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Y lo peor, es que estaba fría.
La imagen es impactante: Pilar Alegría, candidata del PSOE en Aragón, sonríe ante una tortilla de patata, mientras políticamente se traga el completo menú de la financiación a la carta para Cataluña acordada por Pedro Sánchez con ERC.
Una metáfora culinaria que será muy indigesta en las urnas.
Mientras en Barcelona se distribuyen promesas atractivas, en Zaragoza, Valladolid o Sevilla, los candidatos socialistas observan cómo las encuestas se deslizan en picado.
El mensaje que cala en muchos territorios es directo y contundente: el respaldo a Sánchez en Madrid implica sacrificar a los suyos en comunidades que históricamente han sido menos favorecidas.
Aragón: una candidata en plena cuesta abajo
Las encuestas revelan un panorama complicado para el PSOE aragonés.
Los últimos sondeos colocan al PP de Jorge Azcón entre 29 y 31 escaños, mientras que el PSOE de Alegría caería a su cifra más baja, con solo 17-19 diputados. Esto significaría un descalabro histórico, comparable al terremoto sufrido por los socialistas en Extremadura.
Otros estudios de opinión corroboran esta tendencia:
- El PP podría alcanzar el 40 % de los votos, quedándose cerca de la mayoría absoluta.
- El PSOE rondaría el 24-26 %, con estimaciones que sitúan a Alegría entre 17 y 21 escaños, con el riesgo real de tocar fondo.
- Vox duplicaría su representación, alcanzando entre 11 y 13 diputados, mientras la izquierda alternativa llega muy fragmentada y al límite del 3 %.
En cuanto a la valoración personal de los líderes, Azcón obtiene más de 13 puntos sobre Alegría como favorito para presidir Aragón (30,7 % frente al 17,7 %), y casi la mitad de los aragoneses cree que el presidente popular ganará las elecciones, frente a apenas un 21,6 % que ve posibilidades para Alegría. Incluso entre antiguos votantes socialistas, más del 30 % considera más probable una victoria de Azcón.
La campaña de Alegría intenta proyectar cercanía territorial —dejando su puesto en el Ministerio y la portavocía— y gestión calmada, pero se enfrenta a dos realidades:
- Un desgaste nacional del PSOE debido a los pactos con independentistas y la amnistía, que en Aragón genera un rechazo generalizado.
- La percepción, alimentada por el PP, de que Alegría “ha llegado forzada por Pedro Sánchez” y que si pierde regresará nuevamente a Madrid.
En este contexto, su defensa silenciosa de una financiación singular para Cataluña se convierte en un auténtico polvorín electoral.
La financiación “a la carta” de Cataluña que Alegría no puede cuestionar
El punto conflictivo es evidente: ERC exige y Moncloa acepta abrir la puerta a un modelo específico de financiación para Cataluña, lo cual incluye la recaudación íntegra de impuestos estatales y una redefinición del llamado principio de ordinalidad. Esto significa que Cataluña no perdería posiciones en renta per cápita tras la redistribución, asegurando su nivel frente a otras comunidades.
Juristas y economistas críticos denuncian que este cambio distorsiona el principio de ordinalidad tal como lo definió el Tribunal Constitucional, concebido como un criterio técnico dentro de un sistema común, no como una carta blanca para privilegios territoriales. Se pasaría así de buscar igualdad en el reparto a establecer una especie de “blindaje” catalán.
En este escenario, Pilar Alegría se ve forzada a respaldar la postura oficial del Gobierno sin levantar la voz, aunque:
- Aragón podría quedar como un territorio pagador neto dentro de un sistema donde Cataluña mejora su posición a expensas del resto.
- La percepción ciudadana sobre agravio comparativo es instantánea: “ellos tienen financiación especial; nosotros paciencia”.
- La oposición le recuerda continuamente que no ha emitido una sola crítica pública sobre las negociaciones con ERC.
El resultado es un relato difícilmente defendible durante la campaña: la candidata que solicita confianza para proteger Aragón es la misma que guarda silencio ante el reparto desigual cocinado en Moncloa.
Sánchez y el “altar” del independentismo: Aragón, Castilla y León y Andalucía bajo presión
La estrategia global de Pedro Sánchez busca asegurar su mayoría parlamentaria incluso sacrificando al máximo el mapa autonómico. El mensaje percibido por muchos barones y candidatos socialistas es claro: no se trata tanto de conservar gobiernos regionales como de mantener vivo el bloque con ERC y Junts.
Este enfoque tiene tres efectos políticos significativos:
- Aragón como daño colateral
Alegría compite contra un PP sólido, una derecha movilizada y una izquierda fragmentada; pero además lleva consigo la carga adicional de la amnistía, la erosión del sistema común de financiación y la sensación generalizada de que Aragón vuelve a estar “a la cola” en las prioridades.
