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Queda claro que quien manda en VOX es Santiago Abascal.
La salida de Javier Ortega Smith del equipo ejecutivo se produce en uno de los periodos más favorables para el partido, tanto en las elecciones como en las encuestas internas.
La formación liderada por Abascal ha logrado un notable avance en Extremadura, donde ha incrementado su número de diputados, pasando de 5 a 11, y ha duplicado su porcentaje de voto, que ha pasado del 8 % al 17 %.
Este crecimiento consolida su posición como derecha nacionalista y refuerza su capacidad para influir en los gobiernos autonómicos. En este contexto optimista, el cambio en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) no se interpreta como una purga en tiempos de crisis, sino como una estrategia ajustada dentro de una organización que, por primera vez, se visualiza «en camino al Gobierno».
Sin embargo, tras esta decisión oficial se oculta más tensión de la que se podría pensar.
Este movimiento no es solo simbólico: implica la salida del núcleo duro de quien fue el histórico “número dos” del partido y uno de sus rostros más emblemáticos.
La incorporación de la catalana Júlia Calvet, joven jurista y actual portavoz nacional de Juventud, no solo actualiza la imagen del partido; también envía un mensaje interno claro sobre el estilo de liderazgo y discurso que la cúpula desea fortalecer.
De secretario general a fuera del ejecutivo: el recorrido truncado de Ortega Smith
La trayectoria de Ortega Smith refleja cómo Voc ha evolucionado desde ser un partido en formación hasta convertirse en una maquinaria política más estructurada. Ocupó el cargo de secretario general entre 2016 y 2022, luego fue vicepresidente del partido y, tras las últimas primarias, quedó relegado al puesto de vocal número 12 del Comité Ejecutivo Nacional (CEN). En los últimos dos años, su influencia dentro del partido ha ido disminuyendo progresivamente:
- 2022: Abascal lo reemplaza como secretario general por Ignacio Garriga, quien ahora asume la función del número dos.
- 2024: se fusionan las vicepresidencias y Ortega pasa a ser un vocal más dentro de la dirección nacional.
- A finales de 2024: pierde la portavocía adjunta del Congreso, que pasa a manos de Carlos Hernández Quero, un diputado que está en ascenso dentro del partido.
- Diciembre de 2025: el CEN vota su salida como vocal y lo excluye del ejecutivo, aunque conserva la portavocía del grupo en el Ayuntamiento de Madrid y su participación en la Comisión de Justicia del Congreso.
Un dato clave es cómo se tomó esta decisión. La destitución, propuesta por Ignacio Garriga con el apoyo explícito de Abascal, fue sometida a votación en el CEN y obtuvo un resultado contundente: 16 votos a favor sobre 17, es decir, unanimidad entre los miembros salvo él mismo. Este respaldo colectivo indica que el descontento con Ortega había estado presente durante tiempo y era compartido por dirigentes que antes habían crecido bajo su sombra.
Desde una perspectiva interna, la dirección intenta presentar este movimiento como un “relevo generacional” más que como un ajuste personal. Sin embargo, Ortega había reconocido en varias entrevistas que su relación con Abascal había enfriado y dejó claro que no estaba conforme con la “deriva” que estaba tomando el partido desde que emergió el nuevo liderazgo orgánico alrededor de Garriga. A lo largo del tiempo, eso sí, se ha reafirmado como un defensor leal del proyecto, enfatizando que “nadie podrá afirmar que no he defendido este proyecto” y pidiendo a Vox no olvidar sus orígenes.
Es revelador que se haya optado por una marginación progresiva en lugar de un enfrentamiento directo. Fuentes cercanas al partido sugieren que el carisma de Ortega entre las bases —solo superado por Abascal— llevó a la cúpula a evitar una confrontación abierta y gestionar los tiempos con cuidado. Aprovechando el contexto favorable tras los buenos resultados electorales para cerrar este capítulo con menos estruendo.
La votación unánime y el giro estratégico: Abascal refuerza su liderazgo
La unanimidad alcanzada dentro del ejecutivo tiene dos lecturas políticas importantes. Por un lado: Abascal fortalece su liderazgo sin fisuras dentro del equipo nacional, después de varios años marcados por salidas notables y discrepancias internas, desde la marcha de Macarena Olona hasta el nuevo papel asumido por Iván Espinosa de los Monteros, ahora centrado en su think tank Atenea. Por otro lado: se impone una nueva línea estratégica —más orientada hacia ampliar bases y menos hacia gestos confrontativos— sin oposición visible dentro de los órganos internos.
Diferentes informaciones apuntan a que la “cuenta pendiente” entre Abascal y Ortega estaba gestándose desde al menos 2020. Esto incluye episodios que incomodaron a parte del equipo directivo, desde declaraciones públicas inapropiadas hasta actitudes consideradas poco colaborativas. Sin embargo, el momento elegido para llevar a cabo este relevo responde a criterios políticos muy concretos:
- Vox cosecha sus mejores resultados históricos estimados a nivel nacional, junto con avances territoriales como los obtenidos en Extremadura.
- Las encuestas colocan a la derecha parlamentaria con posibilidades reales para alcanzar mayorías; además, un Partido Popular necesitaría contar con Vox para gobernar. Esto sitúa a Abascal muy cerca del poder en la Moncloa.
Con estos datos sobre la mesa, Abascal puede justificar internamente esta cohesión alrededor de su estrategia: este giro táctico está funcionando bien; genera resultados positivos e interesa a un electorado nuevo que va más allá del perfil clásico asociado a una derecha dura urbana. La disciplina interna ya no se discute únicamente desde principios ideológicos; ahora también se evalúa desde criterios efectivos.
Curiosamente, ese mismo éxito ayuda a mitigar el impacto causado por la salida de una figura tan emblemática como Ortega Smith. El mensaje subyacente es claro: se cierra una etapa marcada por fundadores carismáticos necesarios para una expansión inicial; ahora comienza otra centrada en un modelo más profesional alineado con un crecimiento sostenido.
Júlia Calvet: juventud, Cataluña y lucha contra el secesionismo
En este renovado escenario aparece con fuerza la figura de Júlia Calvet, quien no entra al ejecutivo simplemente como un recambio; es vista como una apuesta estratégica fundamental. Jurista y expresidenta de la plataforma estudiantil S’ha Acabat!, conocida por su combate contra el independentismo en las universidades catalanas, ha emergido como una de las caras más visibles en esta batalla cultural dentro Cataluña.
Actualmente ocupa varios cargos relevantes:
- Es diputada en el Parlamento de Cataluña representando a VOX.
- Asume también el rol de portavoz nacional juvenil dentro del partido.
- Se presenta como uno más destacados valores emergentes señalados por Abascal debido a su fuerte presencia durante debates parlamentarios tanto en catalán como español; además cuenta con una capacidad mediática cuidadosamente explotada por parte del partido.
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