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Anuncian un sábado de «meteorología compleja» con 63.000 afectados

La Hoguera de los Miserables: El peor incendio de la historia de Madrid vuelve a poner en evidencia al Gobierno más infame que ha tenido España

Los 15 aviones antiincendios que prometió Sánchez no están funcionando en lo peor de la campaña

Mario Lima 25 Jul 2026 - 08:51 CET
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Ayuso: “Es el peor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid y nuestra prioridad es salvar vidas”

El peor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid vuelve a poner en evidencia al Gobierno más infame e incompetente que ha tenido España.

Mientras las llamas obligaban a evacuar y confinar a decenas de miles de personas -63.000 según la ultimas noticias-, el delegado del Gobierno, un tipejo que dijo en su día que los proetarras han hecho más por España que PP y VOX– exigió explicaciones a Ayuso, el bocachancla Óscar Puente -responsable de la tragedia de Adamuz– prefirió el insulto en X.

Y de fondo, los quince aviones antiincendios prometidos por Pedro Sánchez que a la hora de la verdad no aparecen por lado alguno.

Hay incendios que solo queman monte, y hay incendios que, además, prenden las vergüenzas de quienes deberían apagarlos.

El que arrasa el suroeste de la Comunidad de Madrid es, según todos los registros disponibles, el peor de la historia reciente de la región, y su magnitud ha bastado para sacar a escena lo peor de un Gobierno que ha respondido a la tragedia con un desfile de personajes que, por riguroso orden cronológico, retratan tanto sus miserias como su única excepción sensata.

Un Gobierno de miserables https://t.co/Jj5koFELGG

— Alfonso Rojo López (@AlfonsoRojoPD) July 25, 2026

El delegado que pidió explicaciones mientras el fuego avanzaba

El primero en salir a escena fue el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín. Cuando la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, solicitó la declaración de emergencia nacional ante una evolución de los incendios que afectaba ya, de forma simultánea, a dos comunidades —Madrid y Castilla y León—, la respuesta del delegado fue de una frialdad burocrática difícil de justificar: «que explique los motivos en los que fundamenta su solicitud, porque esto no funciona así». Poblaciones enteras estaban siendo evacuadas y la vida y las propiedades de miles de personas corrían serio peligro; exigir justificaciones en ese momento no es prudencia institucional, es una forma de negligencia con despacho oficial.

La primera en la frente https://t.co/AiBvSZ3sdQ

— Alfonso Rojo López (@AlfonsoRojoPD) July 25, 2026

Marlaska, la excepción sensata

Por fortuna, quien tuvo la última palabra no fue el delegado. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, corrigió la indecente respuesta de su subordinado y la emergencia nacional acabó declarándose, permitiendo que fuera el Gobierno de España quien coordinara unas actuaciones que, por la magnitud de la tragedia y su alcance en distintos territorios, exigían mando centralizado. Es, quizá, la única decisión de todo el episodio que estuvo a la altura de la gravedad del momento. No por casualidad, es también la que más críticas le ha granjeado a Marlaska desde dentro de su propio Gobierno.

Puente, el ministro de los tuits incendiarios

El segundo protagonista fue, cómo no, el ministro de Transportes, Óscar Puente, ocupado en escribir tuits incendiarios contra el Gobierno de Ayuso mientras el fuego avanzaba a velocidad de vértigo. Puente acusó a las comunidades del PP de recortar servicios para después reclamar ayuda a la UME, y llegó a dirigirse a la propia Ayuso con un «si hay una mamarracha en España, esa eres tú», en plena crisis de evacuaciones. Desde el entorno de la presidenta madrileña la respuesta no se hizo esperar, con acusaciones cruzadas de «miserable» y de utilizar la tragedia para saldar cuentas políticas. El resultado fue una sucesión de insultos que poco aportó a la extinción de un solo foco y mucho a la crónica de una clase política incapaz de pausar la trinchera ni ante las llamas.

Detrás del ruido: seis aviones donde se prometieron quince

Mientras Madrid discutía a golpe de tuit, el terreno exponía un problema más de fondo. Como revela El Debate, la flota de quince aviones anfibios que el propio Sánchez presentó en mayo como «el mayor despliegue del Estado» contra los incendios forestales dista mucho, en la práctica, de la cifra anunciada. De los aviones de carga pesada, solo siete están operativos en toda España; uno de ellos está a punto de agotar sus horas de vuelo y deberá entrar en mantenimiento, y otros tres permanecen en reparación tras sufrir averías o accidentes. El resultado, hecho el descuento, son seis aeronaves reales frente a las quince prometidas —una flota, además, envejecida, con aparatos de más de 40 años de servicio—, que ha obligado a las comunidades autónomas a «dosificar» el uso de los medios aéreos justo cuando más se necesitaban. Los nuevos aviones DHC-515 de refuerzo, anunciados como solución, no llegarán hasta 2028: demasiado tarde para esta campaña y, probablemente, para varias más.

Lo que el humo deja ver

El balance de la temporada agrava la lectura: más de 55.000 hectáreas calcinadas en lo que va de año, el doble que en el mismo periodo del año anterior, en un contexto de olas de calor cada vez más intensas y prolongadas que ha obligado a adelantar la campaña estatal al 1 de junio. Solo en Madrid, el incendio del suroeste ha dejado cerca de 63.000 personas afectadas por evacuaciones, confinamientos y cortes de carretera, con rachas de viento de hasta 50 km/h que han complicado el trabajo de los medios aéreos y carreteras estrechas colapsadas durante horas. El humo y la ceniza han llegado a oscurecer el cielo de la capital hasta el punto de activar alarmas de incendio en edificios donde no había ni una chispa, solo partículas suspendidas engañando a los sensores.

Martín y Puente, Puente y Martín, representan el rostro que este Gobierno ha decidido mostrar en la peor semana del año. Marlaska ha sido, esta vez, la figura que ha estado a la altura. El fuego, mientras tanto, ha seguido una lógica mucho más simple que la de cualquier despacho ministerial: no entiende de ideologías, pero sí responde, con toda crudeza, cuando las promesas se quedan en el suelo y los aviones no despegan.

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