OPINIÓN

Victor Entrialgo de Castro: «Legítima defensa de la democracia»

Victor Entrialgo de Castro: "Legítima defensa de la democracia"

Desde que llegó, Sanchez no ha hecho otra cosa que comprar el poder y vender la patria. El aplomo con el que miente compulsivamente y la tranquilidad con la que «se aferra al poder a costa de la democracia», más que una reseña de The Economist parece una cita de «El otoño del patriarca».

¿Cómo no vamos a defendernos los españoles ante un maestro de la mentira y su jefe de gabinete, un especialista de «la ética del engaño», eufemismo para la ausencia de ética, la guerra sucia, la destrucción del oponente y el movimiento de peones que estén dispuestos a arrastrarse como reptiles en las instituciones.

El mismo que le susurra «Miente, desmiente y aunque pierdas una y otra vez, di siempre que has ganado. Ahora lánzalos a todos tácticamente contra Ayuso para tapar el trasero de Begoña y, sobre todo, el tuyo». La lucha frente al tirano no es fácil porque ha abandonado el arte de la política por el de la guerra y la proliferación de majaderos y amorales en este país, particularmente a su alrededor, es realmente preocupante. La degradación socialista de la política y la sociedad, la incompetencia del poder, la subvención de la perrada y el enaltecimiento de la vulgaridad es el desbrozamiento del sanchismo para allanar el terreno.

Pero aún hay esperanza. En la Iliada y la Odisea se designa al pueblo no sólo como «Demos» sino como «Laos», que expresa la parte activa de la comunidad que toma parte en acciones de guerra o de conquista política a favor de un jefe/a heroico con el que voluntariamente se identifica. «Laótico’ o «laocrático» es pues la cualidad potencial o real del pueblo que se moviliza en defensa de la libertad política y de la democracia y permite distinguir «acción laocrática» de una parte del pueblo y «resultado democrático» para todo el pueblo».

Por eso mientras echamos a Sanchez al vertedero de la historia es importante reparar no tanto en cómo llegó sino en por qué. Y lo hizo, porque, como explica Trevijano, esto no es una democracia. No existe democracia porque no se respetan los tres principios que garantizan la libertad política y los derechos fundamentales haciendo posible que los gobernados elijan, depongan y controlen «en todo momento» a los gobernantes:

a) No se respeta el «principio representativo» porque los ciudadanos no elegimos a nuestros representantes. Los eligen los jefes de las bandas, que el pueblo se limita a ratificar.

b)No se respeta el «principio electivo» porque sólo debemos obedecer a quien hayamos elegido para que nos mande, y podamos fácilmente deponer. A Sanchez lo ha elegido una banda de palmeros que él mismo ha colocado, uno a uno, y no es fácil deponerlo cuando se vende la Nación y se compra el poder.

c)No existe «división de poderes» porque en el Estado de partidos, -y nunca como ahora-, el ejecutivo domina a los demás.

Y así se degenera en la presente autocracia con deriva totalitaria de Sanchez que de democracia sólo tiene el nombre. Sin estos 3 principios, aunque haya libertades civiles, no hay libertad política. Ni de expresión ni de prensa.

La partitocracia domestica a la masa por medio de los partidos, verdaderos oligopolios políticos parlamentarios que elevan la corrupción a factor de gobierno al tiempo que subasta nuestra soberanía entregándola a majaderos, separatistas y terroristas,  enemigos de la Nacion. Y así llegamos a la madre del cordero: Tenemos un «déficit democrático estructural» y electoral que, una vez que echemos al tirano, habrá que abordar, si queremos realmente vivir en democracia o similar.

Por supuesto que el pueblo soberano confia en la UCO y en los Jueces valientes. Pero mientras Sanchez chapotea diariamente en el fango moral en el que nos tiene sumidos y suelta la jauría de sus perros contra Ayuso, -una confesión de que está rodeado-, no debemos olvidar que, además de policial y judicial, es una cuestión política y «laocrática» y no podemos dejar de ejercer, si es preciso llegando hasta el palacio de la Moncloa, el derecho a remover al tirano del poder y a la legítima defensa de la democracia.

Víctor Entrialgo de Castro

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