No exige el consumista que adquiere una guitarra
hecha sin pensamiento devastada y sin alma,
recostada erosiona el timbre y hasta en el duende
más apesadumbrado que una cumbre modesta.
De la venta a la firma en conquistada inocencia
se encontraba el momento sin la ambición del olmo,
que en la tirantez sueñan artificio vibrante
y algunos horizontes de nuevo prodigiosos.
Se produce el concierto la paz menospreciada
la fácil y apacible respuesta solitaria,
del estable contento hasta del próspero esmero
el prodigio plasmado en ojos enamorados.
Y al zumbido confiado fabrica ruiseñores
de plata y no discute se impulsa en el recuerdo,
incansable del tiempo dirigido a tu altura
con verdadero afecto el mirto de los conceptos.
José Pómez
http://pomez.net

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