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El ´bello Narciso´

La normalización de lo anormal; de lo amoral

´Botox en vena´, y el suficiente maquillaje como para dejar los cráteres de La Palma, como el culito de un bebé

Antonio Gil-Terrón Puchades 20 Nov 2022 - 07:16 CET
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Recuerdo que hace unos años, un amigo me invitó a visitar su casa, la cual estaba decorada con un gusto exquisito. La delicada estética del conjunto tan solo era rota por una fea y antigua mancha en la pared. Al verla, no pude evitar hacer un comentario al respecto a mi amigo, el cual tras observarla durante unos segundos, me dio la razón.

Fue entonces cuando me explicó que hace unos años, a raíz de unas fuertes lluvias, apareció la mancha. Intentó eliminarla, pero el pintor al que llamó, le dijo que hasta que no se secara bien la pared, no se podía pintar.

Pasó el tiempo y mi amigo se acostumbró a ver el manchurrón, hasta que llegó un día en  que de tanto verlo, dejó de verlo. La mancha había pasado a formar parte de lo ´normal´.

Posiblemente seamos más objetivos y ecuánimes a la hora de valorar las virtudes y defectos de los demás, que los propios. Y es que cuando te acostumbras a ver las manchas de tu conciencia, llega un momento en que ya no las ves.

Tan solo cuando el observador es capaz de convertirse en observado, puede comenzar a conocer qué clase de persona es en realidad. A la postre se trata de observarse a uno mismo, de una manera fría y desapasionada, como si de un extraño se tratara.

Cuando nos miramos en el espejo de casa, vemos lo que queremos ver. Sin embargo si alguien nos graba en vídeo sin que nos demos cuenta, cuando vemos lo filmado, no contemplamos la imagen que tenemos de nosotros mismo, sino la imagen que de nosotros ven los demás. Nuestra imagen real.

Claro, salvo en el caso de aquellos que, amén de no tener conciencia ni vergüenza, las únicas imágenes que de ellos ven, y nos fuerzan a ver, son las que dan los medios de comunicación a sus órdenes, tanto públicos como ´untados´. Imágenes fruto del sudor de un ejército estilistas; amén de ´botox en vena´, y el suficiente maquillaje como para dejar los cráteres de La Palma, como el culito de un bebé.

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