Más información
Con el fallecimiento hoy de un amigo, ya son más los que se han ido, que los que me quedan por restar.
Nuestra amistad, sincera y fraternal, fue un extraño cóctel, en el que nunca he sabido si le aporté algún bien, lo que sí que tengo claro es que él no me aportó ningún mal; todo lo contrario. Fue un ´matrimonio´ bien avenido en el que nunca surgió el clásico y cutre reproche del ´quién puso más´. Simplemente éramos amigos de verdad.
Él era y es, porque lo noto ahora más vivo que nunca, una ´rara avis´; un personaje difícil de encajar. Y es que en esta vida he conocido a personas inteligentes, así como a otras que no siéndolo demasiado, eran listas; pero pocos personajes he conocido que fuesen inteligentes y terriblemente listos a la vez, como ese amigo mío que hoy ya no está.
Si bien en los últimos años prácticamente no hemos tenido contacto, al estar cada uno inmersos en nuestros particulares ´getsemanís´, lo cierto es que hubo una época no muy lejana en la que, puro en boca y ´gin tonic´ en mano, me decía con sonrisa ´mefistofélica´: ´Toni, eres mi mejor amigo; pero eso no tiene ningún mérito, ya que no tengo ninguno más´.
Al final eso es lo único que importa, por encima de lo que puedan escribir cuatro ´plumillas´ de la prensa local, perezosas ratas de hemeroteca, para intentar ensuciar con ´chismes de bar´, la grandeza de un ´ser´ muy especial.
Por cierto, en el museo del CERN en Ginebra, figura, en lugar destacado, una fotografía de mi amigo, junto al físico nuclear Cristoforo Benvenuti, y un servidor. Pero esa es otra historia, mucho más larga de contar; amén de que, por acreditada, a ningún famélico ´plumilla´ interesará.
Así que hoy, una vez más, le he preguntado al viento qué fue de todos los amigos que con el tiempo he perdido; mas el viento, por la ignorancia abatido, avergonzado ha callado.
Entonces he cerrado los ojos y he visto unos niños que corrían y reían, del dolor y la muerte liberados. Unos niños que me sonreían, al amor del Padre abrazados.
Eran las almas de aquellos que una vez pasaron por mi vida, dejando en mi corazón su nombre grabado.
Y me he quedado parado sin entender nada; porque eso que mis ojos veían, no era lo que los curas escolapios, a base de capones, en el cerebro me habían incrustado.
Y confundido, he preguntado a aquellos niños, dónde quedó aquello del Infierno tan temido; y ellos sonriendo me han respondido: “¿Tú que vives en el Infierno, nos lo preguntas? En el Infierno todos una vez vivimos, hasta que por la muerte fuimos liberados.”
«Si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.» (Mateo, 18:3).
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home