Ya dije en uno de mis artículos que para mí la política “Es una casa de citas regida por una madame que responde al nombre de hipocresía y donde se explotan y pervierten a tres pupilas inocentes llamadas Verdad, Justicia Y Honestidad”
Ronald Reagan comparaba a la política con la prostitución. Lo dice en su famosa frase: “Dicen que la política es la segunda profesión más antigua. Me estoy dando cuenta de que cada vez se parece más a la primera” Yo añado que se parece por la forma de ejercerla y porque siempre está vinculada a la primera.
Lo último que ha salido a la luz sobre la sempiterna vinculación del sexo con la política, han sido “los pisitos para señoritas” donde retozaban Torres, Ábalos y Koldo. Esto ha sido precedido por las tarjetas para pagar prostíbulos en Andalucía, las guarrerías de tito Berni y lo que anda escondido en los albañales donde se revuelca la izquierda feminista de cartón piedra…Y qué curioso, todos los casos están protagonizados por quienes adelantan por la izquierda
Puede que antes de la llegada de nuestra democracia, durante la dictadura, el nexo entre política y sexo se desarrollara de forma semejante a como se ha ido desarrollando y se desarrolla desde que alcanzamos la gloriosa democracia. Eso sí, al menos el sexo de los políticos se ejerce democráticamente: en la dictadura nos imponían a los políticos puteros y en la democracia los elegimos libremente nosotros.
En honor a la verdad debemos reconocer que poco, muy poco se ha hablado y se habla del estrecho vínculo entre la política y el putiferio y el de estos dos con el poder. Estoy seguro de que si se profundizara en el muladar donde conviven la política y la prostitución, tendríamos que cerrar los ojos y taponar nuestros oídos.
La condición humana es la que es y no hay que darle más vueltas. Los hombres y mujeres tienen sus apetencias y sus querencias, es natural. Lo que no es natural es que tanto ellos como ellas, cuando alcanzan puestos en la política, lo primero que hacen es aprovecharse de sus privilegios emanados de sus cargos para satisfacer esas querencias, sean las que sean, con el agravante de sostenerlas económicamente con los impuestos de los ciudadanos y pregonar por las plazas a voz en grito que la prostitución denigra a quien se ve empujado/a practicarla. No se puede alcanzar mayor grado de hipocresía Y suciedad moral.
MAROGA