OPINIÓN

Manuel del Rosal: «La humanidad enterrada a lo largo de 100 pisos»

Manuel del Rosal: "La humanidad enterrada a lo largo de 100 pisos"

Silo es una serie distópica basada en los escritos distópicos del escritor Hugh Howey.

Tras un final apocalíptico del que nada se sabe, los últimos habitantes que pudieron salvarse de la catástrofe sucedida hace 140 años, viven en un mundo creado bajo tierra en el que se siente seguros o, al menos, así se lo hacen creer quienes los gobiernan. Todo está reglado en el silo y son esas reglas las que, según garantizan los que poseen el poder, les mantienen y les mantendrán a salvo; felices y seguros a lo largo de sus vidas. El silo, aislado del resto del mundo que se supone es tóxico y letal para la vida, encierra el secreto de lo que sucedió en la Tierra hace 140 años.

Los habitantes del Silo son los últimos sobrevivientes de la humanidad tras lo que sucedió hace más de 140 años. Nadie sabe que fue ni nadie recuerda nada, tan solo saben que, según los que gobiernan el Silo, el exterior es tóxico. Para retener a la población y que nadie busque salir del Silo, los gobernantes muestran a través de pantallas gigantescas, un exterior apocalíptico, tóxico, venenoso en el que ninguna clase de vida puede existir. Para afianzar el miedo que desde hace generaciones mantiene a los ciudadanos del Silo bajo tierra y sin conocer los motivos de ello, los mandatarios, desde el mismo momento en que terminó la catástrofe que obligó a abandonar la superficie terrestre, destruyeron todos los libros y todos los registros del pasado. Y así mantienen en la conformidad con las leyes y la constitución llamada “Pacto” a todas las personas que las acatan como una pseudoreligión con reglas tan estrictas como si dos personas son o no son compatibles para formar pareja y, si lo son, si pueden o no tener hijos. Todos aquellos que infringen las leyes del “Pacto” serán penalizados.

Como en toda sociedad en la que unos pocos, muy pocos, mediante la implantación de la ignorancia en todos los demás a través de la manipulación y la demagogia y la premisa de que, las leyes diseñadas por esos pocos son las únicas que han salvado de la extinción a lo largo de 140 años y que manteniendo esas leyes garantizan la supervivencia en los tiempos venideros; esos pocos, situados privilegiadamente en los pisos más altos y próximos a la superficie, viven aposentados en privilegios de todo tipo, los que viven en los pisos bajos, los encargados de que todo funcione a través del mantenimiento de un generador gigantesco y un sistema mecánico siempre vigilados en su funcionamiento, sufren las consecuencias de ser considerados – a pesar de deberse a ellos el poder vivir en un tubo – como la casta más baja del escalafón social piramidal que empieza arriba y termina abajo.

Nosotros, los seres humanos actuales, vivimos en la superficie, todavía hemos podido frenar lo que, de seguir tal como estamos nos llevaría a una catástrofe similar a la que ocurrió en la narración distópica de Silo. La diferencia entre Silo y la sociedad actual está en que la sociedad de Silo, a pesar de vivir en una permanente manipulación, mentiras y falacias para tapar lo que realmente sucedió, supo actuar mal que bien y pudo continuar su errático camino sepultada en un hoyo de 140 metros y 100 pisos. Los acontecimientos que estamos viviendo en general en el mundo, y en particular en Europa, no dejan lugar a la esperanza. Todo lo contrario; puede que sea el inicio del enterramiento de nuestra civilización en un silo de dimensiones colosales en el que la vida no sea una vida, sino una existencia – no es lo mismo vivir que existir, las amebas también existen –

Guerras, imposturas, pobreza, injusticias, codicias de poder y de riquezas, hipocresías, cobardías son los condimentos que entran en el guiso que están guisando los que pretenden desde siempre la implantación de un gobierno mundial único.

En Silo. Para mantener a los ciudadanos en la obediencia a lo escrito en el “Pacto” unas grandes pantallas de televisión emiten constantemente letanías, mensajes, consignas sobre la importancia de seguir inexorablemente las reglas contenidas en el “Pacto” si quieren mantenerse con vida dentro del Silo, único lugar donde puede desarrollarse la vida. Entremezclado con las consignas, aparecen imágenes apocalípticas del exterior mostrando una tierra tóxica, desolada no apta para la vida. Nadie puede confirmar semejantes imágenes porque los pocos que han pedido salir del Silo, no han vuelto y su salida ha sido difundida en directo por las pantallas ante todos los ciudadanos para que vean como a los pocos minutos de salir han quedado fulminados, sin que nadie pueda confirmar si lo que emiten es cierto o está manipulado; más aún, sin que nadie pueda dudar bajo penalización que las imágenes son ciertas.

Al igual que en Silo, nosotros los ciudadanos de este mundo interconectado y enfermo de información falsa y tóxica que se distribuye a través de todo el globo, vivimos encerrados en un espacio físico limitado, no por las paredes de un silo, sino por la oscuridad de una información, de unas imágenes, de unas consignas y reglas para hacernos creer que, tan solo acatándolas ciegamente, la vida puede desarrollarse en este planeta porque todo lo que hay fuera de la doctrina oficial es tóxico, cuando lo tóxico es precisamente, y al igual que en Silo, la doctrina oficial que entran en nuestros hogares a través de millones de pantallas televisivas que, nosotros mismos, hemos colgado de nuestras paredes.

MAROGA

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