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Ataque en Sentmenat (Vallès Occidental, Cataluña)

La ‘kale borroka’ separatista intenta linchar a jóvenes del Núcleo Nacional ante la pasividad institucional

​Cataluña se ha convertido en el escenario de una persecución ideológica sin precedentes, donde la libertad de expresión parece ser un lujo reservado únicamente para quienes portan la estelada.

David Izquierdo 12 Ene 2026 - 02:42 CET
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Lo vivido este fin de semana en el municipio de Sentmenat no fue una «protesta vecinal», como intentan vender los medios subvencionados por la Generalidad; fue una emboscada violenta en toda regla contra un grupo de jóvenes que se atreven a disentir del pensamiento único.

​La emboscada de los «tolerantes»

​El grupo Nuclio Nacional, que ha irrumpido con fuerza en el panorama patriótico español, se citó en la localidad barcelonesa para una jornada de convivencia y formación. Sin embargo, el «comité de bienvenida» ya estaba preparado. Grupos de la extrema izquierda independentista y colectivos antisistema, movilizados a través de redes sociales con total impunidad, acudieron al lugar no para debatir, sino para asediar.

​Los vídeos que circulan por redes sociales, y que los grandes telediarios ocultan, son escalofriantes: insultos, lanzamientos de objetos y un clima de hostilidad asfixiante. Los jóvenes de Nuclio Nacional se vieron rodeados por una turba que, al grito de «fascistas», ejercía el fascismo más puro: el de impedir que el otro pueda moverse libremente por su propio país.

 

​¿Dónde estaban los Mossos?

La pregunta que se hacen miles de catalanes es clara: ¿Por qué se permitió que los violentos se acercaran a escasos metros de los asistentes? Una vez más, la sombra de la dirección política de la Consejería de Interior planea sobre el operativo. Pareciera que hay una orden no escrita de dejar que los «cachorros del separatismo» campen a sus anchas mientras se criminaliza a quienes defienden la unidad de España.

​»Nos encerraron, nos lanzaron de todo y la policía solo miraba. Saben que tienen impunidad absoluta», relata uno de los jóvenes presentes en el acto.

​Una resistencia que no se dobla

​Pese al despliegue de odio de los radicales, los miembros de Nuclio Nacional mantuvieron el tipo. Lo que en otros tiempos hubiera terminado en una retirada silenciosa, hoy se ha convertido en un acto de resistencia. La juventud patriótica parece haber perdido el miedo a las etiquetas y a las pedradas de una izquierda que ve cómo pierde el control de las calles.

​Sentmenat es solo el último ejemplo de una Cataluña fracturada por décadas de ingeniería social independentista. Pero también es el reflejo de una nueva generación de españoles que no está dispuesta a pedir perdón por sentir sus colores.

​¿Seguirán las autoridades permitiendo que Cataluña sea el «Lejano Oeste» de los antisistema o se empezará a proteger de verdad el derecho de reunión de todos los españoles?

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