El mayor delito de Sanchez es el tiempo que nos está robando. Con tantas tareas comunes como los españoles tenemos pendientes, él y ésta chusma que sube la adrenalina y daña las coronarias nos está robando el tiempo, la verdad y la vida.
Pero el tiempo suele dar dulces salidas a amargas dificultades y a la vista de su rictus y respuestas durante la última cumbre tal parece, amigo Sancho, que la cosa está a punto de caramelo y esto va a acabar como el rosario de la aurora.
Al despuntar el día, los cofrades de la oposición recorren el Congreso y el Senado recitando el rosario de escándalos e imputaciones y los ministros elegidos por su pasado inconfesable de macarra o camorrista para cuidar como mastines la casa cuando él se va, se retuercen en los bancos como posesos, sacando la lengua como la niña del exorcista para hablar como jefa de la Stasi y por órdenes de arriba que en horas saldrían nuevas del novio, y salieron, pareciendo que viniera de filtrarlas.
Cualquiera puede agraviar sin afrentar, porque la afrenta viene de parte de quien la puede hacer, la hace y la sustenta. El gobierno no puede sustentar nada porque no tiene principios ni fundamentos, pues fue construído en el aire sin cimientos y con un tejado de paja, como la casa de los tres cerditos.
Y es que viendo a los personajes, el guión está ya hecho. Tras la cumbre de Portugal al gigante Malambruno se le ha visto queriendo deshacerse de su cabalgadura Clavileño, cansado, desnortado tratando de ganar tiempo con perífrasis para agarrarse a los tablones de su naufragio.
Pero de pronto pierde el botox de la frente, vuelven las arrugas a su ceño fruncido y comienzan a sonar las balas del fuego amigo, apareciendo venganzas y enfrentamientos, iglesias y rejonazos que antaño reventaban partidos y procesiones, que eso era justamente terminar como el rosario de la aurora.
Mientras ellos escapan a países lejanos, los músicos de su Titanic tocan las últimas notas desaforadas de náufragos desesperados a los que no les llega la camisa al cuerpo. Quieren morir matando pero si no fuera porque dan miedo cuando se les retuerce la cabeza o sacan la lengua cuando arrojan en el Parlamento, parecerían niños que no saben donde ocultar la corrupción jugando al escondite.
Ahora que estamos pensando en poner un bus a Moncloa, Bonny & Clyde se van a la India, Azerbayán y Hungría, pero no es sólo por cómo cocina, es que no quieren que les caiga la casa encima porque el extranjero es el único sitio donde está a salvo de que les vituperen, porque no les conocen todavía.
Hasta que llegue el camión de la basura, que es el que debería recogerlos no tardando, en lugar del Falcon, porque el sanchismo es quincalla, gentuzilla, bisutería legislativa, morralla arrabalera, verdulería, brujería, basura sin posibilidad de reciclar que en el momento que caiga, cabrá toda en un contenedor, con 22 ministerios inútiles y cita previa inconstitucional en la Administración.
Con este panorama al gobierno sólo le queda incendiar las calles como cualquier dictador acorralado y por eso han empezado a movilizar okupas, de esos que se empeñan en vivir del presupuesto. Asoman ya los disturbios y escándalos que aparecen mientras el patriarca en su otoño maniobra para eludir responsabilidades políticas y penales de un gobierno responsable de inducir al Fiscal general a cometer un delito de revelación de secretos. De quien depende la fiscalía, pues eso.
¿Quien si no el pequeño Ginés de Pasamonte pudo ser el correo de un enano moral que se cree Altísimo? Que Ábalos era un macarra se veía de lejos, y eso acaba saliendo, que hay otras, no hay más que verlo y que aquel trepa era un carapijo también era de público conocimiento, pero que no lo pagaría con cien años que viviera, era muy dificil verlo. Pero la política construye el relato y la gente se acostumbra a ver languidecer la libertad sin inmutarse, como si fuera luz de otoño.
Sanchez está acorralado, pero no por los poderes económicos con su pacto mutuo de no agresión, sino por los jueces, la prensa y los ciudadanos. Nos esta robando la vida, la verdad y sobre todo el tiempo, pero el sanchismo está a punto de caramelo. Cómo él irse no se va a ir, esperemos que caiga por fin el usurpador, antes de que ésto acabe como el rosario de la aurora.
Víctor Entrialgo