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DEBATE SOBRE LA ESTABILIDAD ENERGÉTICA EN ESPAÑA

La verdad tras el ‘Gran Apagón’: los riesgos de un sistema eléctrico en pruebas y la nefasta gestión de Sánchez

Las advertencias internas de Red Eléctrica y la escasa presencia nuclear pusieron en jaque al sistema antes del colapso

Manuel Trujillo 09 Jun 2025 - 08:38 CET
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Van a tener razón ‘The Telegrpah’ y los medios extranjeros.

Aquí hay ‘matute’ y el marido de Begoña miente como un bellaco.

El ‘Gran Apagón’ que dejó a oscuras a millones de ciudadanos en España y Portugal ha puesto bajo los focos tanto el modelo energético del país como la gestión del gobierno Sánchez.

Más allá de teorías conspirativas o relatos simplistas, lo ocurrido es una lección sobre los límites de un sistema eléctrico tensionado por la rápida transición hacia renovables, la escasa presencia nuclear y una cadena de avisos desoídos por las autoridades y operadores.

Un colapso anunciado: advertencias, experimentos y falta de inercia

En los días previos al apagón, varias conversaciones internas dentro de Red Eléctrica de España (REE) ponían sobre la mesa una preocupación central: “apenas hay nuclear en el sistema”. Esta frase, que circulaba entre técnicos y directivos, no era una anécdota. Reflejaba una realidad técnica incómoda: el peso menguante de la energía nuclear —que aporta estabilidad e inercia al sistema— en un mix cada vez más dependiente de renovables intermitentes.

Estas conversaciones no eran aisladas. Documentos internos apuntan a que, al menos doce días antes del apagón, Red Eléctrica ya conocía los problemas de estabilidad y las oscilaciones anómalas en la red. Aun así, no se tomaron medidas contundentes para reforzar la seguridad ni se modificó el modo experimental en que se estaba operando parte del parque renovable.

Mientras tanto, desde el Gobierno se impulsaban “experimentos” para probar la resiliencia del sistema con altos porcentajes de renovables y mínimos históricos de generación nuclear y fósil. Esta apuesta, aunque alineada con los objetivos europeos de descarbonización, elevó peligrosamente el riesgo operativo.

¿Qué falló exactamente? Una cadena crítica de sucesos

A las 12:33 horas del día fatídico, una fuerte oscilación en los flujos eléctricos puso a prueba los límites del sistema. En apenas cinco segundos se perdió el 60% de la producción eléctrica nacional: 15 GW desaparecieron súbitamente del mix energético español, cuando toda la potencia nuclear instalada suma solo 7,4 GW. El primer incidente ocurrió en el suroeste —probablemente en una gran central fotovoltaica— pero fue el segundo evento, apenas un segundo y medio después, el que desató el desastre: oscilaciones violentas forzaron la desconexión automática tanto con Francia como con Portugal, aislando a España del resto del sistema europeo y precipitando el colapso total.

El operador europeo ENTSO-E corrobora que hubo dos periodos críticos de oscilaciones en los treinta minutos previos al incidente. A pesar de las acciones para mitigarlas, cuando se produjo la pérdida masiva de generación —primero detectada 19 segundos antes del apagón— ya no fue posible contener la caída ni restablecer la frecuencia adecuada. En cuestión de segundos, trenes parados, aeropuertos bloqueados y millones sin luz.

El papel clave (y olvidado) de la energía nuclear

Una parte esencial del debate técnico gira en torno a la inercia eléctrica: esa capacidad del sistema para resistir cambios bruscos gracias a máquinas síncronas como turbinas nucleares o hidráulicas. La renovable —solar y eólica— aporta energía limpia pero poca o ninguna inercia si no va acompañada de sistemas avanzados de almacenamiento o control.

El caso español es paradigmático: las nucleares han pasado a representar un mínimo histórico justo cuando más falta hacía su capacidad estabilizadora. La decisión política —y empresarial— de prescindir progresivamente de ellas ha dejado a la red más expuesta a sobresaltos repentinos. Según expertos consultados por los medios, nunca antes se había experimentado un “evento tan excepcional”, donde el sistema no pudo aguantar las perturbaciones porque “apenas había nuclear” para amortiguarlas.

¿Gestión política o temeridad técnica?

La estrategia energética impulsada por el ejecutivo de Pedro Sánchez —con protagonismo para Beatriz Corredor al frente de REE— apostó por avanzar rápido en descarbonización sin reforzar suficientemente los mecanismos clásicos de respaldo y estabilidad. Si bien no hay pruebas concluyentes sobre sabotajes o ciberataques —como algunos insinuaron en redes sociales— sí hay consenso entre técnicos e industriales sobre las deficiencias estructurales y operativas que hicieron posible este colapso.

Las compañías eléctricas llevan tiempo alertando sobre tensiones extremas en la red durante días previos al apagón. Varias instalaciones (como refinerías o infraestructuras ferroviarias) sufrieron desconexiones automáticas debido a oscilaciones fuera de rango incluso antes del evento principal. Sin embargo, ni REE ni el Ministerio para la Transición Ecológica ajustaron los protocolos ni reintrodujeron suficiente generación estable para mitigar riesgos.

Lecciones urgentes: ¿cómo evitar otro ‘Gran Apagón’?

El apagón masivo obliga a repensar varios aspectos fundamentales:

El ‘Gran Apagón’ no fue fruto ni del azar ni únicamente del clima extremo o posibles ataques externos; fue resultado directo de un modelo energético ambicioso pero insuficientemente respaldado por tecnologías maduras y decisiones operativas cautelosas.

Mientras el país avanza hacia un futuro más verde, queda claro que acelerar sin frenos técnicos ni red de seguridad puede salir caro. La verdad incómoda es que los “experimentos” tienen consecuencias reales; ahora toca aprender rápido —y con rigor— para que la historia no se repita.

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