Una ralea de pingüinos y suricatos rodean al dictador en el homenaje al general Franco para distraer de su póker de imputaciones en un acto diseñado por un pitagorín de la Moncloa con ínfulas de Goebbels. La pantomima no puede ser más ridícula. Como todos ellos.
Un acto al que asisten todos los suricatos y suricatas porque su dueño y señor pasa lista en un acto de campaña que pagamos todos y que constituye una maniobra de distracción y una flagrante malversación de caudales públicos.
Eso sí que es de mala persona pardilla, de psicopatología con cubiletes de trilero, fuegos fatuos, juegos de distracción y medios cómplices dando bola a esta farsa.
Este banda de patanes irresponsables provocadores no hacen sino dar la razón histórica a Franco, que es la obtenida con las categorías de cada tiempo, porque la razón misma es histórica y van camino de ensalzar a Franco y convertirlo en una figura nacional transversal, como De Gaulle.
El gobierno Sanchez generó desde su nacimiento una evidente alarma social. Fue y es esencialmente un peligro público. Pero, a la vista está, quiere serlo para nuestro pasado, para nuestro presente y para nuestro futuro.
Esta gentuza, estos torrentes con picadero en Atocha, esta panda de hipócritas utilizan a Franco como el cuento del lobo, lo que sea para enfrentar, su única manera de gobernar. Venderse a los enemigos y enfrentar al resto. Pero al final va a venir el lobo.
Lo de Sanchez y sus saltimbanquis es puro teatro, el circo con el que distraer de Begoña, Delcy, la financiación del PSOE desde Venezuela de donde, en lugar de incienso y mirra, ha llegado oro, petróleo e hidrocarburos.
Es evidente que Maduro no se va ir. Hay que sacarlo. Su poder, como el de Sanchez, no es un poder cualquiera, es de carácter existencial: o tienen el poder o no tienen nada, no son nada. Basura de la historia.
Por eso las palabras de Maria Corina Machado que no ha pronunciado aún nuestra oposición, sirven para España: «La libertad se lucha y se conquista. No importa cuánto la hayan querido dividir nosotros lo vamos a unir. Cada persona es importante. Somos todos. Nadie se queda atrás con la fuerza de un pueblo que sale, grita, lucha. Es el momento de hacerles entender que hasta aquí llegaron. No hay excusas. La libertad se alcanza cuando se vence el miedo». «Hasta aquí llegaron». ¡Gloria al bravo pueblo! El soberano». Un soberano, el venezolano como el español, porque esa es su naturaleza, que aguarda deseoso de colaborar en proyectos comunes.
Están rodeados. Y lo saben. Esto ya no es una democracia. Nada volverá a ser como antes. Y al final va a venir el lobo. A los pingüinos y suricatos los veremos saltar del barco hacia el país de nunca jamás. Quienes son capaces de modificar, en su exclusivo interés, la naturaleza afable, cordial y moral de los españoles son gentuza, la palabra que más repite la gente, ralea moral huyendo a sus covachuelas autonómicas y escondiéndose detrás de la figura de Franco. Porque los que quieren revivir el enfrentamiento no tienen otra manera de vivir.
Víctor Entrialgo