José María Álvarez Suárez –de Belmonte de Miranda, Asturias, es conocido también como «Josep» Maria Álvarez, quizá por su «catalanización» durante los años allí vividos– es un sindicalista español y actual Secretario General de la UGT que sucedió en el cargo a Cándido Méndez, el 12 de marzo de 2016.
Pepe, alias «el del fulard», o el «Josep» María –para los charnegos radicales y cataloparlantes– el del régimen «pescetariano»(amante del pescado y del buen marisco) por principios, y uno de los muchos dirigentes y lideres sindicalistas que históricamente defraudados por la frase alemana más infame de toda la historia colocada en la entrada de la mayoría de los campos de concentración de la Alemania nazi que rezaba «ARBEIT MACH FREI», traducida como «El trabajo os hace libres» y, al comprobar por la historia que no era así, si no que la mayoría de los que allí entraban a «trabajar» no salían vivos, decidieron no ser «libres» nunca más y vivir sometidos a la dura esclavitud de las bien merecidas mamandurrias de los gobiernos de turno o «a la catalana» (alteri dixerunt), eso sí, dejándose la piel en beneficio –no de «los pobres y de los huérfanos de la capital» como en la satírica canción «A beneficio de los Huérfanos» nos cantaban las «Madres del Cordero» allá por el 1970–de la sufrida y reprimida clase obrera a la que ellos, muy apesar suyo, habían renunciado de modo altruista y desinteresado. Este insigne y elato personaje viajará el próximo lunes a Bélgica y, en concreto a Waterloo, para mantener una reunión con Carles Puigdemont –el «molt honorable president» de la Generalitat de Catalunya i del propi Consell– en la Casa de la República, sede del Consejo por la República y su actual palacete- residencia, ubicada en el número 34 de la Avenida de l’Avocat.
Su exclusivo y principal objetivo (al menos, eso afirma y, de entrada, nos lo creemos porque mientras no nos demuestre lo contrario, él no es el «mitómano» Pedro Sánchez) es plantearle la necesidad de contar con su necesario apoyo — los siete votos de JxC en el Congreso de su prófugo y golpista presidente– para la tramitación parlamentaria de la «reducción de la jornada laboral» y, a la vez, conseguir que la CEOE vuelva a sentarse en la mesa de negociaciones.
Álvarez, acompañado por el jefe de la UGT en Cataluña, tratará de convencer al líder de Junts para que apoye la reducción a 37 horas y media la jornada laboral, para lo cual y a modo de «servil cumplido» y «aduladora y obligada pleitesía» ha manifestado en una entrevista en Antena 3 que: […] «lo normal es que el «neoconvergente» golpista señor Puigdemont estuviera aquí, en España– bueno mejor dicho en Catalunya– porque él preside un partido político «democrático» como es «Junts per Cat» y, lo más normal es que ya se le hubiera aplicado la prometida y ansiada «Amnistía», una ley que pese a ser «inconstitucional per se», pero que para él, el ugetista «Pepe», pá los amiguetes, carece de toda importancia y «eso es lo de menos»(¿?).
Ante tan desafortunada, tan irresponsable y tan desatinada afirmación pronunciada –nada más y nada menos que por todo un secretario general de la UGT, el gran paladín de los derechos constitucionales de todos los trabajadores–a parte de muy perplejo, me he quedado casi boquiabierto y profundamente «ojiplático» (en el neo argot pijoprogre), pues, o bien no sabe lo que significa que algo sea «de lege lata» «inconstitucional», como en el caso de «la amnistía» y, que es «todo aquello que vulnera nuestra Constitución aprobada por las Cortes Generales y sancionada por SM el Rey y, por ello, es nulo de pleno derecho»; o bien, no le interesa recordarlo, para allanarse bien «su camino» de ida y vuelta a la valona Waterloo, por aquello de que «la lisonja hace amigos y la verdad enemigos» y, parece que en esta ocasión, a quien le ha tocado –ponerse de rodillas o bajarse los pantalones hasta los mismisimos tobillos (cualquiera sabe) a modo de palmaria y oficial pleitesía al Puigdemont, el charnego de tercera generación por parte de su «àvia materna»– es, a «Pepe», pá los amigos. Para eso, «para hacerse su amigo», quizás influenciado por el reciente aforismo pseudo-politico de la «fashionaria», comunista y meliflua ministra galega de Trabajo publicado en un tuit de la red social «X», en el que advierte a la patronal catalana y, en particular, a su máximo exponente Josep Sánchez Llibre, líder de «Foment del Treball», sentenciando melosamente que: «en democracia manda la gente, no las empresas», por muy grandes y multinacionales que sean.
Queda claro muy claro que –la ex abogada laboralista, la comunista Yoli, la de melena negra, vaqueros y luengo fulard al estilo de su ex camarada, el nacionalista Xosé Manuel Beiras– tiene muy claro que las empresas son unas simples «entelequias», y no un grupo de»gente», de personas de una organización que se dedica a diferentes actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos, ergo…si son «gente» también tienen algo que decir en cualquier democracia.
Resulta paradójicamente obvio que –desde un tiempo a esta parte, en realidad, desde que Sánchez, tras asaltar la Moncloa con una moción amañada con el apoyo del PNV necesitó, necesita y necesitará los siete valiosísimos y muy necesarios votos de Junts para poder seguir desplegando su megalómana e insaciable ansia de poder– la política española ya no se dirime ni de cocina ni en el Congreso de los Diputados y ni siquiera en Moncloa a base de Reales Decretos, si no que tiene que pasar, sí o sí, de modo obligatorio, por el palacete y por debajo de las arcas y, no ya por las históricas «caudinas», si no por las «puigdemontnianas» del prófugo, golpista y –que «de facto» preside en la sombra el cautivo Ejecutivo sanchista– para que, le dé su «visto bueno».
Choca y mucho, seguir viendo cómo en España los «sindicatos de clase» –los que en teoría y en la práctica agrupan a los trabajadores en contra de los empresarios, en base al concepto marxista de lucha de clases y en defensa de sus intereses como, el pleno empleo, la reducción de jornada laboral y la mejora salaria– son solo meros instrumentos al servicio de los gobiernos afines a cambio de las cuantiosas y millonarias mamandurrias recibidas.
A diferencia de España, Francia e Italia, en Alemania, Reino Unido y en general los países escandinavos, los sindicatos son «entidades» meramente privadas que se financian exclusivamente con las cuotas de sus afiliados y de los rendimientos de capital. Esto les permite funcionar con total independencia de la patronal y del Gobierno. De todos es sabido que: «¡ningún perro muerde la mano del que le da pan y que un perro harto de pan, es mal guarda!». Traduciendo ambos refranes al roman paladino, los sindicatos no van a mover un dedo siempre y cuando no les interese a ellos, ya que van a tener «in aeternum» su financiación cubierta por su dotación pública y repleta de privilegios para sus sindicatos. Cualquier acción o aptitud gubernamentalmente heterodoxa puede crear incompatibilidades con el bienestar y la salud económica del sindicato en particular, y en general, dejar a los pies de los caballos a los propios trabajadores, sindicados o no.
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador autonómico por Murcia.