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LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Pablo Iglesias, diez años después: de escrachear a Rosa Díez a ser escracheado

Luis Ventoso: "Nuestros chicos quieren ser a la vez activistas y ministros. Antisistemas y casta. Comunistas y alto burgueses. Y claro, la hipocresía canta"

Juan Velarde 05 Mar 2020 - 07:03 CET
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Sus propias contradicciones le han descabalgado. Pablo Iglesias tuvo que vivir la tarde del 4 de marzo de 2020 como ‘sus propios estudiantes’ le recordaban como ha dejado tirado a los suyos para pisar moqueta.

En una charla en la facultad de Políticas de la Universidad Complutense, en Madrid, el vicepresidente segundo del Gobierno de España pensaba que iba a recibir una cálida acogida, pero lo cierto es que fue todo lo contrario.

Álvaro Martínez refleja en las páginas de ABC este 5 de marzo de 2020 como Pablo Iglesias tuvo que tragarse en la facultad de Políticas de la Universidad Complutense de Madrid unas buenas dosis de su propia medicina:

Tal y como él se lo administraba a todo político que osaba acercarse a la universidad cuando no era más que Pablo Iglesias Turrión –profesor interino, soltero y con domicilio en un pisito heredado de su tía-abuela en Vallecas–, el hoy vicepresidente segundo del Gobierno –con residencia en un chalé de Galapagar de 800.000 euros y escolta oficial en la puerta– hubo de tomarse un amargo chupito de aquel «jarabe democrático» que en aquellos años él recetaba a la «casta». Al grito de «fuera vendeobreros de la universidad», Iglesias parecía del todo desconcertado.

Añade el columnista del diario de Vocento que el hoy vicepresidente segundo del Gobierno se pensaba que iba a librarse del escrache que él acostumbraba a realizar a otros políticos:

Se creía Iglesias que le iban a indultar ayer aquellos que hoy son él hace unos años. Pero no, tocó jarabe pese a que se cuidó de mandar a los fotógrafos adentro para que no inmortalizaran su regreso a la universidad con coche oficial y escolta. Y eso que se hizo acompañar por Álvaro García Linera, el chavista encargado de montarle el régimen a Morales, que Evo estaba más para las fotos con los Castro que para esos trajines. Otra vez, un miembro del Gobierno lavando la imagen de un tipo que acaba de intentar dar un golpe en su país a través de un pucherazo electoral. Su fascinación por los golpistas no conoce fronteras. Ayer en la Complutense solo faltaron Ábalos y Koldo (por si la cosa se ponía más fea) resolviendo brillantemente otro incidente diplomático, el mismo día en que Iglesias cayó en la cuenta de que ya es «casta».

Luis Ventoso señala que a Iglesias le han descabalgado sus propias contradicciones:

Pablo Manuel, con una vicepresidencia florero y demasiado tiempo libre, salió ayer a entretener la tarde impartiendo una conferencia en la Facultad de Políticas de la Complutense sobre «reaccionarismo y fascismo». A priori jugaba en casa. Allí sembró el embrión de Podemos. Era el mismo auditorio donde en 2010 había capitaneado un lamentable boicot a Rosa Díez (por entonces los acosos le parecían «jarabe de democracia»). Un grupo de energúmenos, tan condenables como lo fue él hace diez años, lo interrumpieron gritándole «vendeobreros» y acusándolo de «chupar del bote». Querido Líder se mantuvo frío y hierático. Pero la mirada ardía de ira. Nuestros chicos quieren ser a la vez activistas y ministros. Antisistemas y casta. Comunistas y alto burgueses. Y claro, la hipocresía canta.

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