Recuerde Sr. presidente lo que dijo Voltaire: “A los vivos se les debe respeto, a los muertos nada más que verdad” A los muertos de cualquier condición. Con esta frase Voltaire nos instaba a hablar de los muertos – de todos los muertos – con honestidad y verdad, en lugar de distorsionar la realidad y la verdad.
A usted, Sr. presidente, le gusta la Escatología como a otros nos gusta cualquier cosa. Nada que objetar, salvo cuando utiliza la memoria de los muertos – de todos los muertos – para obtener réditos electorales y políticos. A eso se le llama miseria y bajeza moral.
Ya, ya sé que usted, Sr. presidente, no es muy de frases bíblicas; es por eso por lo que le ruego me permita comentarle una de Jesucristo que aparece en Mateo 8:22 y dice así: ¡Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos! Con esta frase Jesús nos daba a entender que Dios nos pide que demos santa sepultura a nuestros muertos, pero que nuestra responsabilidad es atender las necesidades de los vivos. En el caso de usted y como presidente de España, Jesús le dice que atienda a los ciudadanos que gobierna y que, a pesar de ello, están vivos. Que no sea usted un gobernante de muertos, sino de vivos y que deje descansar en sus sepulturas a los muertos – a todos los muertos – entre otras cosas porque los muertos que usted usa murieron hace 50 años, señor presidente ¡Cincuenta años! Medio siglo que se dice pronto. Pero usted, fiel a sus traumas derivados de su bárbara ambición de poder, creyendo que mirando hacia atrás con ira consigue réditos electorales y políticos, usa obscenamente a los que murieron – a todos los que murieron – sin importarle revivir los momentos más tristes de la reciente historia de España y abrir heridas que deberían estar cicatrizadas hace ya mucho tiempo.
Usted nos amenaza con un año 2025 repleto de actos contra Franco, mientras debido a su innata cobardía y a su olvido de los vivos y de los muertos recientes y de sus familias, muertes y desapariciones en parte muy importante debidas a la ineptitud y a la miseria moral de su gobierno que, desde el primer momento priorizó los intereses de partido, personales y de poder a la ruina de los ciudadanos a los que usted dice que gobierna, cuando usted se gobierna a sí mismo y a nada más.
Fueron muchos los inocentes que, por la estupidez de un pueblo que perdió la inteligencia en aras del odio fratricida y de unos políticos enfangados en el lodo y el fango del odio al contrario por no comulgar con sus ideas y sus ideologías – ¡malditas ideologías! – llevaron a España a la guerra más estúpida que registran los anales de las guerras y que se llevó miles de muertos – de todos los muertos – y que usted los cataloga según el color político, en muertos buenos y por eso mártires y muertos que no merecen nada.
En el año próximo usted volverá a resucitar a Franco, a abrir heridas y a aflorar odios en la creencia de que eso le rentará beneficios políticos y electorales. Señor presidente, dedíquese a gobernar, deje em paz a los muertos y facilite la vida a los vivos, sobre todo a los vivos que lo han perdido todo por la catástrofe de la DANA que usted y su gobierno no supieron prevenir, ni ahora saben cómo hacer volver a la normalidad a quienes, desde el minuto uno, fueron abandonados por usted y su gobierno de muertos vivientes.
MAROGA