Con el Ministro de la Presidencia
No quiero tener personalmente
Trato alguno; es poco inteligente:
Si por algo brilla es por la ausencia
Casi absoluta de inteligencia;
A mi, toda esta rémora de gente:
El corazón helado y el seso caliente
Me deja tan sólo con su presencia;
Si un Ministro no sabe hincarle el diente
A quien le acusa de negligencia,
Por no saber cómo a su oponente
Partirle la boca en cuarto creciente,
Entre quienes soportan su presencia,
Mejor calle … ¡pues ni siquiera miente!.
Y acabo ya con estos estrambotes:
Si le lanzan una pelota, es un frontón
Que la devuelve sin fuerza, dando botes;
Como rebatir no sabe, se hace el remolón
Y la devuelve creído que son azotes
Que con ímpetu propina al preguntón;
Señor Bolaños: si entre los zotes,
Es donde usted se siente comodón,
Pues en otra parte no le crecen brotes
Para dar siquiera una contestación,
Como no sea darle una otra dirección
A la misma pregunta, entre los barrotes
del silencio métase, que para nuevos lotes
mejores … ¡puede que le llegue la ocasión!.
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