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LA MONCLOA ACTIVA EL DEBATE IDENTITARIO

Sánchez ataca al Rey y agita el espantajo de la ‘España plurinacional’, para intentar revivir electoralmente a la ultraizquierda

El Gobierno Frankenstein incrementa la intensidad de su discurso contra la Corona, agobiado npor las encuestas que pronostican un batacazo d ela izquierda

Mario Lima 20 Ago 2026 - 09:04 CET
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Sánchez prepara el terreno para las elecciones usando a Puente como bulldog contra la Corona

El verano político en España ha dejado atrás la estampa de relax en chiringuitos y hamacas.

Ahora se convierte en un enfrentamiento institucional electrizante.

La ofensiva del Gobierno contra la Corona se suma al resurgimiento del controvertido proyecto de la España plurinacional, creando un panorama en el que la lucha trasciende la mera contienda entre partidos; se trata, en esencia, de un debate sobre los fundamentos del Estado, tal y como viene apuntando Vozpópuli en su análisis sobre la estrategia de Sánchez para movilizar a la izquierda atacando a la Corona y defendiendo el modelo plurinacional.

La imagen del Rey Felipe VI junto al comunicador Javier Negre durante la toma de posesión del presidente colombiano Abelardo de la Espriella ha actuado como un catalizador visible, aunque la mecha estaba encendida desde hace un tiempo. Lo que inicialmente se percibió como un mero gesto protocolario ha sido transformado por el ministro de Transportes, Óscar Puente, en una herramienta de demolición contra la Casa Real, empleando términos tan contundentes como “ignominia” y “no tocaría ni con un palo”, expresiones que jamás habrían sido esperadas en la relación Gobierno–Jefatura del Estado. Así, se conecta con una agenda más amplia impulsada por Pedro Sánchez, que incluye una redefinición del modelo territorial y, potencialmente, del régimen en una perspectiva de España plurinacional.

De la “alma republicana” a la táctica de desgastamiento

Un aspecto destacado es que, por primera vez en democracia, un ministro en funciones señala abiertamente al Rey con acusaciones directas sobre su conducta personal, no solo institucional. Puente va más allá de criticar la imagen con Negre; plantea “línea roja”, “ofensiva intolerable” y critica a una monarquía que “contamina” su imagen al relacionarse con alguien a quien describe como “activista de ultraderecha” y “profesional del bulo”. Este aumento en la agresividad del lenguaje quiebra el uso tradicionalmente prudente al referirse a la Corona.

Nada de esto ocurre en un vacío:

Desde un prisma electoral, la jugada tiene su lógica: la izquierda, desmovilizada y dañada por escándalos de corrupción y concesiones al independentismo, encuentra en este choque entre “monarquía y república plurinacional” una oportunidad para reagrupar a sectores republicanos, nacionalistas y a aquel electorado desencantado. Sin embargo, eso implica romper uno de los pocos consensos relativamente estables desde la Transición: el respeto hacia la Jefatura del Estado, independentemente de si se comparte o no su modelo.

La España plurinacional como última salida

La noción de España plurinacional no es nueva en el léxico de Sánchez, aunque se percibe un nuevo impulso en clave de proyecto de poder. Recientes informes indican que Moncloa trabaja en la idea de una república plurinacional como “último recurso” para movilizar a la izquierda en el horizonte electoral de 2027. La estrategia contempla:

El desafío jurídico es considerable: cualquier cambio que afecte a la Corona requiere una mayoría de dos tercios en ambas Cámaras, la disolución de las Cortes, nuevas elecciones y un referéndum ratificatorio, un procedimiento diseñado precisamente para evitar modificaciones de régimen bajo el peso de una coyuntura. La propuesta de plurinacionalidad que se maneja intenta sortear esas complicaciones a través de cambios simbólicos, consultas políticas y una presión sostenible sobre la monarquía.

Feijóo, en este marco, alerta sobre el intento de reemplazar el Estado autonómico por una “plurinacionalidad de carácter confederal” sin contar con el apoyo social ni parlamentario necesarios, y sin un presupuesto, utilizando el decreto ley como herramienta principal para gobernar. De este modo, la Corona se convierte en una de las barreras frente a ese cambio, explicando así su transformación de símbolo neutral a objetivo político.

Consecuencias institucionales y riesgos calculados

Este enfrentamiento tiene múltiples implicaciones que superan la simple anécdota de una foto desafortunada o unos tuits incendiarios:

Desde la oposición, ya se habla de una “estrategia para socavar la Corona”, no solo a raíz del caso Puente, sino por una serie de incidentes y la continua insistencia en vincular monarquía, derecha y “bloque reaccionario”, en contraste con una izquierda que se posicionaría como abanderada de una renovada arquitectura republicana y plurinacional del Estado. La cuestión se centra en si el ciudadano promedio percibe esta confrontación como una prioridad o si, más bien, la considera una distracción ante problemas más cotidianos: inflación, vivienda, la crisis migratoria en Ceuta o el deterioro generalizado de las instituciones.

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