Además de mentiroso,
y otras lindezas de mayor calado,
tal como el clamoroso
y permanente acoso
de la Oposición, se siente elevado
a los altares, por haber transformado
su Gobierno en un lugar de reposo.
La prueba es evidente,
ya que todos sus miembros y miembras, tanto
le aman, que, si le hinca el diente
hasta dejarlo de cuerpo presente
la Oposición, el ¡santo!, ¡santo!,
le cantan, con cuanto de sí da su mente,
para a su holganza no darle quebranto.
Un Gobierno pues que hace
a pelo y a pluma, -entiéndase que hablo
del que lo mismo pace
en un templo que un desguace-,
que le enciende una vela a Dios y otra al diablo,
sepa que hasta su ¡Requiescat in pace!,
nos está atufando con su hedor a establo …
Lo que, dicho alto y claro en castellano,
es el darnos, decir por donde, … ¡no es sano!.
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