Burka por decreto y por los reales decretos de Pedro Sánchez y sus socios.
El conocido periodista Antonio Naranjo no se mordió la lengua en su espacio de análisis en ‘El Análisis: Diario de la Noche‘ de Telemadrid.
El presentador arremetió contra lo que calificó de «feminismo delirante» de la izquierda española y, en particular, contra la postura de Carles Puigdemont y sectores independentistas que, según él, aplican una doble moral intolerable en materia de derechos de las mujeres.
El detonante fue el reciente debate en el Congreso de los Diputados sobre la propuesta de prohibir el burka y el niqab en espacios públicos, una iniciativa impulsada por VOX, apoyada por el PP y UPN, y que fue rechazada con los votos en contra de PSOE, Sumar, ERC, Junts, Bildu y otros partidos de izquierda e independentistas. Naranjo aprovechó para poner el dedo en la llaga:
Vamos a ver, señoras y señores, según todos los partidos de España que dicen ser progresistas y otros que se asocian con ellos, como el de Puigdemont, esta imagen que ustedes están viendo aquí, a mi lado, ¿verdad? no debe ser prohibida en ningún espacio público. Bueno, ella es Ana, una estupenda periodista, pero no la pueden ver porque hoy, durante un ratito, nos está ayudando a entender cómo se puede sentir una mujer obligada por su marido a ir tapada con un niqab o con un burka.
Recordó la polvareda que se formó para que al final las mujeres dejaran de ser azafatas en los premios de Fórmula 1 o de Moto GP:
Y claro, es curioso que los mismos partidos políticos que, por ejemplo, prohibieron a mujeres libres trabajar como azafatas en la Fórmula 1 o en las motos GP porque decían que las cosificaban a pesar de que todas ellas estaban encantadas, no crean ahora que nada cosifica más que tener que esconderse para que solo una persona, el hombre que manda en su vida, pueda verla.
Y lanzó una pregunta más que pertinente:
¿Las minifaldas voluntarias hay que prohibirlas, pero los burkas impuestos hay que tolerarlos? En fin, no sé qué tipo de delirio puede llevar a nadie a defender que cualquier costumbre, credo o cultura puede estar por encima de los valores democráticos de un país occidental. Tanto sospechar del hombre caucásico, heterosexual y católico, por ejemplo, como si llevara el mal original dentro, y tanto hablar del heteropatriarcado occidental y vaya, cuando tienen delante un heteropatriarcado de verdad, van y condenan a las mujeres a cubrirse el rostro y a cerrar la boca. En fin, qué locura.
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