Quien en pesebre allí curra,
Y lleva albarda y ramal
Siempre que va al bancal,
Si piensas que es cazurra,
De seso es que andas mal;
Si a su curro suministra
Trato más substancial
El Sánchez, ¡elemental!,
Se trata de una Ministra
Ya con otro pedestal;
Son las cosas del querer,
De su aurora a su ocaso,
Para que no haya un paso,
Y no pierda su buen ver,
Mantenerla es un atraso;
Mucho tiene que temer
Quien se va a dormir al raso;
Quien, no obstante, el sorpraso,
Ha dado con gran placer,
de la Montero es el caso;
Ésta ha gozado oír
Echar las campanas al vuelo;
Otras, será en el suelo
Donde tendrán que dormir,
Sin tomarnos más el pelo;
Muy lejos no hemos de ir
Para hallar gozo o duelo,
O al revés, infierno o cielo,
Esquela o suvenir,
Y, en fin, verdad o camelo;
De un Ministerio el honor
Haber tenido tan poco
Tiempo, sin llegar el moco
A caérsele, por mor
De la azotea al zoco
Haber caído tan pronto,
Solo es motivo para
Comprender y dar la cara,
Confesando, tonta o tonto,
Que más bien nos fue una tara;
Para que de su glamur
Quede al menos algún rastro,
A unas y otros doy catastro
Sin el oficio de augur,
Pues se les apagó el astro,
Sin ni siquiera dar luz
El tiempo que de su cargo
Han disfrutado … Una cruz
Hecha ¡coño! por encargo
De quien, sino tiempo largo,
Seguirá, pero amargo:
¡Hágase el lector cargo!
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