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Volver a empezar…

Aquel lejano verano del 58

Como ayer; como siempre; otra vez, una vez más

Antonio Gil-Terrón Puchades 18 Ago 2023 - 06:20 CET
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Donde se esconden los demonios

Parvulario, colegio, escuela profesional, universidad. Desde que nacemos se nos prepara para el día de mañana, encauzando nuestra educación y esfuerzo, sin más fin que el de sobrevivir en una sociedad cada vez más competitiva y deshumanizada, donde el codazo y la zancadilla son los sempiternos compañeros de viaje.

Intelectualmente mis neuronas pueden ver razonable y proporcionada, la tensión a la que somos sometidos desde que nacemos, a cambio de ser una pieza del engranaje social. Sin embargo, mi alma se rebela cuando pone encima de la mesa todo ese esfuerzo, dolor, sacrificio y sufrimiento, que pasamos en esta vida, y se pregunta ¿a cambio de qué…? ¿De 80 veranos…? ¿De 80 Navidades…? ¿De 80 fiestas de cumpleaños…? y eso los que llegan a 80 y no se quedan antes por el camino, desmadejados en la cuneta como un juguete roto.

Es entonces cuando el alma se rebela ante la desproporción existente entre el esfuerzo y la corta y frágil vida humana. Y se rebela mientras la mente calla por no saber qué decir, en torpe complicidad con unas finitas neuronas que indolentes bostezan el ensueño de los necios.

Y es que el cerebro asume la cortedad de la vida, seguramente debido a que éste se nutre de sangre, un elemento tan finito como los escasos veranos de los que disponemos… ¿70…? ¿80…? ¿90…? ¿69? ¿Y de ellos cuántos nos quedan? ¿Diez? ¿Cinco? ¿Uno? ¿Ninguno? ¿Somos conscientes de la miseria de las cifras…; de la fría y cruel brevedad de la materia? Porque somos materia, pero a veces olvidamos que también somos ´ser´

Mi alma se rebela porque no es cuerpo…; no es mente…; no es materia; es ser. Porque mi alma  no funciona a base de unas neuronas que tarde o temprano terminaran devoradas por los gusanos. No. Mi alma no necesita de nada para seguir existiendo; ni tan siquiera necesita ser consciente de su propia inmortalidad. Porque el alma, nos sobrepasa, aunque no creamos en ella.

Deja que hable tu alma; escúchala y entenderás el sentido de la vida y su brevedad; entenderás que la muerte no es más que un pasar página, un eterno volver a empezar…; como ayer; como siempre; otra vez, una vez más.

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