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Artículo de opinión

La tesis de Íñigo Errejón: El «tontoplagio» de Platón y Sócrates

09 May 2019 - 12:26 CET
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Íñigo Errejón, discípulo de Iglesias tal que Platón de Sócrates, absorbió las enseñanzas del mismo «Director de Tesis» que su maestro, el doctor Don Heriberto Cairo Carou, quien, para Errejón, «ha constituido una referencia firme y un ejemplo de mirada larga…». El «PhD. Cairo» fue tan excelso «director» que, de seguro, insufló a Errejón el modus operandi en el trabajo de su tesis hasta que completó las seiscientas cincuenta y cuatro (654) páginas; «ahí es na de na». (La tesis de Pablo Iglesias: Un refrito lleno de autoplagio y errores de ortografía)

Errejón, en los «Agradecimientos» de su tesis, se viste de luces y exhibe tanta memoria y empatía que son la envidia del «portal». Se «saltan las lágrimas» al leer las ocho páginas de agradecimientos; aunque yo me quedaría con el último párrafo, él sabe a cuál me refiero. Iñigo, aspira a que sus seres queridos lean la tesis doctoral, pero…, ¡cataplum!, «cagada»; brota un «sobretodo» en la antiplanicie aymara boliviana que abofeteará la ortografía de sus lectores (página 4, renglón 15). (Feliz Día del Libro: Rivera le suelta a Pedro Sánchez su ‘fake-tesis’ para ver si se la lee y el socialista le entrega el libro de Dragó sobre Abascal)

Encontramos al «Índice» de la mano de una «Introducción» de sesenta y cinco (65) páginas; que no es moco de pavo. Y, para nuestra desgracia, existen trece (13) epígrafes, ¡trece!, mal asignados en las tripas de la tesis y…, ¡oh sorpresa!, ¡un capítulo fantasma!; pasamos del capítulo doce al catorce. ¡Alto los nervios!, seguro que existe una explicación «política» o es un problema de superstición.

Si el «Índice» es para locos…, ¿qué leeremos en el interior? La intriga borbotea. ¿Iñigo se preocupó por el contenido del índice? ¿Él lo confeccionó? Lo dudo, seguro que a su ayudante boliviano se le fue la pinza con el «mal de altura». La indolencia tiene un límite, la ética universitaria de Iñigo le impediría tanta desidia. Las dudas incitan a seguir leyendo…, o a tirar la tesis a la basura. Yo, leí.

CONCLUSIONES SOBRE EL «FONDO» DE LA TESIS

1. Errejón debería pagarle un «pastizal» a los herederos de Laclau, de Gramsci y de otros tantos autores por el manoseo que hace de sus libros y publicaciones. Eso sí, las referencias afloran en la tesis en perfecta parada militar, una detrás de otra y sin saltarse ningún ordinal.

2. Iñigo, a lo largo de su tesis, nos machaca con las «bondades» de Evo Morales y el MAS; ¡alabado sea el presidente boliviano! Además, nos describe con unas simples «pinceladas» que él es un joven con suerte, o una lumbrera, al haber disfrutado de una beca en Estados Unidos, otra en Italia… vacacionó con dos estancias en Bolivia…, la «black» malagueña fue años más tarde que la lectura de su tesis, en fin, que debería ponerle una vela tras otra al patrón italiano Santo Tomás de Aquino.

3. La tesis doctoral «da el pego», pero, si escarbamos, la excelencia no aparece; bien podría pasar por un «anuario inacabado» y… ¡ni siquiera pasó el corrector ortográfico! ¿Sabrá pasarlo? Maquetar un documento, ¿qué es eso? «Chorrocientas» faltas, ¡es un no acabar! («sobretodo» se inmortaliza).

4. El AUTOPLAGIO «canta» porque no se trata de una «Tesis por compendio de artículos». Lo suyo es un burdo autoplagio que intenta enmascarar con «variadas composiciones literarias». El soporte documental para afirmar que Errejón autoplagió su tesis doctoral se relaciona al final.

