“Hoy, la mentira, es decir, el relato, constituye el instrumento más perfeccionado y utilizado por la política para manipular a las masas”
La sociedad europea en general y la española en particular son sociedades blanditas amarradas por cadenas de seda a lo que llaman “Mi especio de confort” y afectas a una frase que corta sus iniciativas: “Esto es lo que hay” Y no digamos humilladas ante lo políticamente correcto. En ellas no triunfan ni la verdad ni los hechos porque, siendo blanditas y teniendo la piel muy fina, la verdad y los hechos irrefutables les causan molestias; prefieren el relato, sobre todo si viene acompañado de poses semejantes a las de los místicos y de palabras melifluas y vanas.
En estos últimos días dos hechos irrefutables han dado lugar a dos relatos falsos como todos los relatos que buscan la manipulación de los ciudadanos. Los hechos irrefutables han sido la toma de posesión de la presidencia de los EE UU por Trump tras ganar por goleada a Biden y el fracaso esplendoroso y derrota de la ley ómnibus de Sánchez. Los relatos sobre ambos hechos no han tardado en ser emitidos para que, la sociedad europea en general y la española en particular, vean en Trump al Anticristo y al PP como único responsable de que las pensiones se vean afectadas al ir en un mismo saco con leyes que nada tenían que ver con ellas. Sánchez, en un ejercicio más de trile, se dijo que aprobarían todas las que metió en el saco de ley ómnibus, porque a ver quién iba a ser el guapo que las rechazara estando las pensiones dentro de ese saco. Se equivocó al medir mal la reacción valiente, no solo del PP, sino de su más conspicuo socio.
Los hechos sólidos e irrefutables están ahí firmes e inamovibles, los relatos falsos y manipuladores, que no se sostienen, también están revoloteando por todos los rincones de España. Yo me hago una pregunta: ¿serán los hechos irrefutables o serán los relatos falsos y tendenciosos los que calen en la mente de los ciudadanos? Hablemos del relato.
El relato en política es una construcción falsa para atacar al contrario y engañar al votante. Persigue que el hecho aparezca como falso ante los ciudadanos cuando el hecho les perjudica, aunque represente un bien general y tangible. Se pretende que el relato sea hegemónico sobre el hecho, al menos que así lo parezca ante los ojos de la ciudadanía, Y esto es muy perverso porque si pasamos por alto el hecho estamos cuestionando la verdad. La verdad pasa a ser aquello que, aun siendo una mentira, una falacia, concuerda con el relato. Hoy la política se ha convertido en la búsqueda de la hegemonía mediante el relato hegemónico. ¿Qué se pretende con ello? Convertir la sociedad en una comunidad de mansos borregos dominada, no por los hechos irrefutables y la verdad, sino por el relato hegemónico, relato que, al fin y al cabo, el ciudadano atado con cadenas de seda a su “espacio de confort” y entregado al “esto es lo que hay” abraza con entusiasmo debido a que es menos molesto, hace que no tengamos que pensar y no nos irrita como los hechos irrefutables y la verdad.
MAROGA