Estoy seguro que en más de una ocasión han oído decir la expresión «Excusatio non petita, accusatio manifesta…» a personas de cierto nivel intelectual o pertenecientes al mundo jurídico. Esta es una locución latina de origen medieval y que literalmente traducida es: «La excusa no pedida, es una acusación evidente» (manifiesta). Esto –en el más puro román paladino– nos enseña que todo aquel que se disculpa o intenta disculpar a otro de una falta sin que nadie le haya pedido que lo haga, le están señalando como autor de la falta cometida.
Hay una frase muy similar a esta y que se encuentra en las «Cartas de San Jerónimo» –uno de los grandes teólogos de la época paleocristiana y doctores de la Iglesia– cuando afirma: «Dum excusare credis… accusas>>y, que se debe traducir por: «Cuando crees que te estás o estás excusando a alguien, te estás o estás acusando a alguien».
Aunque en la sociedad actual este vetusto aforismo –que según algunos historiadores suele atribuirse al filósofo cordobés Séneca «El joven»– cobra una gran relevancia en todos los diversos ámbitos y órdenes de la vida, en las relaciones personales, en las profesionales y sobretodo en el mundo del derecho, lo es mucho más e incide de modo muy especial en casi todas las facetas de la «esfera política».
Los politicos –en general y, en particular, los de las izquierdas más «progresistas»(radicales)– suelen acostumbrar a usar con excesiva facilidad excusas no solicitadas para intentar justificar las acciones, las decisiones y las omisiones de las personas, de los organismos o de las entidades que dependen directamente de ellos o al menos con esto están poniendo de manifiesto sus inexcusables responsabilidades en situaciones muy concretas.
Esto es lo que le ha ocurrido al megalómano Sánchez al salir en defensa del Fiscal General del Estado, después de informar la UCO que»no ha hallado ningún mensaje en su teléfono móvil» en los días que se investiga la filtración del correo sobre el caso relativo a la pareja de Isabel Díaz Ayuso :
[…] «Después del preceptivo informe de la UCO, la confianza del Gobierno de España en «SU» Fiscal General es aún mucho mayor».¿»Pero» ahora quién le va a pedir perdón a «su» Fiscal General del Estado, quién lo va a hacer? ¿Quién le va a pedir disculpas…?». Estas han sido las dos preguntas que se ha formulado el mitómano Sánchez en una rueda de prensa desde Bruselas –por si luego al llegar a España se le olvidaban o ya era demasiado tarde– a modo de recriminación contra todos los que han pedido la dimisión del Fiscal General de «su» Gobierno sin pruebas, sin vergüenza, con bulos, con falsas acusaciones, con manifiesta desinformación y, sobretodo, con «fango», con mucho «fango», arrojado «ad hominem» por y desde la «fachosfera» de Feijóo y Abascal.
Ante tan cínica e injustificable petición de perdón y disculpas para «su» Fiscal General personal y el de «su» propio Gobierno –pese a la fundamentada y seria sospecha de haber eliminado «supuestamente» todos los mensajes comprometidos de su móvil bajo la excusa de que es una norma que se suele aplicar en el ámbito de la Fiscalía por seguridad. Pero por la seguridad ¿de quién? ¿de «su» Fiscal? ¿de «su» Gobierno o del propio Pedro Sánchez… ? ¿Por qué una semana después de saber qué su terminal telefónica iba a ser examinada por la UCO…?
Son dos –al menos– las personas que deben responder a estas preguntas.
Da la impresión de que pese, a todo lo «listo» (no confundir con ser inteligente) y «pillo» que él se considere y, lo consideran su banda de conmilitones –razón no le falta, pues de tonto, no tiene ni lo justo– en esta ocasión: o le han fallado su instinto y su pilleria, le ha patinado y, mucho, la memoria o más bien ha sido una voluntaria e intencionada ignorancia…
De no haber sido así, habría caído en la cuenta de que –con su vehemente actitud en defenderlo públicamente, a capa y espada, para que le sean presentadas todo tipo de excusas y perdones por tan supuesta magna ofensa a «su» Fiscal General– está siguiendo al pie de la letra el verdadero espíritu del clásico y judicial aforismo latino de «excusatio non petita, acusatio manifesta».
