Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Entre el Evangelio y la Agenda 2030

Los límites del perdón cristiano

La gran diferencia entre el Amor Divino y el amor humano…

Antonio Gil-Terrón Puchades 13 Abr 2023 - 06:31 CET
Archivado en:

Más información

El dolor como defensa de la vida

El tópico dice que los cristianos debemos perdonar siempre, sin embargo no es así. El Evangelio es ´bueno´ y predica la bondad, pero en ningún caso es ´buenista´.

Como cristiano, y no se puede ser católico sin ser cristiano, cuatrocientas noventa son las veces que tengo que perdonar las ofensas que proceden de una misma persona. Muchas ofensas, mucho perdón. Bueno, o eso es por lo menos lo que nos mandó Jesucristo que hiciésemos:

«En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete…»

O sea, 490. Muchas, pero con un límite.

Bien podría haber respondido Jesucristo que siempre hay que perdonar cada vez que el reincidente te pida perdón; pero no lo hizo. Pidió que fuésemos muy, muy, muy generosos a la hora de perdonar, pero estableció un límite.

Por lo que a mí respecta, tengo un defecto y es que, si he percibido sinceridad en la disculpa, jamás he dejado a nadie, por reincidente que fuera, dejarle terminar la palabra perdóname. Simplemente le he interrumpido con un ´ya está olvidado´, rubricando mis palabras con un abrazo. Porque si hay algo que es superior a mis fuerzas es ver a un ser humano -amigo o enemigo- humillándose. Lo siento; no puedo.

En el caso inverso, que es cuando el que pide perdón soy yo, la pregunta que hago al Cielo es: Señor, si tras ofender, o perjudicar a mi hermano, arrepentido le pido perdón con humildad y de corazón, pero éste no me perdona, sino que me escupe en la cara con odio, la bilis de su rencor, ¿cuántas veces más tengo que volver a pedirle perdón? ¿490?

No sé qué me responderá, ni cuándo, pero sé que su respuesta me llegará…; porque siempre me ha llegado. Cuándo me llegue terminaré este escrito.

_____________________________

Siete días habían pasado desde que escribí las líneas que anteceden, cuando la respuesta me vino como un flash:

– ¡NINGUNA!

Creo que a Jesucristo le gusta la humildad, pero no la humillación, ni los que humillan.

Jesucristo es el único amor, generoso y de entrega plena, que nunca me ha defraudado ni pasado factura de su generosidad sin límites; ni tan siquiera me ha sacado los colores, o ´reñido´, que bien podría. Prodigalidad en plena concordancia con el salmo (Sal 51, 19): “Un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias». Esa es la gran diferencia entre el Amor Divino y el amor humano… Entre el Evangelio y la Agenda 2030.

Más en Columnistas

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by