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Viruela del simio: ¿Riesgo de pandemia o arma biológica? ¡Va a ser que no!

¿Una nueva amenaza o un viejo conocido?

Javier Pereira Beceiro 25 May 2022 - 08:55 CET
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Parece que no salimos de una y ya nos metemos, o nos quieren meter, en otra. Todavía magullados del sufrimiento y la pérdida de libertades que nos produjo el covid, aparece en nuestro horizonte una nueva amenaza cuyo nombre de por sí es inquietante, la viruela del simio. Pero, qué hay en verdad de riesgo para la salud pública y qué probabilidad existe de haber sido utilizado como arma biológica. Desvelémoslo.

El virus del simio es un pariente del virus de la viruela humana, que produce la viruela. Fue descubierto en 1958 cuando aparecieron brotes en colonias de monos utilizados en experimentación, de ahí su nombre. Hasta 1970 no se comunicaron casos de esta enfermedad en humanos, y fue en la República Democrática del Congo, antigua Zaire, en donde actualmente se considera una enfermad endémica. Es, por tanto, una zoonosis, en donde el virus que reside en animales, posiblemente roedores como las ardillas o ratas, que transmiten la enfermedad al hombre y también a otros animales. Pero a diferencia de su temido pariente, el virus del simio produce una enfermedad más autolimitada, mucho menos grave, con un poder de contagiosidad entre humanos muy limitada, que exige contagios estrechos con fluidos, sangre, gotas gruesas de saliva o con los líquidos de las lesiones cutáneas. Y con una letalidad más en relación con las deficiencias sanitarias del país en donde aparece un caso que con el propio virus en sí.

Por todo ello, el riesgo de pandemia es escaso o nulo, ya que con el aislamiento de pacientes y la cuarentena de contactos sospechosos y de mascotas se controla el brote. De hecho, se llevan reportados brotes o casos aislados desde el 2003 en países como Estados Unidos, Israel, Singapur y Reino Unido. Por desgracia, en muchos países de África central y occidental, con sistemas sanitarios deficitarios, los casos son frecuentes, llegando a ser considerada por la OMS como endémica en la República Democrática del Congo.

Hemos leído también en estos días su probable papel como arma biológica en el bioterrorismo, y los estudios de laboratorio realizados en los 80 y 90 por los soviéticos. El agente biológico ideal para ser utilizado en el bioterrorismo sería aquel con una alta mortalidad o con secuelas importantes, escasa cantidad del agente para contagiar y fácil poder de transmisión entre las personas, fácil acceso al mismo por parte de los terroristas y la no existencia de cura o vacuna del mismo. Si bien cualquier agente podría ser utilizado con este propósito, el virus de la viruela del simio no cumple ninguno de los requisitos ideales para ser empleado con tal fin, ya que la vacuna de la viruela humana es efectiva para su prevención en más del 85% de los casos, incluso en personas que fueron vacunadas hace 25 años.

Entonces, qué lectura debiéramos de hacer de estos brotes acaecidos en estos días. En primer lugar, refrendar el papel fundamental que realizan los diferentes Servicios de Vigilancia Epidemiológica, tanto a nivel de la Unión Europea como de los diferentes países, y que las recomendaciones que emiten no debemos tomarlas a la ligera, como así nos sucedió a nosotros en la primera ola de la pandemia del coronavirus. En segundo lugar, muchos son los intereses ocultos y, en muchas ocasiones, espurios de muchas empresas e incluso gobiernos a la hora de crear alarma social. Las bolsas suben y bajan, incluso se lavan la cara de lo bien que lo han hecho para hacernos olvidar cómo respondieron en el pasado ante otras amenazas. Por último,  reflexionemos acerca de lo que para nosotros pudiera ser una amenaza, es la realidad cotidiana para muchas personas en el mundo. En un mundo globalizado, las enfermedades antes o después también se pueden globalizar. Estamos pecando los países desarrollados de falta de solidaridad o falta de humanización. Sólo nos preocupa cuando nos roza. Y obviamos que en el siglo XXI los movimientos demográficos son continuos y globales. Invertir en la salud de nuestros vecinos en origen es también invertir en nuestra salud.

 

*Dr. Javier Pereira Beceiro

Médico de urgencias Hospitalarias

Médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria

Médico especialista en Urología

Postgrado en Publicación y Comunicación Científica por la Universitat de Barcelona

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