OPINIÓN

Manuel del Rosal: «Que viva la economía/que viva el dinero negro/y a vivir que son dos días/Si te he visto – Aldama – no me acuerdo.»

Manuel del Rosal: "Que viva la economía/que viva el dinero negro/y a vivir que son dos días/Si te he visto – Aldama – no me acuerdo."

Así cantaba el inolvidable Carlos Cano allá por los años 90. Así lo cantaría hoy corregido y aumentado, pues la corrupción pestilente es lo que, desde el inicio de lo que llamamos democracia, caracteriza la política de España para ignominia de sus políticos y desgracia de sus ciudadanos.

Hay más en esa canción. Refiriéndose al glamur que la política corrupta aporta a quienes la ejercen, sobre todo a sus mujeres, sin olvidar a los hombres, que dice así: “Portada de las revistas/estilo, clase, dinero/Terciopelo de coristas/conquista de los banqueros” Aunque ese glamur no es más que bisutería porque el glamur o se tiene o no se tiene; no se adquiere gastando litros de Farmatint, metros de sedas en ellas y Rolex y trajes Armani en ellos.

Continua Carlos con la ecología fake, la modernidad y el progreso de una izquierda desnortada y con la vista puesta tan solo en los beneficios que su puesto político le pueda aportar: “La movida del diseño/pintamonas, culebrones/Contra más crisis en el reino/más trabajan los bufones” Y no olvidó el paro, la peste de la ambición dineraria y de codicia y, ¡por supuesto! los teléfonos: “El paro, la peste política/los teléfonos de espanto/ El Whatsapp se contamina/los ciudadanos atascados” ¡Que viva el progreso y la modernidad!

Acaban de inventar el nuevo hormigón dos veces más fuerte que el hormigón normal. Está compuesto de una mezcla de cemento y grafeno.

Con una cara más dura que ese supercemento, nuestro ínclito, inefable y nunca bien ponderado presidente del gobierno se ha subido al estrado y nos ha dicho sin pestañear que debemos pedir disculpas, incluso perdón, al señor García Ortiz, Fiscal General del Estado por la Gracia de Dios, por haber dudado de su honorabilidad, cuando es él el que debería pedir perdón a los ciudadanos a los que debe servir y proteger y no gastar sus energías jurídicas en servir a un partido político. Energías malgastadas en un marronazo de colegial atontado, al borrar mensajes para así intentar borrar su injerencia delictiva en el caso de la pobre Ayuso, mujer que Pedro Sánchez tiene sentenciada por aplastar a los designados por él para quitarle el sillón presidencial de la comunidad de Madrid y porque no puede soportar que le diga las cosas en perfecto español para que todos las entendamos y sin cortarse un pelo.

Lo peor que le puede pasar a un colectivo sea este una familia, una sociedad, un pueblo o una nación, es que esté dirigido por malvados estúpidos. Desgraciadamente, España está gobernada por quienes todos los días aparecen fotografiados en las páginas de los diarios señalados como estúpidos malvados. Pero si sumamos a los que, siendo malvados estúpidos nos gobiernan, los ciudadanos que, sin ser malvados, son estúpidos y los votan, solo nos queda encomendarnos a la Providencia.

MAROGA

 

 

 

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