Del Capítulo 5 del libro (designado por «EP») «¡Ahora es cuando carajo! De el asalto a la transformación del Estado en Bolivia» (la falta De el, no es mía), concluyo diciendo que Errejón juega peligrosamente con un «copieteo omnidireccional» que puede estallarle en la cara. El «sudoku» sobre el autoplagio de este capítulo en la tesis parece irresoluble, y tan solo es apto para mayores de edad que sepan leer bien. Analizado con cierto detalle caben dos hipótesis que solamente Iñigo podrá desenmarañar: ¿tesis-libro o libro-tesis? ¿Qué fue antes, el libro o la tesis; la tesis o el libro?, ¿el huevo o la gallina? Puede que él ya no se acuerde de sus fechorías. En cualquier caso, como dijo Iglesias de un «no-doctor presidencial», «Cutre», muy muy cutre.

El número de «notas a pie de página» y/o «párrafos» detectados como plagiados o autoplagiados, como aparece en el cuadro, asciende a doscientos noventa y uno (291).

El politólogo, señor Errejón, que así se define él mismo, en su día publicó artículos que autoplagió de otros y, más tarde, ambos los reutilizó para autoplagiar su tesis. Ejemplos de autoplagio «literal» entre artículos lo encontramos en el «A2», autoplagiado del «A1»; el «A5», autoplagiado del «A3», el «A6», autoplagiado del «A7» y, del «A6 y A7» se saca un popurrí que da lugar a buena parte del Capítulo 5. No miraré atrás en el tiempo, puede que me convierta en estatua de sal si averiguo que copió de los «clásicos».

5. El «tontoplagio» es una «figura» detectada en la tesis que sonrojará al más pintado; el autor tiene una cara de espanto o una tontura sin calificativos. La figura consiste en repetir los mismos párrafos en distintos lugares de la tesis, para no sé qué. La tesis de Iñigo transmitirá inquietud, dedicación, trabajo, entusiasmo…, en fin, lo que queramos, pero, ¡repetir párrafos es una tomadura de pelo! Veamos unos ejemplos:

La trastada del tontoplagio comienza en la página 26 con el párrafo que principia con: «Se revisan entonces las investigaciones más…», y así hasta doce (12) renglones que se calcan en la página 31. Ahí, en la página 31, el párrafo empieza con: «En este apartado se revisan las investigaciones más…». Como veis, existen tres palabras al inicio de cada párrafo que son diferentes: «Se revisa entonces» por «En este apartado». Lo anterior podríamos reconstruirlo unas ciento sesenta y dos (162) veces que, si dividimos por dos, por estar «fusilados» los párrafos, existen, al menos, ochenta y uno (81) repetidos con más o menos renglones; más bien más que menos. Una fechoría infantil si la tesis la redactó él, ¡un descuido! Pero, si pagó por el trabajo es una estafa.

6. Por último, las «Conclusiones de la Tesis». Imaginaba unas conclusiones que diesen respuesta a la «Hipótesis», con párrafos breves y estructurados, y un contenido coherente que remachara sus estudios sobre la «hegemonía» y la «supremacía» del MAS, y, aunque no fue así, y a pesar de los plagios, autoplagios y «tontoplagios» detectados, la naturalidad en sus enfoques, que se repiten sin cesar, son de agradecer. Sin embargo, para colmo, las conclusiones están plasmadas en el capítulo 13, sí, ese capítulo fantasma que no existe en el índice. Veamos el autoplagio de este epígrafe:

Muchas líneas se habrán escapado del análisis; sin embargo, con lo expuesto, no cabe la más mínima duda del «cajón» en que deberíamos amontonar a Iñigo Errejón. Es el mismo recipiente que, entre algodones, atesora al señor Iglesias y al «Señor Presidente del Gobierno» Pedro Sánchez. Puede que a Iñigo lo «arropemos con delicadeza» en una esquinita; quizás, la que rotulemos con «indolente con su trabajo». Eso sí, los tres representantes del Estado son verdaderos expertos del «copieteo».

Por cierto, en la tesis de Errejón se nos dice cómo se llamaba el partido opositor al MAS en Bolivia, y no os lo vais a creer: «Poder Democrático y Social-PODEMOS» (¿plagio?).

La documentación utilizada para comprobar el autoplagio ha sido:

 

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