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El etarra que ordenó el crimen se sentó a negociar con el Gobierno

Periodista Digital 08 Mar 2008 - 09:00 CET
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(PD).- Son las mismas alimañas. Pese al intento del Gobierno de Zapatero y de sus medios acólitos de tratar de convencer a los españoles de que éstos eran los «hombres de paz», los terroristas han vuelto a buscar la paz a su manera, como siempre: asesinando. Sin ir más lejos, el etarra que ordenó el asesinato a bocajarro de Isaías Carrasco es uno de los que se sentó a negociar con el Gobierno socialista. O sea, hace unos meses era otro «hombre de paz».

«ETA está dirigida por un tipo paranoico obsesionado por la seguridad y esto, paradójicamente, le convierte en un tipo más inseguro que tiene razonamientos coléricos». Es la descripción que un experto realizaba de Francisco Javier López Peña, Thierry, el terrorista que en estos momentos es considerado el número uno del comité ejecutivo de ETA -el que concreta los atentados contra políticos- después de ganarle el pulso a Josu Ternera, según informa Ángeles Escrivá en El Mundo.

No es el único que está al frente de la banda en estos momentos -en el comité ejecutivo están, entre otros, el propio Ternera y su acompañante en el inicio de las negociaciones para la tregua, Maiztiegi Bengoa-, pero resulta indicativo su perfil: responsable del denominado aparato militar, fue el principal instigador del fin de la tregua.

Esto no impidió que fuera uno de los terroristas que se sentó a negociar con los enviados del Gobierno 15 días antes del atentado de la T-4 y es uno de los principales urdidores de la estrategia propagandística con la que ETA ha querido responsabilizar del fracaso de las negociaciones al Gobierno y al PSOE, y al PNV en un segundo término. La consecuencia de esta tesis es el asesinato del ex concejal socialista Isaías Carrasco, cuya orden los expertos de las Fuerzas de Seguridad atribuyen al comité ejecutivo de la banda.

López Peña, recuerda Escrivá, es un terrorista muy veterano que logró pasar inadvertido para las Fuerzas de Seguridad a lo largo de los años. No le otorgaban ningún papel relevante, hasta que se enteraron de que, en plena tregua, hacia el mes de julio, le planteó un pulso a Josu Ternera y lo ganó. De ahí salió en agosto el comunicado en el que la banda le advertía al Gobierno de la «crisis» del proceso, y a partir de ese momento tuvo lugar la progresiva toma de posición de los más radicales dentro de la izquierda abertzale.

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