Desde que comenzó la pandemia de COVID-19 hubo un gran descontento por el uso obligatorio de mascarillas tanto en espacios abiertos como en los cerrados, una sensación que creció a lo largo de la pandemia.
Hace unas jornadas distintos grupos parlamentarios preguntaron por la fecha del fin del uso de mascarillas a la ministra de Sanidad, Carolina Darias. No fueron los únicos, hasta el presidente Pedro Sánchez le preguntó a la ministra cuándo dejarán de usarse en espacios cerrados, con las evidentes excepciones de centros médicos y transportes públicos.
Según la información publicada por el medio OKDIARIO, la titular de Sanidad continúa frenando la eliminación de las mascarillas por temor a un rebrote, a una séptima ola, en un momento tan complicado. El presidente, por su parte, prefiere no asumir el riesgo político de la toma de decisiones, aunque eso suponga pisotear su palabra, aunque los españoles ya saben que su palabra no vale mucho, y que del PSOE lo que cuentan y lo que hacen no suele coincidir.
El presidente reclamó, en privado y en público, a Darias al respecto. De hecho en Versalles aseguró que él mismo también le pregunta a Darias al respecto: «yo también le pregunto cada día a la ministra cuando las podremos dejar de usar». Aunque unos días antes de esa comparecencia, el 6 de marzo, el presidente nacional utilizó el Comité Federal del PSOE para anunciar con recochineo que «muy pronto» se levantará la obligación de llevar mascarillas en espacios cerrados.
El bienquedismo de Sánchez llega tan lejos que, el pasado mes de febrero, ya dejó caer que la eliminación del tapabocas «llegaría antes que tarde», frase que utilizó Darias cinco semanas más tarde, un cachondeo.
El resto de gobiernos de nuestros vecinos europeos ya eliminaron la mascarilla tanto en espacios abiertos como cerrados, con excepciones. El Ejecutivo tenía pensado tratar esta cuestión en la mesa de la Conferencia de Presidentes Autonómicos que se iba a celebrar en La Palma el 24 de febrero, pero finalmente se tuvo que ver pospuesta por culpa de la invasión de Ucrania.
Dos semanas después, cuando tuvo lugar esa Conferencia, y se reunieron Gobierno y autonomías, finalmente, Darias detuvo este debate ante la escalada de los casos, cauta ante la posible llegada de una séptima ola. Por ello, España es uno de los pocos países de Europa que aún mantiene la prohibición, es obligatorio llevar mascarilla en interiores.
Incluso grandes Comunidades como Cataluña, Madrid o Andalucía, reclaman también la retirada de las mascarillas en interiores, de hecho iba a ser un punto a tratar en el Consejo Interterritorial de Sanidad, en Zaragoza, pero al final ni siquiera se trató el punto, al término de la reunión la idea fue:
«Otra oportunidad perdida para tomar la decisión sobre la retirada de la mascarilla en interiores».
La titular de Sanidad se comprometió a coordinar una nueva reunión técnica para abordar la situación, sobre todo cómo y cuándo será efectivo el fin de la prohibición, aunque de momento no hay fecha concreta. El plan de Moncloa era que antes de Semana Santa ya se diese por finalizada la prohibición.
Advierten de las altas probabilidades de que aumenten los contagios si se retira la obligatoriedad, justo como teme Darias. Sin embargo, no todo es negativo, para el portavoz de enfermedades infecciosas de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), según apunta el doctor Javier Arranz:
«Los nuevos casos deberían ser leves y la enfermedad se trataría de bajo riesgo en poblaciones bien protegidas, es decir, las personas vacunadas y que no cuenten con factores de riesgo de mala evolución en caso de contagio, siempre y cuando no aparezcan nuevas variantes más agresivas».
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