Este sábado 14 junio 2014 Enric González titula Pompa su sección 43 Grados en el diario El Mundo.
En otro tiempo, cuando aún tenía que ganarse el puesto, Juan Carlos I solía decir que él era «un rey republicano». Era broma, pero solo hasta cierto punto. El pacto constitucional de 1978 otorgó a la jefatura del Estado una función entonces relevante, el mando supremo sobre las Fuerzas Armadas, porque se pensó que un Ejército franquista como el de la época se lo pensaría dos veces antes de desobedecer a alguien coronado por Franco. Por lo demás, al rey se le atribuyeron como misiones que respetara cualquier resultado electoral, que no enredara en política y, por decirlo de alguna forma, que causara las menores molestias posibles.
Continúa:
A muchos republicanos eso nos pareció no deseable pero aceptable. Y más o menos funcionó.
Y concluye:
No veo por qué razón, en un país que sigue sin ser apasionadamente monárquico, necesitemos ahora grandes fastos de coronación. Ni me parece sensato que se descargue sobre el nuevo rey la responsabilidad de regenerar el sistema político o de patrocinar grandes reformas. Eso es cosa de votantes y parlamentarios.
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