(PD).- Tras las ilegalizaciones del PCTV y de ANV, ha llegado el momento de señalar a los responsables de que estos disfraces de Batasuna entraran en las instituciones, y desde el Partido Popular ya han señalado al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y concretamente el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, al que acusan de haber retrasado tres años la puesta fuera de la circulación de dos formaciones vinculadas a ETA.
Conde-Pumpido ha brillado desde el inicio del curso político por su ausencia de los medios de comunicación. Hace semanas que no abre la boca a pesar del marasmo en el que se halla la fiscalía. Algún malintencionado colaborador suyo ha filtrado a Garganta Profunda de El Semanal Digital que el deseo del fiscal general es mantenerse recogido en su despacho, alejado de los focos, hasta la apertura del año judicial el próximo día 29.
No sería extraño porque Conde-Pumpido ha demostrado poseer la rara cualidad de crear problemas donde no los hay y de desparecer cuando los hay. En concreto, desde finales del pasado mes de julio. Representante de la quintaesencia del zapaterismo, ha causado en la Justicia un efecto similar al de un elefante en una tienda de porcelanas. Por eso, el detalle es más curioso cuando el fiscal general asumió públicamente durante la pasada Legislatura un papel político que no le correspondía en razón de su cargo.
Frases como que el PCTV era un partido «irrelevante e inocuo» o que no se podía aplicar con ANV la Ley de Partidos como «un Guantánamo electoral» están en el haber de Conde-Pumpido. Tiene por tanto un problema de seria inhabilitación profesional, porque no se recuerda en la historia de la democracia un fiscal general que con tanta notoriedad haya puesto la institución al servicio del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, abdicando de la salvaguardia de la Ley, obstruyendo a la Justicia, según informa El Semanal Digital.
Conde-Pumpido se dejó muchos pelos en la gatera y el resultado de esa actitud saltó a la vista antes de la clara rectificación de posiciones del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero: Desastre institucional, cobardía ante el terrorismo y desmontaje del Estado. Lo coherente sería que presentara su dimisión. Pero, al menos, haría bien Cándido Conde-Pumpido en aprovechar su pase a un «segundo plano» para reflexionar acerca de lo que significa ser el fiscal general del Estado, que es defender la legalidad, y no sacarle las castañas del fuego a Zapatero.
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