Su capacidad para diferenciarse respecto a Sánchez es mínima, lo cual refuerza el discurso popular que sostiene que votar por ella es “votar sumisión a Madrid”. - Castilla y León: territorio perdido, relato presente
Aunque las elecciones autonómicas allí no están próximas, el PSOE regional también paga las consecuencias del mismo relato: territorios interiores donde se negocian privilegios fiscales con Cataluña mientras se exigen sacrificios presupuestarios en provincias con pérdida poblacional y servicios.
Cada concesión territorial a ERC se convierte en munición política para el PP local y frena cualquier intento futuro por reconstruir mayorías socialistas. - Andalucía: Montero y el estigma de “anteponer a Sánchez”En Andalucía, María Jesús Montero —vicepresidenta y ministra de Hacienda— personifica como pocas veces antes el dilema actual del socialismo territorial. Su nombre resuena como posible candidata; sin embargo sus posibilidades están condicionadas por dos factores:
- Se le atribuye tanto desde dentro como fuera del PSOE haber priorizado los intereses de Sánchez sobre los de Andalucía, especialmente durante las negociaciones con independentistas y respecto al debate sobre financiación.
- La gestión del modelo autonómico ha sido considerada “muerta” por expertos y antiguos dirigentes socialistas; quienes sostienen que ya no se trata solo del aspecto técnico sino puramente político al servicio de preservar al Gobierno central.
El resultado es una candidata asociada al respaldo de un esquema financiero que podría perjudicar claramente a Andalucía, dado su alto grado dependencia respecto a las transferencias del sistema común.
Montero y Junqueras: reinterpretación creativa del principio de ordinalidad
El debate sobre financiación presenta un capítulo delicado relacionado con cómo han reinterpretado María Jesús Montero y Oriol Junqueras el principio de ordinalidad.
Mientras el Tribunal Constitucional lo estableció como referencia para evitar pérdidas desproporcionadas tras redistribuciones fiscales, las negociaciones transforman este concepto en:
- Una fórmula mediante la cual Cataluña podría asegurarse nunca bajar posiciones tras ajustes relativos.
- Una especie garantía política más que técnica que mantiene congelada su posición por encima del promedio.
Dentro del propio PSOE hay voces críticas —incluso exdiputados— quienes consideran que este modelo financiero está “muerto” y ha devenido simplemente un debate político destinado a “comprar” apoyos nacionalistas momentáneos. Este diagnóstico explica gran parte del malestar existente en comunidades como Aragón o Andalucía; donde sienten que los cálculos políticos tienen más peso que sus reales necesidades financieras.
Comprar apoyo a ERC implica vender cohesión
Detrás deste movimiento subyace una acusación recurrente presente tanto en editoriales como tribunas: Sánchez no puede ocultar su corrupción comprando apoyo a ERC. La oposición desarrolla así una doble narrativa:
- Las concesiones relacionadas con financiación, amnistía o reconocimiento político hacia independentistas funcionarían como cortafuegos frente a escándalos relacionados con corrupción o clientelismo dentro del PSOE.
- A cambio se socavan pilares fundamentales del sistema: igualdad entre españoles, previsibilidad fiscal e estabilidad dentro del modelo autonómico.
Este marco narrativo impacta directamente sobre candidaturas como las Pilar Alegría o incluso María Jesús Montero. Cada vez que Sánchez consolida algún pacto con ERC refuerza aún más esa narrativa donde:
- Los recursos parecen decidirse bajo criterios puramente parlamentarios.
- La «España interior» junto con «la España sur» soportan los costos derivados por mantener paz con independencias catalanas.
- El PSOE territorial parece haber perdido su voz propia e incapacidad para marcar límites claros.
Una tortilla de patata trae muchas indigestiones autonómicas
La escena donde Alegría saborea una tortilla mientras asume sin objeciones la financiación singular destinada a Cataluña ilustra perfectamente este momento político: gesto atractivo para campaña pero mala digestión subyacente.
En Aragón se votará sintiendo que su candidata llega con un menú preestablecido desde Madrid. En Andalucía surge nuevamente el nombre de Montero envuelto entre ecos relacionados sus negociaciones sospechosas; temiendo siempre volverá elegir entre Sánchez antes que San Telmo. Y Castilla León observa cómo intenta recuperar terreno mientras nota cómo debates sobre financiación son decididos mirando más hacia Barcelona que hacia Burgos o León.
Así vive actualmente España política un momento peculiar; nunca antes había tenido tanto peso simbólico una simple tortilla ni había dejado tantos barones autonómicos sintiéndose atrapados pagando cuentas ajenas.
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