Este sábado 27 septiembre 2014 Enric González titula Capri su sección 43 grados en El Mundo.
No sé si recordarán ustedes a Joan Capri. Quizá no llegaron a saber de él. Murió hace ya 14 años y había dejado de trabajar mucho antes. Capri fue un hombre depresivo que se ganaba la vida como humorista; creo que Barcelona se encarnó en él y por eso era capaz de lograr que el público barcelonés se tronchara con sus lamentos surrealistas, su irritación, su mezquindad, sus arrebatos de hastío vital. Fue un genio. Sus monólogos no han sido superados.
Añade:
El crítico Marcos Ordóñez dijo que Joan Capri era Jordi Pujol después de consumir ácido lisérgico. La definición es exacta. Pudieron comprobarlo ayer quienes soportaron la comparecencia del ex honorable presidente de la Generalitat ante una comisión del Parlamento catalán. Quienes asistieron al espectáculo no vieron a Capri, pero sí a Pujol simulando (quiero pensar que simulaba) un colocón de LSD. Pujol fue Capri. Hacía falta ser Capri para ridiculizar de esa forma, tan cruel y brillante, la política catalana. Y había que ser Pujol para que una escena tan hilarante provocara tanta tristeza.
Y concluye:
No solo fue el último discurso de Pujol en sede parlamentaria. Fue el discurso por el que debe ser recordado. Quien quiera saber quién fue Jordi Pujol deberá repasar ese monólogo absurdo, arrogante, aerofágico, miserable, diabólicamente inteligente.
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