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El gobierno de nuestro ´Gran Hermano´ y ´Amado líder´, Pedro Sánchez, ha conseguido -una vez más- que España supere cotas históricas bajo su providencial y clarividente mando. Hemos conseguido anonadar todos los records históricos desde que existe un registro de suicidios en España, y eso que Zapatero dejó alto el listón.
En 2020, un total de 3.941 personas (2.930 hombres y 1.011 mujeres) pusieron fin a sus vidas, notándose además un triste incremento en adolescentes. De 2021, de momento ni se atreven a dar cifras.
Sobre que haya habido casi el triple de hombres muertos por suicidio que mujeres, supongo que será por aquello de la perspectiva de género, y como al final solo se trata de suicidios de hombres, dudo que el Ministerio de Igualdad se gaste un euro de los millones que dispone, en hacer un plan tendente reducir el número de hombres infelices que se suicidan al año en España, e ´igualar´ un poco las cifras entre géneros.
3.941 muertos por suicidio, frente a 1004 por accidentes de tráfico en 2021. Frente a esta dramática realidad vemos cómo el Gobierno de España gasta millones en campañas publicitarias tendentes a concienciar a conductores y peatones, y con ello reducir la mortalidad consecuencia del tráfico rodado. Me parece bien.
Lo que ya no me parece bien y además me chirría es por qué no se ha hecho ni una sola campaña institucional de prevención y erradicación del suicidio, siendo como es la principal causa de muerte no natural en España. ¿Será porque afecta principalmente a los hombres?
El gobierno bien podría responder que con ello se trata de evitar el efecto ´contagio´. ¡Vale! Doy por buena la respuesta. No se informa ni se hacen campañas institucionales para erradicar el suicidio, para evitar que estos aumenten por ´contagio´. No hay que dar ideas al diablo.
Claro que si esto es así y de lo que se trata es de evitar el ´efecto contagio´, ¿por qué no se aplica este mismo tratamiento de silencio y tabú informativo, en los casos de las víctimas por violencia de género?
Por otro lado, el índice de suicidios en un país, bien podría ser el baremo más fidedigno a la hora de comprobar el grado de felicidad o infelicidad ciudadana. ¿No? Porque personalmente no conozco ningún caso en el que una persona feliz se suicide.
Tal vez la respuesta a este enigma esté en que el suicidio por infelicidad (no hay otro) sí que es un tema tabú para el Estado, por la importante parte de responsabilidad que le toca, amén de por el posible ´efecto contagio´, no del suicidio, sino del cabreo del pueblo contra el propio Faraón y su corte de palmeros y aventadores.
Tengo claro que, a quienes dirigen el Estado, no les conviene que se difundan las cifras reales de suicidios; lo que ya no me creo es que estos datos se silencien por el bien de la ciudadanía, y no porque les conviene ellos.
Pero tranquilos que para el 2030, se nos promete que no tendremos nada propio, comeremos gusanos, y seremos muy felices. Y si esto lo promueve y garantiza el propio Pedro Sánchez, que nunca nos ha mentido ni engañado, por qué habría que dudar que así sea. Personalmente creo que ésta ha sido la única verdad que ha dicho Pinocho desde que llegó a la vida pública.
Él siempre cumple, aunque tan solo sea en parte. Se nos prometió ´el oro y el moro´; y en parte ha cumplido: tenemos al ´moro´. Por qué entonces no creer que en 2030 tendremos parte de lo prometido: ´No tendremos nada propio y comeremos gusanos´. Dos cosas de las tres prometidas. Dos de tres, no está mal. Además, ´eso de la felicidad´ siempre ha estado sobrevalorado.
La duda es si a partir de ahora, los suicidios de aquellos que se acojan a la nueva ley sanchista de la Eutanasia, se van a contabilizar como ´suicidios´ o –simplemente- como bajas en el sistema público de pensiones.
Si Dios en la primera plaga despachada a los egipcios, les hubiera enviado a Sánchez, se hubiera ahorrado las seis siguientes.
Los egipcios no solo hubieran permitido la salida de los israelitas, sino que además les hubieran puesto gratuitamente un servicio de limusinas.
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