Ante situaciones, circunstancias y momentos importantes para tu vida y la de los tuyos, no escondas la cabeza bajo la arena de la comodidad y la desidia. Seguramente, cuando la saques creyendo que todo ha pasado, te encuentres con panorama peor que el que quisiste evitar no haciéndole frente-
El efecto avestruz es un sesgo cognitivo que nos lleva en ocasiones a no enfrentarnos al problema en la creencia de que, cegándonos ante la realidad, esta desaparecerá. Así evitamos todo lo que no nos gusta, nos produce y afecta a nuestro espacio de confort. Este hecho no solo se produce con los hechos, también con las noticias que nos afectan negativamente. Más aún, tanto para los hechos como para las noticias, pretendemos hacernos creer estúpidamente que no existen. Entre otras cosas el efecto avestruz es un acto de cobardía, de falta de coraje para hacer frente al problema; eso sí, con la cabeza metida bajo la arena, se está más cómodo. Ignorar el problema, hacernos creer a nosotros mismos que no existe, puede ser calmante, pero no eficaz y, probablemente, cuando saquemos la cabeza de su escondite sea demasiado tarde porque, como todo en esta vida, los hechos y las noticias también tienen su tiempo y su medida.
Las sociedades, al igual que las personas, tienden en muchas ocasiones a esconder la cabeza bajo la arena esperando lo imposible o retrasando lo inevitable. Las sociedades fuertes en valores y principios, solidas, sanas, comprometidas y responsables, siempre han mantenido la cabeza erguida y la mirada franca. Por supuesto, aun así, podían caer, pero caían luchando, no entregadas; con la cabeza alta, no metida cobardemente en la arena; haciendo frente al problema, no queriendo ignorarlo; agarrando al toro por los cuernos, no escondiéndose en el burladero; tirando de valor, responsabilidad y coraje, no queriendo ocultar la realidad creyendo que, si cierro los ojos ocultando la cabeza bajo la arena, la realidad desaparecerá.
Tras le Segunda Guerra Mundial, el mundo cambió. Antes de la guerra aún se conservaban valores y principios sobre los que se asentó el cristianismo que, sobre todo en Europa, nos trajo avances sociológicos que moldearon la sociedad occidental. Antes de la guerra la sociedad era una sociedad que se sostenía en los pilares del trabajo, el mérito, el esfuerzo y la cohesión, era una sociedad sólida, cohesionada. Zygmunt Bauman llamaba a esta sociedad la sociedad sólida a diferencia de la sociedad que salió de la guerra poco cohesionada y carente de valores a la que este sociólogo dio el nombre de sociedad líquida; es la sociedad actual.
Para comprender lo que Bauman quiso decir con de sociedad sólida y líquida tenemos que acudir a explicar lo que es un sólido y un líquido: Los sólidos presentan partículas altamente resistentes y cohesionadas, potentes fuerzas de atracción, elevada densidad, gran densidad, forma definida, baja fluidez y gran resistencia a la fragmentación. Los líquidos tienen sus partículas mucho más débiles y menos ordenadas por eso carecen de forma fija y estable, no presentan alta cohesión y resistencia y, debido a todo esto se prestan a ser moldeadas con mucha facilidad.
Basta con mirar la situación geopolítica, económica y social por la que atraviesa nuestro mundo, la falta de medidas de quienes son los vigilantes de él y de quienes los elegimos con nuestros votos, para confirmar que, los pueblos y sociedades que forman fundamentalmente el mundo que se ha dado en llamar civilización occidental, prefieren meter la cabeza bajo la arena permaneciendo estúpidamente a la espera de un imposible e intentando retrasar lo que va a ser inevitable.
MAROGA