La Montero, la de Hacienda, que parece,
O puede que tenga monos en la cara,
Que, con tanto dar saltos, pone más cara
La vida, si acaso honra merece,
Es que con sus cuentas la pobreza crece,
Por más que con sus muecas la enmascara;
Verla hablar hasta por los codos es para
Mear y no echar gota, aunque le rece
Uno a santa Rita o a santa Clara;
Tanto con ella la riqueza decrece,
Que tanto estamos en martes y trece,
Como sin mesa, plato, ni cuchara …
Lo que está claro pues, es que nos escuece
Que en vez de ministra, … ¡sea una tara!.
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