Si mal vamos, esto no es ningún secreto para cualquier persona que tenga dos dedos de frente. Lo que es aún más grave es que nos encaminamos a lo peor.
No queremos ser alarmistas, simplemente pretendemos ser realistas.
Como a todo buen español, nos preocupa y mucho, no solo la situación de nuestro país, sino también, y esto es aún más importante, los derroteros que está tomando desde hace un tiempo.
Miremos por donde miremos, todo son problemas, tanto internos como externos. No obstante nuestro desquiciado desgobierno actúa, unas veces sí y otras no, como si anduviésemos por un camino de rosas.
¿Cuál es el motivo? Eso es lo que quisiéramos saber todos.
Aun partiendo de la base indudable, de que lo que pretende a toda costa, sea como sea, es mantenerse, sus actuaciones dejan mucho que desear.
Manténgase, dentro de la legalidad, pero no a costa de los ciudadanos. Los problemas que tengan entre partidos son eso, problemas entre partidos, que nunca deben recaer en las personas de a pie.
Sin embargo, aquí ocurre lo contario, se pelean entre ellos y pagamos la culpa nosotros. Si unos proponen algo razonable para el pueblo (por equivocación la mayor parte de las veces), los otros pretenden tumbarlo, aunque solo sea para quitarles el posible mérito, o para tener la oportunidad de explayarse hablando en la cámara correspondiente. ¿Lo que digan? Da igual. Además, con frecuencia se limitan a leer el rollo que les ha preparado el asesor, olvidando que un parlamento es para parlamentar, es decir, hablar. No es un salón de lectura.
En estas circunstancias ¿qué podemos esperar? Nada, y nada es nada.
Internamente somos un país en el que podemos esperar que pase todo, por descabellado que parezca. No lo decimos por decir, sino porque tristemente es la verdad. Nos encontramos con que el jefe está tocado, y bien tocado, por escándalos de los que son protagonistas sus familiares más allegados, pero él tranquilo, como si no pase nada. En vez de eso debería dar ejemplo y facilitar que se aclarasen los líos lo antes posible, pero al revés, pone todos los obstáculos que puede. ¿Lo suyo es un ejemplo de colaboración con la justicia que recomienda a todos los españoles? La respuesta es obvia.
Cara al exterior somos un ejemplo de lo que no deberíamos ser. ¿Cuántos países nos toman en serio? No pretendemos que volvamos a nuestras anteriores épocas gloriosas, pero sí que nos traten como a un igual y no que nos camelen cuando necesitan nuestro voto, que después procuran cobrarse con creces
En definitiva, vamos de mal en peor en todos los aspectos, y quienes deberían arreglarlo prácticamente solo se ocupan de sus asuntos, creyéndose que a nosotros con darnos un caramelo de vez en cuando estaremos calladitos y aceptaremos todo. Craso error.
Llevamos bastante tiempo advirtiendo de la situación. Así no vamos a ningún sitio En la historia reciente de nuestro país tenemos, por desgracia, un ejemplo de lo ocurrido en circunstancias similares. Naturalmente si pasa algo similar, esperemos que no, los verdaderos responsables se lavarán las manos y descargarán toda la responsabilidad en los demás.
España podía ser un país ejemplar en todos los ámbitos, tanto interno como externo, pero tenemos la mala suerte, de caer con frecuencia en manos de gente, que, aprovechándose de vuestra nobleza, montan su corralito y a vivir.
Aún tenemos la esperanza de que esto cambie, porque “la esperanza es lo último que se pierde”, pero están muy avisados.
Si ocurre algo no se quejen.