Por tanto, bien, se le aplique el significado de «excusatio…» o, por el contrario, el de «dum excusare credis… accusas», lo único que ha conseguido con sus vehementes «erotemas» es, una vez más, confirmar sin la menor duda la << cul-pa- bi-li- dad >> de «su» Fiscal General, la «suya» y la de «su» propio Gobierno, a tenor, de la cínica y megalómana pregunta retórica –formulada al periodista de RNE, Íñigo Alonso– cuando le interrogó sobre su firme promesa de traer de vuelta, sí o sí, a España al prófugo y golpista Puigdemont y –que por cierto, y como ya es habitual en él, ha vuelto a incumplir– cuando dijo: “¿La Fiscalía …de quién depende? , ¿de quién depende…?.¡ Pues ya está”! (Sin comentarios).
Normalmente, los que acostumbran a pedir «disculpas indebidas y no exigidas» siempre suelen añadir la conjunción determinante y adversativa «pero», convirtiéndo la disculpa en una forma indirecta de autoprotección disfrazada de perdón. Aunque «pero» solo posee dos sílabas, es muy fácil que se acabe cayendo en su uso a la hora de ofrecer esas disculpas y, que, de acuerdo, a su función semántica, tiene el poder de anular la frase anterior que le precede.
Por muy seguro que se esté de algo, si se le añade ese «pero», restará fuerza al mensaje hasta el punto de que el otro, el supuesto ofendido lo pueda interpretar como una manera de disculparse no del todo honesta ni socialmente correcta.
Tanto es así, que hasta la propia «Asociación de Fiscales» ha avisado a Sánchez de que el Fiscal General. ni es «suyo» ni tampoco forma parte de «su» Gobierno. Por ello, no dejan de arremeter y denunciar el «clamoroso silencio» de la Fiscalía General, presidida por su señoría el Excmo. D. Álvaro García Ortiz, alias «el borrador oficial de mensajes móviles».
Aquí, sí que es muy necesario y justo un comunicado oficial dirigido a toda la sociedad española para explicar, sin matices, su posición neutral y su independencia del oficial Ejecutivo Sanchista. Con el uso destacado del adjetivo posesivo «su», la Asociación de Fiscales incide en que:
[…] «nuevamente, para el presidente del Gobierno, el Ministerio Fiscal no es una mera institución autónoma, de raíz constitucional y ajena al partidismo político, sino que coloca al Fiscal General del Estado dentro del propio Gobierno de la Nación».
Que se vincule la Fiscalía con el Gobierno y con su ruidoso silencio ante semejante, inconstitucional y gratuita afirmación es altamente anticonstitucional y preocupante. Sin duda alguna, en cualquier otra circunstancia politica distinta a la actual, las palabras pronunciadas por un presidente –que no fuera ni democrático ni honesto ni responsable ni que no gobierne realmente si no que se dedique solo a estar en el Gobierno y que mienta por seguir en el poder, como es el caso de Pedro Sánchez, intentando a todo costa «patrimonializar» al Fiscal General– habrían tenido una respuesta contundente de la propia Fiscalía General del Estado con un rechazo total ante tan descabellada y soberbia intromisión para reivindicar la absoluta y, a la vez, la necesaria independencia y separación de poderes.
Una vez más el «Síndrome de Hubris» que subyace en su sociopática personalidad le ha vuelto a perder y se ha dejado llevar por dos de sus cardinales síntomas : la prepotencia y la megalomania, como expresión de su «desmedido ego» y el manifiesto e indisimulado «desprecio» hacia las opiniones de los demás. Por eso hay «disculpas que no deben nunca pedirse» y si se piden…que no
terminen con ningún «pero».
Pedro Manuel Hernández López, médico jubilado, Lcdo. en Periodismo y ex senador autonómico del PP por Murcia.