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Tras la perversa molicie de Zapatero y sus peones en el Tribunal Constitucional

Los proetarras de Bildu cosechan los ‘frutos’ de 50 años de asesinatos de ETA

Martín Garitano, diputado general de Guipúzcoa, arropado por batasunos y pin con el número de presidiario de Otegi

Redacción 24 Jun 2011 - 08:07 CET
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Pese a que el Tribunal Constitucional consideró que las pruebas que ponían a ETA en directa relación con Bildu eran «conductas ajenas» a esta coalición abertzale, los hechos demuestran el error del alto tribunal y la implicación de esta formación en la estrategia política de la organización terrorista.

Para que quedara claro con quién está Bildu, Martín Garitano portaba una chapa con el número de preso asignado a Arnaldo Otegui, candidato probable de la izquierda proetarra a la presidencia del Gobierno Vasco.

Quien piense que esto no será posible no tiene más que fijarse en el Ayuntamiento de San Sebastián y en la Diputación Foral de Guipúzcoa.

Y a mayor abundamiento, contumaces proetarras como Rufino Etxeberria y Joseba Permach apoyaron al nuevo diputado general en su exitosa jornada.

El retroceso en la deslegitimación de ETA es incalculable. Cada cual deberá asumir sus responsabilidades ante el acceso de la izquierda proetarra a la mayor cuota de poder político nunca antes obtenida.

Garitano y demás dirigentes de Bildu lo saben y se dedican a expandir desde las instituciones democráticas el discurso de la independencia, la «solución del conflicto», el rechazo a «todas» las violencias, la confusión de «víctimas», sin concretar su verdugo, y la cuestión de los presos.

No hay ahora más pruebas contra Bildu que antes de que el TC decidiera su legalización. Solo se han hecho más visibles. Y si, entre tanto, el Parlamento vasco, con el voto socialista, y sin esperar a que Bildu condene a ETA y solo a ETA, aprueba bienintencionadas mociones contra la tortura, que, en el fondo, hacen coro a las críticas a la detención incomunicada, Bildu seguirá contando con el inapreciable apoyo de la torpeza de algunos demócratas.

EL DIA DE LA VERGÜENZA

El 23 de junio de 2011 pasará a la Historia de España como un día de vergüenza. Se han dado los primeros pasos de un proceso tutelado por la propia banda terrorista, instalada tácticamente en un «alto el fuego» que pesa sobre la democracia como una espada de Damocles.

Como explica el diario El Mundo en su editorial y subrayan ABC, La Razón y casi todos los grandes periódicos españoles, el buen resultado electoral y algunas miserias en la política vasca han despejado tanto el camino a Bildu que sus miembros ni siquiera guardan las formas.

La visualización de Bildu como continuadora de ETA-Batasuna no puede ser más transparente y dolorosa.

A ningún ciudadano de bien le habrá sorprendido. Pero multiplica la infamia que supuso la sentencia del Tribunal Constitucional que, desdeñando el fallo del Supremo y las pruebas de las Fuerzas de Seguridad, permitió a los proetarras colarse en las instituciones con el falaz argumento de que nada hacía pensar en la «intrumentalización de la coalición Bildu al servicio de ETA».

De momento, quien ha hablado es Garitano. Lo más deleznable de su discurso es la equiparación de las víctimas con sus verdugos, al afirmar que habrá que hacer «frente al sufrimiento de todos».

Asimismo, insta al Gobierno Zapatero y a ETA a negociar para acabar con «el conflicto vasco» y pidió una solución en la que «cada una de las partes gane».

Un objetivo abominable por cuanto supondría -en el mejor de los casos- que la partida acabara en tablas y que los abertzales rentabilizaran políticamente el asesinato de casi 1.000 inocentes.

Pero, además, un objetivo intrínsecamente malvado. Porque cuando Garitano habla de ganancia para ambas partes, es obvio que está pensando en la impunidad de los asesinos.

Pero, ¿qué beneficio reserva a los demócratas? No se nos ocurre ninguno que no sea el de que la banda permita seguir vivos a quienes se opongan a sus planes.

En este sentido, el flamante diputado anunció también que promoverá cambios legales hacia la «independencia de Euskal Herria».

Eso no está en sus manos pero igual de inquietante es lo que pretende hacer en aquellos asuntos en los que las Juntas de Guipúzcoa sí tienen capacidad normativa.

Así, Garitano ya ha dejado claro que se opondrá a la llegada del TAV, que torpedeará el proceso de fusión de las cajas vascas que ya está casi cerrado, y que revisará -eufemismo de paralización- todos los grandes proyectos de infraestructuras aprobados.

Ante escenario tan peligroso, indigna que PSE y PNV hayan sido incapaces de superar sus rencillas y anteponer el interés general.

Porque hubiera bastado su acuerdo -máxime tras el generoso cheque en blanco del PP- para impedir que Bildu se hiciera con San Sebastián y con el bastón de mando de Guipúzcoa, que le permitirá gestionar un presupuesto de más de 800 millones de euros y recaudar todos los impuestos.

PARQUE TEMÁTICO EATRRA

Como reseña Ignacio Camacho en ABC, ni en el más delirante de sus sueños podían los terroristas vascos imaginar que les iba a resultar tan fácil la conquista del poder político.

Sin dejar las armas, sin arrepentirse y sin que medie siquiera una condena explícita de los crímenes producidos en medio siglo de coacción sangrienta.

El triunfo de Bildu valida y da sentido a esa cruel experiencia de administración del dolor ajeno. Guipúzcoa se ha convertido en un parque temático del independentismo radical, un territorio extraestatal en el que los continuadores de ETA podrán ensayar toda clase de desafíos institucionales.

Desde subir los impuestos que les apetezcan a retirar las banderas que no les gusten; desde negociar el cupo fiscal a prohibir el paso en los ayuntamientos a los escoltas que testimonian la persistencia de la amenaza.

Como garantes tutelares de esa hegemonía inesperada, los etarras tienen hoy derecho a pensar que la violencia merecía la pena.

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