La intermitente sirena.
Vendaval de los apuros de apoyos agradecidos
añadiendo duras piedras a devastadores de ira
concienzudamente helados.
Finalmente ni se explica y la hoja confía en raíz
con sus brillos imponentes desvirtúa claridad
muda de la convivencia.
Las metas espaciales de los procesos y sombreros
algunas veces se encuentran esperando si existieran
preguntas accidentales.
Y duermen en los cristales los árboles más inciertos
y todos son diferentes antes que nada es él todo
en el estrecho sonido.
Diferenciado en la tinta se comunica esa pérdida
señalita de Managua encima del pecho encendido
más sentida que el sol blanco.
José Pómez
http://pomez.net

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