La radicalización de una buena parte de la izquierda tiene además un doble sentido: Izquierda Unida, dónde el sector más intransigente del PCE recupera el control sobre las siglas de la coalición tras la enorme contestación de los más duros a la dirección ejercida en los últimos años; y en Comisiones Obreras, dónde el sector más ortodoxo del sindicato recupera el control tras la etapa condescendiente con la política del PSOE de José María Fidalgo, según informa Época.
Sin que todavía Cayo Lara e Ignacio Fernández Toxo hayan realizado las protocolarias visitas al Palacio de La Moncloa, al Gobierno le llegan ya ecos de radicalidad y, lo que más teme el entorno presidencial, de movilizaciones.
Desde el minuto uno, en su primera intervención en el Consejo Político de Izquierda Unida, Lara lanzó su primera amenaza a Zapatero. “Si la situación continúa así, deberá haber una huelga general, no como un fin en sí mismo, sino para decirle a los poderosos que por aquí no vamos más a ningún camino”, enfatizó.
En las pocas semanas que Lara lleva ejerciendo su cargo de coordinador general, IU ha endurecido notablemente sus críticas al gobierno. Ha censurado el plan de inyección de liquidez a los bancos, ha arremetido contra el discurso de Navidad del Rey acusándole de estar
“fuera de la realidad”, y ha asumido un protagonismo muy claro contra Zapatero por su ambigüedad en la polémica de los vuelos de la CIA.
“Se acabó el pasteleo de la etapa de Gaspar y nada de hablar de la Casa Común, ahora van a saber en el PSOE lo que es tener a la izquierda otro partido”, afirma un destacado dirigente de IU, próximo al sector más duro del PCE, antes de vaticinar “problemas para Zapatero”.
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