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Viajar en avión

AENA, tome nota

volví a dejarme previamente la dignidad en casa,

Jorge del Corral 19 Jun 2023 - 05:39 CET
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La última vez que tuve que viajar en avión volví a dejarme previamente la dignidad en casa, pero en un censurable arrebató de orgullo me negué a quitarme la chaqueta después de haber depositado en la bandeja pertinente hasta el último objeto que llevaba.

El encargado de seguridad me dijo que si no me la quitaba no podía pasar, que me orillase para no interrumpir el paso al resto del ganado y que llamaría a la Guardia Civil. Así lo hice y al cabo de muy poco tiempo llegó un miembro de ese cuerpo. Me informó amablemente de que eran las normas, que si no estaba de acuerdo con ellas hiciese un escrito y que, por favor, dejase la chaqueta en otra bandeja y pasase el arco detector para evitarnos ambos un engorroso incidente innecesario. Le contesté que por respeto al uniforme lo haría, me matizó que los encargados de seguridad también lo tenían, le aduje que el uniforme no era el mismo, me sonrió, le di la chaqueta, la puso en una bandeja, pasó por el escáner, me la recogió y me ayudó a ponérmela. Le di las gracias y cada uno se fue por su lado.

Al cabo de un rato constaté que había obtenido la tarjeta de embarque con una eficaz empleada de Iberia del aeropuerto a la que había enseñado en papel impreso mi reserva de billete, sacado y pagado previamente por una tercera persona, y a la que aduje que era anciano, de la era Gutemberg  y que no entendía las nuevas tecnologías, Muy amable trajinó ella la máquina automática y me dio el documento sin haberme solicitado el DNI. Al pasar el control de seguridad y no sé si por el incidente de la chaqueta, nadie me pidió identificarme. Al recordar todo esto busqué al guardia civil, le localice y le informé de mi extrañeza. Sonrió y me dijo: si al entrar al avión no le piden el DNI, otro día que venga al aeropuerto me lo confirma. En eso quedamos.

Esperé en la puerta de embarque, nos llamaron por grupos, enseñé mi tarjeta de embarque, me dejaron pasar, entré al avión y me senté en el asiento de clase turista que figuraba en el cartón, sin respaldo abatible y con las rodillas rozando la butaca delantera. Un confort inigualable.

Al llegar al país de destino, miembro también del Espacio Schengen y sin haber facturado equipaje, pasé por la puerta de “Nada a declarar” y salí a la zona común. Nadie, ni en España ni en el otro Estado miembro de la UE, me había pedido identificarme. Es lo habitual en el país de destino cuando ambos son miembros de la UE y de la zona Schengen, pero lo que no es normal es que en el país inicio del viaje no me identificasen. Me hicieron dejarme otra vez la dignidad, despojarme de chaqueta, cinturón y dentro de poco pantalones, pero si hubiera sido un delincuente con orden internacional de búsqueda y captura me hubiera paseado por dos países como Perico por su casa. Señores de AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea) y autoridades de IATA (Asociación de Transporte Aéreo Internacional), menos humillación a los pasajeros, menos agujeros de seguridad y más vigilancia hacia los terroristas y delincuentes fichados y condenados. ¿No les parece? Y el guardia civil que se dé por enterado con este escrito, aunque no sea el recurrente e inservible de reclamaciones.

JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL

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