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Movimiento ciudadano

La guarrería gana adeptos

Esta ola de mierda, procedente también de Estados Unidos, es un signo distintivo del Siglo XX y XXI en todas las ciudades occidentales

Jorge del Corral 15 May 2023 - 05:53 CET
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Recientemente un buen amigo se ha sumado a un movimiento ciudadano impulsado por una fundación y una empresa de estudios de opinión pública, con la aquiescencia de una administración, para quitar pasquines del mobiliario urbano, aligerar ese tipo de suciedad que inunda nuestras calles y contraviene las ordenanzas, y conocer la reacción de la gente ante los nuevos limpiadores, vestidos de calle y con elegancia.

En los pasquines se ofrecen toda clase de trabajos y servicios, la mayoría en dinero negro, que van desde la pintura y reformas de pisos y locales comerciales hasta los de reparación de ordenadores, venta de objetos de anticuario, mudanzas, restauración, conciertos, quiromancia, prostitución y, en fin, las cosas más inimaginables. En todos ellos hay un teléfono para contratarles y, en consecuencia, no son anónimos.

Esta ola de mierda, procedente también de Estados Unidos, es un signo distintivo del Siglo XX y XXI en todas las ciudades occidentales. Varios consistorios luchan mejor que otros contra este tsunami persiguiendo implacablemente a los infractores, a los que les caen multas económicas de notable cuantía, y limpiando continuamente el espacio del común con gastos a cargo del contribuyente, que constata resignado y apenado cómo sus impuestos se destinan a algo tan improductivo como limpiar lo que otros ensucian. Algunos ayuntamientos pasan olímpicamente de este tipo de suciedad y de las pintadas que asolan muros, vallas, paredes, medianas,…

En la parte sociológica resulta curiosa la reacción de la gente: la gran mayoría ve a los limpiadores y calla; algunos, los menos, lo agradecen con palabras y gestos, y un tercer grupo, minoritario, se enfrenta al fematero, le increpa por “quitar unos papeles de gente que necesita ganarse la vida y no hace daño a nadie”.

Mi amigo dice que a los de este último colectivo si se les da alguna explicación de sentido común la rechazan, se encabritan, pronuncian palabras, hacen gestos obscenos y se alejan coléricos. Si, por el contrario, les contestan con sequedad y una palabrota, al estilo de “porque me sale de los coj…”, se callan y se van con el rabo entre las piernas. De momento, con una u otra respuesta, no se ha registrado ninguna agresión física y están siendo enriquecedoras para el estudio de opinión.

No me extrañaría que con el tiempo naciese alguna ONG dedicada a este noble menester de limpiar tu barrio con voluntarios de verdad, de los que trabajan por el prójimo, no cobran y lo hacen aunque la AEMET declare alerta roja o naranja por calor. Estaría muy bien y quizás se ganase la batalla contra la cochambre.

JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL

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