragonesas que el sanchismo presume defender.
El PP no ha perdido el tiempo. Jorge Azcón, presidente y candidato a la reelección, ha sido implacable:
Alegría se reúne con un señalado por acoso sexual, le pide ayuda para su campaña y ahora pretende que las mujeres se crean su feminismo. Es una falta de respeto absoluta».
En mítines y ruedas de prensa, los populares han convertido a Salazar en el «fantasma» que persigue a la candidata: «Viajes a Zaragoza, asesoramiento secreto… ¿Cuánto más tiene que esconder el PSOE?».
La foto de la comida «amistosa», que Alegría calificó de «error» y en la que, según Salazar, no hubo ni un reproche por las denuncias, ya era tóxica. Ahora se suma la revelación de que no fue un encuentro casual: fue una petición directa de Alegría para que el presunto acosador le echara una mano en su asalto a la Presidencia de Aragón.
El contraste es demoledor: mientras la candidata presume de igualdad y feminismo en mítines, su campaña se nutre del asesoramiento de quien fue apartado por comportamientos vomitivos.
El PSOE niega «rotundamente» cualquier colaboración formal, pero las evidencias (viajes documentados, declaraciones en el Senado y fuentes internas) pintan otro retrato. Salazar, que cobró liquidaciones en metálico y gestionó fondos opacos, sigue siendo útil al sanchismo cuando conviene.
Y Alegría, que jugaba la carta del victimismo («la derecha me deshumaniza»), ve cómo su imagen se desmorona en la recta final.
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